¿Y si la economía de China se cayera?


La quiebra del vehículo de inversión Credit Equals Gold ha sido la última señal de alarma de “credit crunch” procedente de China, tras los dos repuntes del shibor vistos el año pasado y que el Banco Popular de China decidió ignorar. “El miedo era y sigue siendo que las autoridades chinas hayan dejado salir al genio del apalancamiento fuera de la botella tras endurecerse las condiciones de liquidez en el mercado interbancario dos veces el año pasado, y una quiebra podría encender una reacción en cadena, como la de los bancos en el siglo XIX” constatan en un informe de AXA Investment Managers los expertos Eric Chaney, Manolis Davradakis y Aidan Yao, del departamento de análisis y estrategia de inversión. 

La opinión de los expertos es que “las autoridades chinas pueden no estar en una posición de control de riesgos asociados a cada uno de los fondos de inversión, pero tienen amplia libertad para prevenir un colapso sistémico de los mercados de deuda, por muy opacos que sean”. El compromiso al que han llegado las autoridades chinas es que el fondo no quiebra, los inversores recuperan sólo su inversión inicial, el distribuidor tiene que asumir parte de las pérdidas potenciales junto con el eisor y un tercer jugador adquiere la participación. 

Lo que se preguntan los responsables de AXA IM es que, si China está tan aislada del resto de mercados financieros, ¿por qué el mercado global es tan sensible a un hipotético accidente financiero en el país? Llegados a este punto, Chaney, Davradakis y Yao realizan una simulación de lo que podría suceder partiendo del peor de los escenarios posibles. Su premisa es que “el hipotético canal de transmisión de China al resto del mundo es real, no financiero”, dado que el dragón asiático se ha convertido en un socio exportador clave tanto para países emergentes como para economías desarrolladas como la alemana. Tampoco se debe subestimar el hecho de que las entidades financieras desarrolladas están expuestas al mundo emergente, dado que un 20% de las peticiones de inversores extranjeros proceden de países en vías de desarrollo. El tercer elemento a tener en cuenta es que un posible accidente financiero en China retrasaría las inversiones de las compañías con diversificación internacional.  

¿Qué pasaría en el peor de los escenarios?

El punto de partida, el desencadenante de un hipotético accidente financiero en China, sería para los expertos de AXA IM la quiebra de un producto de gestión patrimonial, disparando una fuga de otros productos de banca en la sombra regulados con laxitud, y finalmente al sistema bancario en sí mismo. “Aunque la velocidad del contagio les coja por sorpresa, las autoridades chinas reaccionan rápidamente, inyectando grandes cantidades de liquidez, rescatando a las instituciones financieras más débiles y arrancando la economía incrementando bruscamente el gasto gubernamental, en infraestructuras por ejemplo”, desarrollan los expertos. 

Para lograr un análisis lo más riguroso posible, el escenario establecido por los expertos de la gestora alemana se desarrollaría durante el primer trimestre de este año y las respuestas monetaria y fiscal se decidirían e implementarían durante el segundo trimestre, calando sobre la economía durante el segundo semestre. En este contexto, su previsión es que el crecimiento del PIB sería un 1,5% inferior a lo esperado, 6% en vez del 7,5% para 2014, y del 7,5% en vez del 7,3% para 2015. 

El principal hallazgo del análisis -en el que se ha partido de la interacción entre el PIB trimestral de China, economías desarrolladas y emergentes-, es que la elasticidad del crecimiento del PIB de las economías desarrolladas respecto al crecimiento del PIB chino es del 0,2 frente al 0,4 de las economías emergentes. Es decir, que de suceder un colapso en China, el mundo emergente se vería mucho más afectado que el desarrollado. 

Para Chaney, Davradakis y Yao la primera reacción de los inversores sería un vuelo hacia la liquidez y activos refugio como la deuda soberana y, en particular, hacia los treasuries. Su estimación para este caso es que el bono estadounidense a 10 años podría ceder hasta 70 puntos básicos, hasta el 2%. Este escenario también incluye la expectativa de que los mercados se mantendrán en modo risk off al menos 6 meses, hasta que se empiecen a ver los primeros cortafuegos políticos y monetarios. 

En lo relativo a una hipotética reacción de la Reserva Federal, los expertos muestran su firme opinión de que no se revertiría el proceso de tapering, es decir, que no se volverían a incrementar las compras de deuda: “El principal mecanismo de trasmisión del estímulo cuantitativo es a través de la bajada de tipos de interés. Con los mercados ya presionando los rendimientos a la baja, cualquier acción de este tipo sería inútil, mientras que el coste en términos de credibilidad sería elevado”, afirman.

De dar un traspié la economía del gigante asiático, las otras cifras que manejan los expertos de AXA IM son las siguientes: los retornos de la bolsa estadounidense serían un 10% inferior a lo esperado actualmente, un 20% en el caso de Europa y un 30% menos en el caso emergente. Los rendimientos de los bonos a 10 años serían de 50 puntos básicos más abajo, aunque puntualizan que “un accidente en China beneficiaría enormemente a los bonos este año”. 

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