Tres llamadas de atención que no deben perder de vista los inversores en deuda emergente


La inversión en emergentes está ganando en complejidad a medida que los mercados van cambiando de paradigma. “Por primera vez en años, no estamos viendo distorsión en los mercados debido a la actividad de los bancos centrales. Esta situación en que los bancos centrales ya no reaccionan ante cualquier noticia negativa es un gran cambio”, afirma Colm McDonagh, responsable de renta fija emergente de Insight (BNY Mellon IM) y gestor del BNY Mellon Emerging Markets Corporate Debt Fund, calificado como Consistentes Funds People.

El experto reivindica que, al margen del ruido del mercado, “si das un paso atrás para ver el conjunto, el entorno es bastante bueno”, en referencia a la recuperación económica en Europa y la fortaleza del crecimiento en Asia. McDonagh recuerda que la recesión de los emergentes fue posterior a la de los países desarrollados, ahora están en una fase de recuperación más temprana en la que están registrando sólidas tasas de crecimiento. “Si vemos que el diferencial de crecimiento mejora a favor de los emergentes, sería un buen argumento para buscar algún tipo de inversión en mercados emergentes”, afirma.

El crecimiento no debería ser el único argumento para invertir a ojos del responsable: también es necesario que haya reformas estructurales que actúen como catalizador para un mayor desarrollo de estos países. La valoración es el tercer gran determinante: “Ya se han terminado las valoraciones baratas que habíamos visto en los mercados emergentes desde principios de 2016. Hoy la gestión tiene más que ver con la selección por países y por bonos, con la gestión de la duración y con asegurarse de que los niveles de liquidez sean buenos”. En una palabra, ser selectivos se está volviendo clave en este universo.  

El experto constata el interés creciente de los inversores, al percibir la deuda emergente como una fuente de diversificación y de generación de rentas, con un riesgo de duración menor. “El índice más generalista de deuda corporativa emergente con grado de inversión ofrece un rendimiento medio del 5% con una duración de 5 años. En la parte de high yield, el componente de rentabilidad es del 6,6% con una duración de cuatro años”, detalla.   

Tres llamadas de atención

Esta normalización está teniendo un impacto directo sobre las divisas, tanto sobre el reciente fortalecimiento del dólar tras meses de debilidad como por la contraparte emergente, cuyas divisas han entrado bajo presión, especialmente el peso argentino. “Lo que está sucediendo puede tener profundas implicaciones geopolíticas, pero también para los inversores. Se está creando la base de lo que va a suceder en los próximos dos años”. El gestor prevé que la volatilidad seguirá al alza en lo que queda de 2018 y durante 2019.

McDonagh piensa que el aplanamiento de la curva de tipos estadounidense es una segunda e importante llamada de atención para los inversores en emergentes: “Si la curva continúa estando plana en un entorno de crecimiento y reformas, debería ser positivo, con independencia de que las valoraciones estén caras”. El gestor añade que, si la inflación empezara a ser problemática, se podría esperar que la Fed fuera más agresiva en sus subidas de tipos: “Si las subidas fueran muy rápidas, tendrían un impacto directo sobre la rentabilidad del bono a diez años y podría causar un shock sobre el mercado”. La principal conclusión de McDonagh es que será necesario en los próximos dos años “ser mucho más flexible y dinámico con tu asignación de activos y con la construcción de tu cartera”.  

Existe un tercer factor de cambio: “Hace diez o veinte años EE.UU. era el mercado que ejercía más influencia sobre los emergentes. Actualmente, China es probablemente tan importante como EE.UU., por su ritmo de crecimiento económico, su impacto sobre la economía global y lo que está intentando hacer con su modelo económico”.  

El fondo

Aunque McDonagh piensa que tendrá que ser más activo y selectivo de aquí en adelante,  también cree que van a surgir más oportunidades,: “El universo de deuda corporativa emergente se va a volver mucho más grande; será capaz de doblar su tamaño en los próximos cinco años”. Esto se debe a que cada vez más compañías emergentes optan por financiarse en el mercado, en vez de recurrir a préstamos bancarios. El fenómeno se está acentuando tanto que el experto observa una transferencia de financiación de la renta variable a la fija, de manera que menos del 50% de las compañías en las que invierte cotizan también en bolsa. “Como resultado, obtenemos más diversificación en deuda corporativa que en renta variable”, resume.

McDonagh añade que hay muchas oportunidades para seleccionar compañías con estándares de calidad y liquidez tan buenos como los del universo desarrollado: “Las empresas emergentes suelen tener mayor disciplina financiera, sus bonos presentan una duración típicamente inferior y los índices de deuda emergente no suelen ser representativos, puedes encontrar buenas compañías fuera del índice “. Según sus cálculos, la deuda corporativa emergente será capaz de generar retornos de entre el 4% y el 9% en el corto a medio plazo.

La cartera del fondo suele concentrarse entre 65 y 80 nombres. Detrás de la selección está un cuidadoso análisis que combina aspectos top down, bottom up y ESG. El gestor destaca tres elementos diferenciales en la gestión del fondo, empezando por la selección de países, puesto que excluye a aquellos que presenten fundamentales en deterioro. También es diferencial el análisis por emisiones, que se realiza por sectores y en un contexto global. Por ejemplo, si se están analizando compañías petroleras, el equipo compara Petrobras no sólo con competidoras emergentes como Pemex, también con nombres como Exxon Mobile.

La construcción de la cartera es el tercer elemento: “A nivel top down, asignamos valoraciones estratégicas para determinar que nuestra asignación. A la hora de evaluar los bonos, tenemos un filtro por datos que nos ayuda a nivel país, para determinar qué sectores son atractivos y cuales podemos excluir. Si no podemos conseguir información sobre un bono, no invertimos. Si el bono no está emitido en dólares, no invertimos. Si el bono es demasiado viejo, no invertimos”, resume el gestor.

McDonagh indica que Asia es el segmento más caro del universo, aunque el equipo sigue encontrando oportunidades entre algunos bonos con rating A y BBB (participaron recientemente en emisiones de Tencent y Alibaba). En cambio, afirma que “hay países en Latinoamérica y África que ofrecen algo de valor, ya sea en bancos o en petroleras en Argentina, en compañías cárnicas y telecomunicaciones en Brasil, en compañías de bienes de consumo que operan en toda Sudamérica”.

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