Un tweet demasiado largo


Encender la televisión hoy en día es como para echarse a llorar, y no lo digo por los estúpidos concursos de salto de trampolín… que también. Da la sensación de que toda persona vinculada al mundo financiero es (somos) cómplice necesario del saqueo de políticos corruptos, un especulador despiadado o, en el mejor de los casos, alguien sin escrúpulos. Nada de eso es cierto, o ¿acaso se puede juzgar a un colectivo por la actitud de unos pocos?

Ante tanta porquería, no debemos olvidar quiénes somos y por qué estamos aquí. No podemos nunca pensar que lo más importante es colocar un producto, sino que debemos pensar en lo más conveniente para el cliente aunque sea a largo plazo, aunque nos cueste, aunque no estemos ahí para verlo. No podemos nunca pensar que lo que hacemos no es importante o que no sirve. Sirve y mucho, puesto que tenemos entre nosotros el cuidado de los ahorros de toda una vida, la vida de alguien a quien le ha costado conseguir todo lo que tiene. No es mejor el que más comisiones genera, sino el que consigue que su cliente permanezca con él hasta el final de sus días, quien consigue tratar al cliente como a sí mismo le gustaría que le trataran. Debemos ser los guardaespaldas financieros de nuestros clientes, debemos cuidar su salud financiera, y eso significa muchas veces, incluso, decirles un no rotundo. Ahora es un momento buenísimo para profundizar en esta filosofía, un momento en el que debemos mirar para atrás y aprender del pasado para no cometer los mismos errores en el futuro.

Quizá todo esto no nos sirva para hacernos millonarios. Perderemos clientes pero, al menos, podremos irnos a dormir todas las noches con la tranquilidad de haber hecho lo correcto. Me siento un poco Jerry Maguire o un seminarista frustrado, pero necesitamos escribir y aplicar estas cosas, cosas importantes, simples y que no caben en 140 caracteres (incluyendo espacios). Nada mejor que este momento para aplicarlas.

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