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Tres razones por las que las acciones tienen potencial para volverse más caras (o menos baratas)


El crecimiento de los beneficios empresariales este año se va aplanando, un fenómeno que según ING Investment Management probablemente se confirmará con la temporada de resultados correspondiente al tercer trimestre del año. En Europa, los beneficios incluso muestran un ligero descenso, debido principalmente a España, Reino Unido, Francia y Finlandia (Nokia). En Estados Unidos, aún se espera un modesto aumento este año, liderado por la recuperación en curso del sector financiero y por el superior rendimiento de algunos de los referentes de la tecnología, especialmente de Apple.

Para 2013, los analistas prevén que los beneficios aumenten de nuevo por encima del 10%. “Sin embargo, son pocos los inversores que realmente lo creen. Y con razón, ya que los analistas financieros tienen fama de ser demasiado optimistas en ocho de cada diez años. Teniendo en cuenta de que los márgenes de beneficios ya rondan máximos históricos y que el crecimiento económico mundial en 2013 se espera que no sea muy diferente al de este año, es más probable que la cifra de crecimiento sea de un solo dígito”, afirma Ad van Tiggelen, especialista de Inversión senior en la gestora holandesa.

“En este contexto hay que preguntarse hasta qué punto los mercados de renta variable pueden continuar, sobre todo en Europa, con la recuperación poco provechosa que hemos visto hasta ahora en 2012. Creemos que el potencial para que los mercados se vuelven más caros -o menos baratos- no se ha agotado todavía”. En este sentido, el experto toma en cuenta varias consideraciones que apoyan este previsión. La primera: el hecho de que el actual precio por beneficio de las acciones (14 en Estados Unidos y 12 en el resto del mundo) se sitúa en sí mismo alrededor de la media en un contexto histórico, pero sigue siendo atractivo si se compara con los rendimientos ultra bajos en el mercado de renta fija.

Asimismo, Tiggelen también señala que “los balances de las empresas son en general muy saludables y tienen capacidad para endeudarse ligeramente para financiar fusiones y adquisiciones y recompra de acciones y que los bancos centrales parecen cada vez más comprometidos a ayudar a la economía de tal manera que los riesgos de perturbaciones sistémicas o recesiones profundas sigan siendo relativamente limitados; un hecho que podría mantener la baja volatilidad de la renta variable durante más tiempo”.

Esto no significa –indica el experto de ING IM- que los precios de las acciones, que provienen de una base bombardeada en 2009, puedan seguir creciendo a un ritmo más rápido que los beneficios durante un período prolongado. “Después de todo, los bajos rendimientos de los bonos que actualmente respaldan la valoración de la renta variable, aumentarán de nuevo cuando la economía se recupere y cuando la inflación haya tocado fondo claramente. Por otra parte, cuando los rendimientos se mantienen deprimidos, probablemente refleja una situación económica que no apoya el crecimiento de los beneficios”, asegura.

“No se puede tener ambas cosas: bajo rendimiento de los bonos y un crecimiento de beneficios decente durante muchos años seguidos. Dicho esto, muchas señales de la renta variable aún se muestran en verde. En un mundo en el que el FMI quiere ver más inflación en las economías fuertes y donde, al mismo tiempo, los bancos centrales tienen la intención de mantener los tipos cercanos a cero, un mundo empresarial sólidamente financiado se merece una valoración muy decente, aunque el crecimiento de los beneficios sea limitado”, apunta Tiggelen.

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