Último capítulo de la tragedia griega: ¿deben preocuparse los inversores?


Año y medio después de que los griegos recibieran el tercer rescate de la historia moderna del país, sus principales responsables políticos han vuelto a iniciar una ronda de negociaciones con el FMI y la UE para volver a negociar las condiciones del pago de la deuda. Lo que está en juego es el pago de un tramo del último rescate, de 86.000 millones de euros. A cambio, ambas instituciones demandan nuevas reformas en materia fiscal y laboral, a las que el gobierno de Alexis Tsipras se ha resistido hasta ahora como gato panza arriba.

“Los últimos datos económicos de Grecia han vuelto a empeorar, y el FMI debe reunirse para decidir si renueva o no su crédito para este país”, advierte Lukas Daalder, director de inversión de Robeco . “Hasta ahora, el FMI se ha mostrado reacio a participar en el paquete de rescate, aunque lo ha hecho, pero con Trump presidiendo el principal país miembro del FMI, las cosas podrían cambiar muy rápido a peor”, alerta Daalder. De cumplirse este pronóstico, “la atención pasaría a centrarse en la voluntad de países del núcleo europeo, como Francia, Alemania y los Países Bajos, de prestar apoyo a Grecia en año de elecciones”.

La tensa agenda política en el Viejo Continente supone, pues, un elemento diferencial respecto a negociaciones anteriores entre Grecia y sus acreedores. La economista de Fidelity Anna Stupnytska considera que los resultados electorales de Holanda podrían condicionar el futuro heleno. Concretamente, piensa que, si se cumple el escenario central de Fidelity de una gran coalición sin el PVV, el partido populista de extrema derecha de Geert Wilders, “probablemente se consideraría como una señal de derrota de las insurgencias populistas en Europa, lo que puede suponer cierto alivio en el periodo previo a la segunda vuelta de las elecciones en Francia”.

Sin embargo, como es previsible que la formación de la coalición tarde semanas, podría generar daños colaterales para el resto de estados miembro: “Repercutiría negativamente sobre las negociaciones de la deuda griega (suponiendo que no se llega a ningún acuerdo antes del 15 de marzo), así como sobre las negociaciones del Brexit, ya que algunas decisiones sobre este tema tal vez deban aplazarse hasta la toma de posesión de una coalición en los Países Bajos”, concluye.

Chris Iggo, director de inversiones de renta fija de AXA IM, añade a estos puntos de vista que la atormentada campaña electoral francesa- con la interrupción de la candidatura de François Fillon como última novedad- también está alimentando la aversión al riesgo. “Esa aversión mantendrá a la rentabilidad de los bonos alemanes extremadamente negativa. Podrían moverse más partes de la curva alemana en la misma dirección si se suman las preocupaciones en torno a Grecia a la incertidumbre en torno a Francia”.

Dos soluciones al problema de la deuda

Michael Browne, gestor en Martin Currie (filial de Legg Mason Global AM), plantea dos posibles escenarios para el problema de la deuda griega. Browne resume brevemente el trasfondo del conflicto: “El FMI ha puesto en duda la estabilidad a largo plazo de la ratio endeudamiento/PIB de Grecia, del 180%, y sólo se planteará conceder al país un suplemento a los 86.000 millones de euros que está recibiendo de los países de la zona del euro si presenta unos planes de reducción del endeudamiento creíbles. El primer ministro, Alexis Tsipras, ya ha declarado que no está dispuesto a pagar ni un euro má» por la austeridad. Este hecho aviva los temores de que Grecia entre en quiebra si no puede acceder a crédito”.

En el primer escenario, el experto ve posible que se vuelvan a convocar elecciones anticipadas. “Esto, una vez más, hace aumentar el temor a que el país abandone la unión monetaria”, comenta, lo que vuelve a poner sobre la mesa la posibilidad de Grexit en un momento en el que ya se están negociando a marchas forzadas las condiciones del Brexit. “Los movimientos populistas en toda Europa han impulsado el sentimiento antieuropeísta y existe una posibilidad real de contagio de las acciones del país heleno”, advierte el experto.

La segunda hipótesis es que la situación sea menos grave de lo que parece. “El coste que le supone a Grecia amortizar su deuda está, de hecho, entre los más reducidos de Europa y así será durante mucho tiempo. Sus necesidades de financiación bruta disminuirán en los próximos años y, para 2020, estarán por debajo de la mayoría del resto de miembros de la zona del euro”, comenta en primer lugar.

Asimismo, las medidas orientadas a aliviar la deuda a corto plazo aprobadas recientemente por el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) también serán favorables, por lo que Browne cree que “si el programa de reformas se pone en marcha en su totalidad, la sostenibilidad de la deuda griega sería posible”.

El experto destaca igualmente que los bancos helenos también se encuentran en una posición mejor: “Las pruebas de solvencia realizadas por la Autoridad Bancaria Europea (EBA) mostraron que el sector bancario de la UE ha reforzado de forma significativa su base de capital”. Recuerda igualmente que “si Grecia incumple sus obligaciones de pago de su deuda, las operaciones monetarias directas tanto del MEDE como del BCE tienen por objeto prevenir el riesgo de contagio”.

El gestor admite que “el Brexit y el clima de incertidumbre política han impulsado la prima de riesgo”, pero justifica que, con el largo historial de intervenciones desde el primer rescate en 2010, “la UE está mejor preparada para el impacto de la salida de Grecia, tanto la unión monetaria como la institución en sí”. Además, considera que “parece que la UE está muy interesada en solventar lo antes posible el problema de la deuda griega que se presenta este año”.

Dentro de este escenario, Browne llega incluso a afirmar que “si Alemania ceja en su insistencia sobre la participación del FMI y el MEDE se hace cargo de la totalidad de la deuda, ganará el pragmatismo político frente a un estricto sistema basado en normas”.

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