¿Y ahora qué?


Nuevo post del blog de María Folqué y Montserrat Formoso de Funds People.

Lo mejor de Draghi son los preliminares, monetariamente hablando, claro. Hay que reconocer al italiano la sutileza, la capacidad de animar los mercados con la mera intencionalidad actuar sin llegar a hacerlo. Hubo un tiempo que otros bancos centrales eran así. Lo recordarán con añoranza los viejos de la Fed, aquellas jornadas tras Bretton Woods en las que Wall Street era una fiesta. Pero EE.UU., ya en otro ciclo económico, se debate entre el impacto de emergentes y dólar, y el hacer lo que ya toca. Nos imaginamos a Janet Yellen en su propio DeLorean DMC-12 debatiéndose entre si viajar al pasado o huir directamente al futuro.

Volvamos a Draghi, que esta semana desde Malta nos citó para la reunión del 3 de diciembre, en la que revisará el QE teniendo sobre la mesa las nuevas expectativas sobre crecimiento e inflación. ¡Más chicha, señores!, que siempre ha sido más sencillo decir que sigue la fiesta que ser el pelma que apaga las luces. “El programa necesitará ser reexaminado”, señaló Draghi,  “La posición del consejo de gobierno no es un 'vamos a esperar'. No, es un 'vamos a trabajar y a valorar todos los instrumentos'". ¡Bravo!. Draghi se confirma como hombre de acción, que incluso le va la marcha y abierto a otras herramientas para ayudar a la recuperación más allá de las monetarias. Y eso viene muy bien despegarse del Frente Judaico Popular que es la Vieja Europa.

Lanzó el mensaje de que las reformas estructurales transformarán la recuperación cíclica en recuperación estructural, reiterando además eso de que la política monetaria no lo es todo y que los gobiernos deben actuar dentro de los límites de la política fiscal.

Algunos miembros del BCE eran partidarios más estímulos ya para esta semana, rebajando la tasa de depósito para los bancos. Y aunque se publiquen las actas, no sabremos quienes eran los partidarios hasta que estos estén por los Benidorm del mundo, pero teniendo en cuenta que Alemania es el primer proveedor en China de la UE, puede que el Bundesbank muy en desacuerdo no estuviera… Alemania, que ahora presiona para que se relajen los controles de contaminación en coches.

No estamos seguras de que el condensador de fluzos del Delorean fuera 100% limpio pero esto de que el futuro se haya plantado de repente aquí da que pensar. Nos recuerda al final del “Show de Truman” cuando Jim Carrey se da de bruces con el horizonte, que resulta ser un trampantojo de color azul. Y en el fondo así se deben sentir muchos banqueros centrales, ¿ahora qué? ¿eh? Pues depende, pero el mensaje es básicamente que de alguna forma u otra, todos vamos a tener que atravesar esa pared. Esperemos que no duela. Y que no nos pase como a Proust, que resulta que lo que le dio para buscar el tiempo perdido en siete tomos no fue la mítica magdalena, sino una una tostada. Cielos, esperamos que en 30 años no nos demos cuenta de que el Delorean era un Volkswagen trucado.

Buena semana