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Warren Buffett: “La rentabilidad va y viene. Las comisiones nunca flaquean”


Si bien ha quedado ampliamente documentada la victoria de Warren Buffett en su apuesta contra los hedge funds, no ha sido hasta ahora, con la publicación de la carta anual de Berkshire Hathaway a sus accionistas, cuando Warren Buffett se ha expresado extensamente sobre las lecciones que le ha dado esta apuesta histórica.

Recordemos sus bases: en 2007, Warren Buffett apostó un millón de dólares a que sería capaz de batir en rentabilidad a diez años a cualquier hedge fund mediante una inversión en un ETF que replicase al S&P 500. “Hice la apuesta por dos razones: para apalancar mi inversión de 318.250 dólares en una suma desproporcionadamente más grande que – si las cosas sucedían como esperaba- sería distribuida a principios de 2018 a Girls Inc. of Omaha (asociación local sin ánimo de lucro para la educación y empoderamiento de niñas entre 5 y 18 años), y para difundir mi convicción de que mi elección – una inversión virtualmente libre de costes en un fondo indexado al S&P 500- sería capaz de generar a lo largo del tiempo mejores resultados que aquellos conseguidos por la mayoría de profesionales de inversión”, recuerda el Oráculo de Omaha.

En su carta correspondiente al ejercicio 2017, el gurú ha vuelto a denunciar que “los inversores americanos pagan sumas abrumadoras anualmente a sus asesores, incurriendo con frecuencia en varias capas de costes significativos”. De hecho, considera que la manera en que Protégé Partners aceptó su apuesta es un ejemplo significativo de este comportamiento, al elegir una cesta de cinco fondos de fondos que ofrecían una exposición conjunta a más de 200 hedge funds. “Esta recopilación era un equipo de elite, pleno de cerebros, adrenalina y confianza. Los gestores de los cinco fondos de fondos poseían otra ventaja más: podían – y lo hicieron- remodelar sus carteras de hedge funds durante los diez años, invirtiendo en nuevas estrellas y deshaciendo posiciones en aquellos hedge funds cuyos gestores hubieran perdido sus habilidades”, añade el inversor con ironía.

A continuación, critica que todos los gestores de los fondos de fondos y de los gestores de los hedge funds presentes en esos fondos de fondos se llevaban una comisión significativa sobre las ganancias de los fondos, “incluso por las ganancias conseguidas simplemente porque el mercado generalmente tiende al alza”, critica Buffett, que añade: “Incluso aunque los fondos perdieran el dinero de sus inversores durante la década, sus gestores podrían hacerse muy ricos. Y eso podría ocurrir porque las comisiones fijas suponían un asombroso 21/2% de media sobre los activos”.

Buffett aclara que esta cesta de fondos empezó fuerte la apuesta, al batir todos a su índice de referencia en 2008… marca que no consiguieron igualar en los nueve años restantes. “Déjenme enfatizar que no se produjo ningún comportamiento aberrante en la bolsa  durante este periodo de diez años. Si se preguntara a un panel de expertos de inversión a finales de 2007 por un pronóstico sobre los retornos a largo plazo de la bolsa, probablemente sus cálculos se hubieran acercado de media al 8,5% que generó efectivamente el S&P 500”, afirma Buffett. Conclusión: “Hacer dinero en aquel entorno debería haber sido fácil. Los “ayudantes” de Wall Street ganaron ingentes sumas de dinero. Sin embargo, mientras que este grupo prosperaba, muchos de sus inversores experimentaron una década perdida”. “La rentabilidad va y viene. Las comisiones nunca flaquean”, sentencia el Oráculo de Omaha.

Sobre la toma de decisiones

No es la única lección que ha aprendido el inversor a través de esta apuesta: “Aunque los mercados generalmente suelen ser racionales, ocasionalmente se vuelven locos. Aprovechar las oportunidades que ofrecen entonces no requiere una gran inteligencia, una carrera en Económicas o tener familiaridad con jerga de Wall Street, como el alfa y la beta. Lo que necesitan en cambio los inversores es la capacidad de ignorar los miedos o entusiasmos y centrarse en unos factores fundamentales muy sencillos”, afirma Buffett. Éste considera que también es esencial “tener la disposición de parecer faltos de imaginación – o incluso de parecer tontos- durante un periodo sostenido de tiempo”. 

El Oráculo de Omaha pone como ejemplo de este comportamiento un error cometido durante la apuesta de diez años: Buffett y Protégé decidieron invertir respectivamente medio millón de dólares en bonos del Tesoro de EE.UU. con cupón cero (también conocidos como “strips”) a diez años, con el cálculo de que ofrecerían un retorno anual del 4,56% si se mantenían hasta el vencimiento a pesar de la ausencia de cupón. La cuestión es que esos bonos experimentaron en 2012 una caída en picado del rendimiento ofrecido, al pagar una rentabilidad anual a vencimiento del 0,88%. “Dado aquel retorno patético, nuestros bonos se convirtieron en una inversión estúpida – realmente estúpida- en comparación con las acciones estadounidenses”, recuerda Buffett.

Al final, después de calcular que la renta variable estadounidense disponía de un mayor potencial para hacer crecer sus negocios, que estaban pagando unos dividendos atractivos y que, sin embargo, cotizaban con descuento respecto a los bonos, optaron en noviembre de 2012 por comprar acciones clase B de Berkshire Hathaway. Gracias a esta decisión, si bien la meta de la apuesta era ganar un millón de dólares, al final se obtuvieron 2,2 millones de dólares. “Se debería enfatizar que Berkshire no se ha portado brillantemente desde la sustitución de 2012. Pero tampoco se necesitaba brillantez: después de todo, Berkshire sólo necesitaba batir en rentabilidad anual al 0,88% de los bonos, lo que es difícil de categorizar como un logro hercúleo”, afirma Buffett.

Pero, por encima de todo, Buffett hace hincapié en la última lección que ha obtenido de su apuesta: “Comprométete con decisiones grandes y “fáciles” y evita la actividad”. Se refiere a que, durante los diez años que duró la apuesta, los más de doscientos gestores de hedge funds implicados en ellas fueron muy activos con sus decisiones de compra y venta, además obviamente de implicarse en los procesos de análisis y due dilligence. “Entre tanto, Protégé y yo, sin depender nada en análisis, conocimientos o brillantez, tomamos una única decisión de inversión en diez años”, concluye el Oráculo de Omaha.

 

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