Un chino sin complejos


China Crown es un restaurante de una céntrica zona de la capital. Sirve, entre otros mucho platos, unos dim sum que compiten muy seriamente con los del Tse Yang del Villa Magna y un pollo con auténticas guindillas de Sichuan sólo apto para amantes-sufridores del picante. Ahora, China Crown celebra su veinte aniversario por todo lo alto con una sencilla decoración recientemente renovada y con platos nuevos, como un sabroso papillote de langostinos.

No es el único local que su propietaria, la empresaria María Li Bao, tiene en la capital. Justo al lado se encuentra Sushiwakka, de corte japonés. 

Destaca por una genial barra de sushi en la que se sirven piezas preparadas con ingredientes tan originales como el foie y la manzana. China Crown no es ningún templo gastronómico. Ni falta que hace. Es, a cambio, un local agradable, en el que uno se siente muy cómodo y en el que se come francamente bien. Todo, además, con una muy buena relación calidad-precio. En mi opinión, muy recomendable para ir a comer en un día de trabajo o para una cena tranquila con la pareja o los amigos.

Pero lo que más me gusta del restaurante de Li Bao es que, en sus veinte años de vida, no ha tenido ningún tipo de reparo en mantener con orgullo su condición de restaurante chino. No se ha puesto la socorrida etiqueta de 'asiático' que han abanderado muchos para seguir sirviendo los mismos tallarines. Ni ha tenido miedo de ser confundido con el típico chino de comida barata para estómagos resistentes. Es un chino sin complejos. Una recomendación: reserven antes si quieren ir a comer a diario.

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