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Y el ganador es...


Una clásica pregunta que con frecuencia surge entre los interesados en estos títulos es la conveniencia de tener una posición larga en estos papeles durante el fin de semana de la contienda electoral.

Finalmente el momento llegó, y si, los lectores tienen hasta la mañana del viernes 5 todavía para decidir si apuestan o no al resultado del acto del domingo. Si algo han aprendido los inversionistas es que las sorpresas que guarda el mercado financiero en su caja de Pandora pueden ser infinitas. Probablemente a principios del 2012, nadie esperaba que los contendientes llegaran al día señalado con chances tan parejos, ni tampoco que la decisión de vender o no, los bonos venezolanos se produjese en un momento en que la apetencia internacional por títulos de alto rendimiento haya llevado a los retornos de los mismos a mínimos históricos, y en consecuencia los precios al máximo.

Los factores políticos nacionales e internacionales se mezclan entre sí y en definitiva nadie sabe cuáles de ellos predomina en la fijación de los precios de los bonos venezolanos en este momento. Indudablemente los inversionistas quieren ver un cambio de política económica para seguir dando impulso al rally que comenzó en mayo del 2011, y que a la fecha ha producido un incremento de 23,47% en el bono Venezuela 2027, o de 24,89% en el PDVSA 2017, títulos usados como referencia para cuantificar la magnitud de los movimientos de precios de la deuda venezolana.

Las visiones más clásicas del futuro cercano predicen la continuación del rally si hay un cambio político y una corrección atenuada (menos de un 5% en promedio) si sucede la reelección. Visiones más elaboradas, sopesan la probabilidad de un cambio en política económica independientemente de a quien le toque ejecutarla.

Estos últimos consideran muy relevante con qué margen de votación el ganador obtendrá el poder, porque esta es una medida gruesa del capital político con que comenzará a gobernar, quien sea el nuevo presidente. Un capital político alto da holgura para hacer algunos de los cambios requeridos con mayor celeridad, lo que los mercados apreciarían claramente. Un triunfo menguado por un discreto margen de aprobación del ganador, hará que el mismo maneje su agenda económica con pinzas. Sabiendo que los mercados no son pacientes esperamos que estos reflejaren muy rápidamente en el precio su decepción frente a la inacción.

Para complicar el asunto, el desenvolvimiento de la economía mundial en el 2013 puede traer sorpresas negativas que incluyan precios del petróleo más bajos y un aumento del retorno requerido por los inversionistas en bonos basura, con la consecuente caída de precios. Esto nos lleva a concluir que quien ya está metido en el juego de la deuda venezolana está apostando a la fortaleza del ganador de las elecciones. Si el resultado es cerrado, pagaría quedarse fuera y apostar a entrar de nuevo en alguna de las turbulencias que seguramente el 2013 trae en sus alforjas.

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