Tres lecciones para Europa


“Desde el verano de 2012, la abundancia de liquidez, la reducción del riesgo sistémico y la percepción de una ligera mejora de la economía de EE. UU. han impulsado a la renta variable. Ante el riesgo de que se dejen de aplicar políticas monetarias ultraexpansivas, los mercados se calman al constatar que la amenaza inflacionista se aleja. No obstante, esta tendencia de la inflación recuerda a la sufrida por Japón a comienzos de la década de 1990, por lo que Europa no debería esperar a estancarse en una deflación crónica para extraer tres lecciones de la experiencia japonesa: no dejar que las tendencias deflacionistas se instalen, atreverse a adoptar políticas ambiciosas y coordinar sus esfuerzos”. Así resume la situación Didier Saint-Georges, miembro del comité de inversiones de Carmignac Gestion, en un reciente informe en el que analiza cada uno de estos tres aspectos.

No esperar

Según Saint-Georges, “la explosión de la burbuja inmobiliaria japonesa en 1990 supuso para el sector privado el comienzo de un ciclo de diez años de desendeudamiento forzoso, corolario de un sector bancario infracapitalizado, y el incremento del endeudamiento público sólo sirvió para crear una economía débil y deflacionista que perdura hasta nuestros días. Además, el aumento de la presión fiscal debilitó aún más la economía e incrementó el déficit presupuestario. Europa se enfrenta ahora al mismo escollo. Aunque los esfuerzos realizados en los últimos cuatro años han conseguido reducir el déficit presupuestario global de la eurozona del 6,4% en 2009 al 3,7% en 2012, este éxito ha venido acompañado del incremento de la deuda pública, que ha pasado del 80% al 90,6% del PIB”.

“Por otra parte, al igual que ocurrió en Japón en la década de los 90 y por las mismas razones, la bajada de los tipos de referencia no ha tenido ningún efecto sobre el volumen de concesión de créditos en la eurozona, que sigue descendiendo. Además, el buen comportamiento de la economía estadounidense frente a la europea se explica porque su sector bancario fue recapitalizado muy pronto, mientras que los pesados e indispensables ajustes presupuestarios se producen ahora —cuatro años después del comienzo de la crisis—, cuando la economía ya es capaz de soportar esta carga”.

Ser ambiciosos

Según el experto, otra de las lecciones de la experiencia japonesa es que una crisis de sobreendeudamiento supone un trauma tremendo para los agentes económicos. “Se necesita una inyección de confianza para salir de una recesión provocada por el desendeudamiento. Es ahí donde Japón fracasó durante su década perdida, a lo largo de la cual se sucedieron más de 15 gobiernos sin un proyecto convincente capaz de obtener un gran apoyo. Y es ahí donde actualmente fracasan los gobiernos europeos debido a su falta de ambición. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, y el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, han propuesto un programa extremadamente audaz, aunque solo el tiempo dirá si los objetivos son realistas”.

Adoptar un enfoque coordinado

La independencia del BCE y la diversidad presupuestaria de los países de la eurozona hacen mucho más difícil que Europa pueda aplicar una política monetaria como la puesta en marcha en Japón. Saint-Georges afirma que “Europa aún debe concentrar sus esfuerzos a favor de una mayor coordinación (y, a largo plazo, una mayor integración) de sus políticas económicas. La tercera ‘flecha’ del proyecto japonés, que consiste en acompañar los estímulos presupuestarios y monetarios de un gran programa de reformas estructurales, aún por precisar, debería inspirar a los líderes europeos”.

“La reforma del mercado laboral y de los sistemas de jubilación, la desregulación de los sectores protegidos o la coordinación de las políticas industriales constituyen pasos ineludibles para Europa. ¿Serán Italia, España o Francia capaces de demostrar su voluntad reformista y animar así a Alemania a apoyar una política europea coordinada con vistas a lograr un círculo virtuoso de crecimiento?”

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