“Un gestor de renta fija no debe ser una fuente de riesgos sino de protección”


Así es como entiende la gestión Cody Farmer, vicepresidente y especialista de producto del equipo de inversión de Janus Capital Group, que pretende ofrecer un bajo riesgo en lugar de tratar de maximizar la rentabilidad. Y así es como lo aplica al rango de cinco fondos de deuda gestionados por el equipo de renta fija de la entidad, que funciona “como una pequeña boutique pero con los beneficios de estar dentro de una gran organización”, y que maneja en total activos de en torno a 18.000 millones de dólares (dentro de los 170.000 millones que el Janus Capital Group lleva en total).

La especialidad clave del equipo es el análisis fundamental o bottom-up del crédito, que permite establecer el asset allocation en aquellos fondos con asignación flexible de los distintos segmentos de renta fija -como el Janus US Flexible Income o el Janus US Short-Term Bond- y determina la selección de posiciones en el resto. “No contamos con economistas que determinen el peso de renta pública, bonos ligados a hipotecas o crédito en nuestras carteras, ni tampoco nos guiamos por los informes o estadísticas económicas públicas, sino que tomamos esas decisiones en función del análisis individual de las compañías”, explica Farmer. Así, antes del estallido de la crisis movieron posiciones desde la deuda corporativa a la pública, que fueron reduciendo después vendiendo a buen precio a lo largo de la crisis, para volver comprar activos de crédito, con diferenciales mucho más amplios que en 2007 y un gran potencial de estrechamiento, siguiendo el ciclo.

“El mayor riesgo de impago se encuentra ahora en los gobiernos y por ello el crédito es un activo más seguro”, explica, si bien reconoce que actualmente no hay el mismo potencial de estrechamiento de spreads que en los dos últimos años. De ahí la importancia de tener buenas capacidades para seleccionar las compañías, analizando aspectos como el poder de fijación de precios, el gasto de capital o los flujos de caja. Farmer, que cree que hay oportunidades tanto en el segmento de grado de inversión como de high yield -aunque este último ofrece mayor interés-, señala especialmente dos áreas de atracción: la primera es la deuda de compañías que aún no forman parte del universo de grado de inversión pero lo harán en el futuro y la segunda, la de aquellas entidades que, debido a aspectos estructurales, necesitan pagar primero su deuda antes de seguir creciendo. “Es necesario que los flujos de caja beneficien a los tenedores de deuda antes que a los de renta variable”, explica.

Compañías de ciclo tardío

En este sentido, el sector bancario tiene un gran peso en las carteras debido a la gran cantidad de oferta a nivel global –algo que ha caracterizado la composición de los fondos a lo largo de su historia-, y con respecto a sus otras posesiones, ha reducido aquellas compañías instaladas en las fases tempranas del ciclo –como químicas o acereras- para apostar por aquellas de ciclo tardío –ocio, juego u orientadas al consumo-.



Por regiones, reconoce que actualmente la deuda soberana no es ni siquiera atractiva en el mundo emergente, pues, a pesar de sus positivos fundamentales y de la huida de flujos de capital desde la deuda pública del mundo desarrollado hacia esas regiones, actualmente está cara y además hay que tener en cuenta el retorno real que ofrece una vez descontada la inflación. Sin embargo, sí es un mercado en el que Janus se está posicionando de cara a la deuda corporativa; eso sí, con la cautela que impone su escaso desarrollo, que “aún llevará años”.

Destino: Europa

Donde sí está encontrando un gran foco de oportunidades es en Europa, donde se está desarrollando un gran mercado de crédito, debido a que la relación tradicional de las compañías con los bancos como fuente de financiación se ha quebrado. “Nos adaptamos a la nueva realidad y por eso hemos movido analistas y traders a Londres y seguiremos reflejando la realidad del mercado con nuestro posicionamiento”, explica.

Su estilo de gestión impide adquirir una perspectiva tradicional ante el problema de deuda soberana del continente, tratando de dejar fuera el ruido griego. “Se trata de entender cómo los bancos están afrontando el problema, que es principalmente político y por eso no pretendemos jugar a predecirlo, sino que gestionamos nuestra exposición al riesgo”, afirma Farmer. Este experto, que cuenta con formación en matemáticas, asegura que, aunque la reestructuración de deuda griega es el escenario más probable, la clave es su capacidad de absorción por parte de las entidades financieras; y en este sentido, sólo serán capaces de hacerlo con tiempo. “El efecto dominó de una quiebra actual o de forma desordenada sería catastrófico”, apostilla al respecto. En este contexto, su misión es buscar oportunidades en entidades como BBVA, castigada en exceso ante su vinculación a España, pero con un gran mercado exterior.

Más preocupación por la deflación que por la inflación

Ese mismo estilo también impide considerar la inflación como hacen otros gestores, centrándose en analizar la forma en la que las empresas se adaptan a la subida de precios, a veces muy creativa. “Una compañía que fabrica pantalones vaqueros ha eliminado un bolsillo trasero para ahorrar algodón, ahora más caro, y a la vez ha subido los precios instaurando una moda”, pone como ejemplo. Este gestor de origen texano explica que, aunque la inflación podría llegar a ser un problema en algún momento, no lo es a medio plazo, teniendo también en cuenta que las previsiones se han diluido con respecto a principios de año, arrastrando el precio de algunas materias primas. “Me preocupa más la deflación, un peligro que subyace aún después del QE1 y QE2, que no siempre dan los resultados esperados”, comenta, haciendo referencia a la parálisis crediticia de los bancos pese a las inyecciones de capital. Por eso, tampoco cree en la instauración de un QE3, una opción sólo viable “si el escenario es peor que el de 2008”.

Farmer es crítico con el papel de las agencias de rating, si bien reconoce que están siendo algo más proactivas a la hora de reconocer los riesgos y considera como una de las claves de sus fondos el hecho de que los propios trabajadores de Janus son a veces sus mayores partícipes. En el logro de la confianza, cree que también juega un papel clave la transparencia de sus carteras, puramente formadas por bonos, descartando instrumentos derivados, si bien en ocasiones utilizan convertibles, bonos flotantes o warrants. “Se trata de entender las compañías, nada más”, resume el experto.

Una apuesta por la renta fija en el mercado español

La cultura y el conocimiento de la renta fija es lo que hace que los bonos sean atractivos para los inversores españoles, en línea con lo que sucede en otros países como Italia. “Son principalmente inversores de renta fija”, comenta Andrea Cardone, responsable de ventas de la gestora en España, explicando que sus activos están creciendo en este mercado, incluyendo las estrategias de renta fija. Precisamente ésa es la razón por la que Janus pretende impulsar esta gama de fondos en nuestro país, un impulso reflejado el pasado octubre con el lanzamiento de los fondos Janus Global Investment Grade Bond y Janus Global High Yield.

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