Tres tipos de sinergias negativas o alergias


Las palabras nos juegan malas pasadas frecuentemente. Nuestras tres palabras de hoy provienen del griego “ergon” que significa trabajo: sinergias, alergias y energías.

Es frecuente en el mundo de la empresa disertar sobre el valor de las sinergias de una operación, entendiendo que la suma de dos operaciones, por ejemplo, produce un resultado mayor que la suma de sus sumandos por separado. Dos remeros que reman coordinados hacen avanzar el bote más y mejor que si cada uno va a su aire.

Así, en las empresas, cuando se combinan dos actividades, es frecuente que los costes fijos de uno alcancen o casi alcancen, para las dos. O que la luz que ilumina la estancia ilumina igual a uno que a dos. Hablamos entonces de sinergias.

Pero la raíz griega también tiene otra versión, que es la negación de la sinergia, la alergia, que proviene de “allos”, y significa otra fuerza. Esa otra fuerza existe en los mismos procesos y también aparece en las combinaciones de empresas. La sinergia negativa, o alergia, es la fuerza que se opone a que las fuerzas positivas actúen. Y las hay de tres tipos:

1. Alergia cultural. Las organizaciones que se fusionan se rechazan, por motivos culturales, falta de reconocimiento de liderazgo o incompatibilidad de metas.

2. Alergia de los ingresos. Aparición de problemas nuevos. Las sinergias de costes se producen, pero aparecen alergias de otro tipo, como lentitud de atención a clientes, demoras en el time to market de los productos que terminan costando en ingresos más de lo ahorrado en costes.

3. Alergia estratégica. Las sinergias se producen, pero a una escala mucho menor de la necesaria para justificar los esfuerzos.

No es sencillo aislar las sinergias de las alergias, porque provienen de los mismos actores. Como en la medicina, en las combinaciones de empresas y sus procesos de eficiencia se producen sinergias y alergias. Y hace falta mucha energia contra las alergias para conseguir que emerjan las sinergias.

Puede leer este post directamente en el blog de Santiago Fernández Valbuena en este link.

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