Zidanes y Pavones


Después de mi salida del “armario” baloncestístico en el último número de esta revista propugnando que el deporte ha marcado mi carrera profesional y ante las múltiples muestras de escepticismo e incluso hilaridad por parte de mis compañeros del sector, me voy a permitir poner un ejemplo muy simple pero muy intuitivo de las similitudes que guarda el deporte con la industria de los fondos de inversión.

Existen muchas teorías sobre la construcción óptima de una cartera de fondos de inversión en base a criterios de diversificación, descorrelación, frontera eficiente... pero al fin y al cabo lo que hace un gestor de carteras de fondos no es muy diferente que lo que hace un entrenador de cualquier deporte colectivo para elaborar su alineación de cara a un partido. Para ilustrar este ejemplo me cambiaré de “acera” al deporte rey en España y os pediré que saquemos el Vicente del Bosque que todos llevamos dentro y reflexionemos en voz alta cómo configuraríamos nuestro once ideal.

Probablemente algo que todos tenemos claro es que poner a los máximos goleadores de las principales ligas europeas en el mismo once inicial no es ni mucho menos garantía de marcar muchos goles, del mismo modo que seleccionar para la misma cartera los fondos número uno del ranking por rentabilidad en 2009 no nos asegura que esa misma rentabilidad se repita en los próximos meses. La presencia de ese central tan tosco que para sacar de banda tiene que agacharse a por el balón porque no la sabe levantar con el pie puede indignar a la afición, pero luego es quien no permite que nadie le supere dentro del área si no es matándole antes. Pues del mismo modo se necesitan fondos en cartera que nadie se explica qué hacen en cartera durante muchos meses, pero cuando más los necesitas son los que te hacen de contrapeso cuando el resto del equipo se hunde.

En un equipo hacen falta diestros y zurdos, jugadores bajitos y hábiles y otro rápidos y fuertes, en la diversidad y complementariedad está la riqueza del conjunto de la misma manera que en una cartera de fondos necesitas que las fuentes de rentabilidad sean variadas, estables y descorrelacionadas. Otro tema importante es tanto la estrategia o filosofía estable de juego del equipo como la táctica específica que hay que emplear en cada partido según el rival y resultado. En una cartera de fondos la estrategia a largo plazo debe estar basada en el perfil de riesgo del inversor que vendrá condicionado por elementos propios de su realidad económica (situación de ahorro o desahorro, horizonte temporal de sus diferentes objetivos financieros, cuantía de estos objetivos respecto de su patrimonio...) así como de su actitud psicológica ante riesgo o tolerancia a asumir oscilaciones en las valoraciones a corto plazo frente a la aspiración de obtener mayores tasas de rentabilidad a largo plazo.

Luego la táctica para todos los partidos puede variar y en función de la coyuntura y evolución de los mercados habrá que pegar pequeños golpes de timón en la cartera para, sin perder de vista los objetivos marcados, encontrar el mejor camino para conseguirlos. Hay partidos para jugar vistoso y adornarse y otros que hay que asegurar el resultado y ganar aunque sea de penalty injusto. Para finalizar, los componentes concretos de la cartera dependerán del criterio del gestor y dentro del amplio universo de selección habrá opiniones para todos los gustos y lo que es seguro es que siempre encontrará alguna voz que pida ¡¡¡Raúl selección!!! PD: Aunque le haya dado un toque “merengón” al post, por mis venas corre sangre “colchonera”, que eso sí que imprime carácter.

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