Una recomendación de confianza


Desde que empezaron los mercados financieros su corrección a finales de 2007 han sido muchos los analistas que han intentado predecir con mayor o menor fortuna la profundidad e intensidad de la corrección, e incluso, cuando el mercado se dio la vuelta en marzo de este mismo año y los mercados empezaron a recuperar, salieron recomendaciones de todo tipo, en donde se indicaban si viviríamos una recuperación en V, L o W.

Estas recomendaciones, análisis y predicciones en muchos casos han estado muy lejos de la realidad, habiendo indicado de forma errónea a los inversores, que tomaban sus decisiones de inversión al amparo del consejo de los analistas y profesionales del mercado.

Lo único y cierto de una recomendación es que nadie tiene una bola de cristal que pueda predecir con exactitud cuándo y sobre todo durante cuánto los mercados pueden caer o subir. Por este motivo, la mejor de las recomendaciones que se le puede plantear a un inversor es una estrategia que le permita definir y planificar el cómo, cuando y dónde tiene que invertir.

Una estrategia de inversión bien definida garantiza al inversor una correcta diversificación y un método planificado a la hora de tomar las decisiones de inversión o desinversión en los activos que corresponda, siempre teniendo en cuenta que antes se ha de definir el perfil de inversión que permita contemplar los niveles máximos de riesgo en cartera a asumir.

En esta línea de recomendaciones trabajan los Family Offices y asesores financieros independientes, los cuales planifican las inversiones de sus clientes en función a un método que les permita adaptar las inversiones de sus clientes a las necesidades de los mismos y a las tendencias de los mercados.

El conocimiento del cliente por parte del su asesor es imprescindible para una correcta planificación de las inversiones. El asesor debe conocer la situación personal, profesional y del conjunto del patrimonio para poder establecer con profesionalidad y rigurosidad las inversiones a realizar. Por este motivo, la relación entre el inversor y su asesor tiene que estar basada en una estrecha relación de confianza.

Valores que sustenten la relación con el cliente son de sumo interés, la independencia del asesor le permite recomendar a su cliente productos e inversiones sin conflicto de intereses, la transparencia en la gestión de las inversiones a realizar permite establecer una combinación de rentabilidad/riesgo que se adapte realmente al perfil de cliente definido para su política de inversión y la confidencialidad mantiene una rigurosa y total protección del cliente y su patrimonio.

Podemos entender que no hay recomendación mal dada sino mal interpretada, y que para una correcta planificación de nuestras inversiones es imprescindible contar con los servicios de un profesional que alinee los intereses del cliente con los suyos propios.

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