Un difícil equilibrio entre beneficio y responsabilidad: almacenamiento de energía


TRIBUNA de Dominik Benedikt, analista senior ISR, Erste AM. Comentario patrocinado por Erste AM.

La electricidad que utilizamos sale del enchufe. Pero escondida tras este, subyace una realidad que es un difícil equilibrio entre oferta y demanda. En el caso de la energía producida por fuentes alternativas, este equilibrio es particularmente volátil. Una solución para este problema son los aparatos de almacenamiento de energía, en especial las baterías. Tienen la ventaja de ser capaces de almacenar energía que se produce localmente (por ejemplo, por paneles solares). También hacen que la energía sea móvil y pueda sustituir la gasolina y el gasoil en los automóviles. Dominik Benedikt, analista senior de ISR, nos explica los efectos que afectan a aspectos medioambientales, sociales y de gobierno corporativo la creciente demanda de baterías.

Desde el punto de vista de los criterios medioambientales y sociales, el proceso de producción de baterías ha propiciado una reducción de los riesgos medioambientales. Las baterías de ion-litio que dominan hoy día no son tóxicas y el litio es un material relativamente barato pero la producción tiene enormes efectos ya que consume mucha agua. También se requiere grafito y cobalto que suponen problemas sociales. Por un lado, el grafito se produce en China, a menudo bajo condiciones dudosas y por otro el cobalto que se extrae en Congo es también un potencial material conflictivo. Sería deseable que se implementaran mejores mecanismos de control como los que tienen puestos en marcha en el sector de tecnologías de la información desde hace algún tiempo.

Los problemas medioambientales podrían verse reducidos a través del reciclaje. Desgraciadamente los fabricantes de baterías siguen trasladando la responsabilidad a otra parte. Podrían copiar el modelo existente de alianzas entre los fabricantes de coches y las empresas especializadas en reciclaje, por ejemplo, entre PSA y SNAM o entre Tesla y Umicor. Debido a la falta de viabilidad económica, no se ha puesto en vigor un enfoque de reciclaje a través del sector. Hasta este momento, solamente Aquion, fabricante de baterías de agua salada, parece haber alcanzado un círculo cerrado -tal y como demuestra su certificación C2C (Cradle to Cradle). La solución llamada “segunda vida” es una alternativa al reciclaje. Leclanché, un fabricante suizo de baterías, diseña sus módulos de forma que se puedan utilizar en otros campos menos exigentes tras finalizar su vida normal. BMW está trabajando en soluciones similares: las baterías que ya no sirven para los coches se utilizan en los robots de las fábricas. También, en colaboración con Bosch están desarrollando soluciones de almacenamiento estacionario procedentes de coches viejos, en un enfoque que reduciría drásticamente los costes de movilidad eléctrica.

Los inversores pueden apoyar estos desarrollos o incluso beneficiarse de ellos apoyando a compañías que trabajan en la tecnología del futuro. Por ejemplo, Electrovaya, una pequeña compañía canadiense que ofrece un atractivo potencial de crecimiento en la producción de baterías ion-litio y otros sistemas de almacenamiento sin utilizar el solvente tóxico NMP (N-methyl-pyrrolydone). La empresa utiliza, en contraposición a sus competidores, una tecnología de los llamados separadores cerámicos flexibles que actualmente representa los más altos estándares de seguridad. Todo esto le da una sólida posición en el mercado y quiere decir que no se vería afectada por un endurecimiento de la regulación en el manejo de sustancias tóxicas.

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