Vigésimo aniversario: George Soros, el descubridor de la debilidad europea


Mario Draghi ya estaba en primera línea. La debilidad de la Unión Europea también era patente pese a que al euro le faltaban varios años para nacer. Era 16 de septiembre de 1992. Un día clave en la economía moderna. El día en que la libra esterlina y la lira abandonaron el Sistema Monetario Europeo (SME) después de que los especuladores, con George Soros al frente del ataque, hicieran saltar por los aires todos los límites que se habían establecido para permanecer en él. 

Entonces, Mario Draghi era director general del Tesoro italiano y desde su puesto intentaba mantener a flote la lira. No pudo hacer nada. Ahora, con lo aprendido en estas dos décadas y con mucho más poder (y fondos) en sus manos como presidente del BCE, se espera de él que consiga defender la moneda europea. De momento, ha aguantado mucho más. Hace 20 años, le vencieron en un solo día.

Aunque no fue la lira el objetivo de los especuladores. Fue casi un daño colateral. El punto de mira era la libra esterlina y el gran derrotado del famoso "miércoles negro" fue el Banco de Inglaterra, que entonces dirigía Robin Leigh-Pemberton. 

El origen del problema, donde Soros encontró el agujero al que sacar rendimiento, fue el sistema de tipos de cambio que se había establecido en Europa. Todas las monedas se referenciaban al marco alemán, entonces considerado la moneda fuerte. Las divisas de todos los países pertenecientes al sistema mantenían prácticamente un cambio fijo (fijado en base a una cesta de monedas entonces denominada ecu), que sólo podía oscilar un 2,5% por encima o por debajo de la moneda alemana. En el caso de la libra esterlina, la horquilla se ampliaba al 6%.

El que sobrepasaba esos niveles tenía que abandonar el SME. Reino Unido tenía un rango más amplio, pero en absoluto suficiente para soportar un ataque como el que diseñó George Soros y al que animó desde días antes a otros inversores con declaraciones en las que aventuraba una próxima caída de la libra. 

A través de Quantum Fund, Soros tomó posiciones en libras durante días, a través de opciones y futuros, por importe de 10.000 millones de dólares. Ese 16 de septiembre dio orden de venta de todas ellas y a cambio ordenó la compra de marcos. El Banco de Inglaterra intentó durante horas defender su moneda con compras ingentes de libras (llegó a invertir 15.000 millones) y con bajadas de los tipos de interés, pero se había creado tal río de ventas siguiendo a Soros que al final tuvo que rendirse y aceptar la libre fluctuación. Ese día, la libra se devaluó un 15% frente al marco, muy por encima del 6% que tenía permitido. 

Con aquella operación, que se materializó en un beneficio de 1.100 millones de dólares para Soros en un solo día una vez que posteriormente recompró sus posiciones en libras, la libra abandonó el SME y otras monedas europeas tuvieron que afrontar devaluaciones, entre ellas la peseta, para poder seguir dentro del sistema europeo.

La arquitectura europea hacía aguas entonces porque todas las economías estaban ligadas a la alemana y a sus tipos de interés. Ahora, 20 años después, los problemas no son tan diferentes y los ataques de los especuladores (que ven como Soros entonces agujeros en la arquitectura europea) son similares. La diferencia ahora es que el BCE tiene muchos más fondos con los que hacerles frente. Como asegura Draghi, está dispuesto a hacer "lo que sea necesario" para salvar al euro. 

Una de las grandes diferencias es que la libra esterlina no está ahora en el sistema monetario europeo y quizá, dos décadas después, el Banco de Inglaterra empiece a alegrarse de haber sufrido la que se ha considerado la derrota más grave de su larga historia (fue fundado en 1694).

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