Tres alternativas para no tener que recortar la duración de las carteras


Los tipos de interés probablemente permanezcan en niveles bajos durante un futuro próximo, así que los inversores siguen enfrentándose al dilema de cómo conseguir un buen nivel de rentas sin dejar de gestionar cuidadosamente la exposición al riesgo. Con esta idea en mente, muchos inversores en renta fija están elevando el riesgo de crédito a cambio de más rendimientos, al tiempo que reducen la duración en busca de seguridad. Sin embargo, también demandan una combinación óptima de rendimiento y seguridad. A menudo piensan que la mejor opción es sobreponderar el riesgo de crédito, que genera unos niveles de rentas interesantes, y al mismo tiempo reducir la duración para rebajar la sensibilidad a los cambios en los tipos de la deuda pública.

Para Charles McKenzie, director global de renta fija de Fidelity, eso no es necesariamente lo correcto siempre. “Reducir la duración en las carteras tiene dos consecuencias muy importantes. La primera de ellas es que si la duración se reduce considerablemente, mediante coberturas o apostando por bonos con vencimientos más cortos, se renuncia a una gran cantidad de renta, ya que los bonos con vencimientos más largos tienen un rendimiento mayor que las alternativas a corto plazo. La segunda es que una menor duración se traduce en una correlación mayor y cada vez más positiva entre los componentes de renta fija y de renta variable de la cartera de un inversor. Y generalmente se invierte en bonos para diversificar adecuadamente una cartera frente a las bolsas; así que se puede perder el efecto diversificador si se reduce demasiado la duración”, explica. En lugar de eso, el experto plantea tres formas de abordar y gestionar la duración:

Primera alternativa: adoptar una perspectiva mundial. “Es importante tener en cuenta otros mercados internacionales y no limitarse a invertir en el mercado nacional. En el mundo coexisten varios ciclos y los inversores pueden aprovecharlo invirtiendo en diferentes regiones en lugar de hacerlo simplemente en su mercado nacional. En estos momentos, por ejemplo, estamos encontrando buenas oportunidades de inversión en los mercados de tipos de interés de Australia y Estados Unidos, donde los factores generales y particulares favorecen una exposición con una duración elevada”, revela McKenzie. De hecho, en la gestora consideran que la duración estadounidense ofrece una protección muy oportuna en estos momentos en los que la Fed está a punto de subir nuevamente los tipos de interés.

Segunda alternativa: ir más allá de la deuda pública. “Actualmente los inversores están obteniendo una compensación adecuada en forma de diferencial adicional por el riesgo de crédito e impago que están asumiendo en sus inversiones en bonos corporativos. En concreto, los bonos de alta calidad crediticia se encuentran actualmente en un momento idóneo. El panorama es más desigual en los bonos de alto rendimiento, que son los que tienen calificaciones desde BB hasta CCC. Tras el excelente comportamiento del año pasado, las valoraciones de esta clase de activos son ciertamente menos atractivas que hace doce meses. Sin embargo, seguimos encontrando oportunidades en los bonos BB, donde pensamos que se puede seguir consiguiendo una compensación adecuada por el riesgo de crédito adicional que los inversores asumen. Para ello, es imprescindible llevar a cabo una selección de títulos rigurosa”, subraya.

Tercera alternativa: pensar en los bonos indexados a la inflación. “No se suele hablar de los bonos indexados a la inflación, pero tener posiciones en activos reales y en este tipo de bonos también puede ser un buen elemento diversificador para los inversores en renta fija. Aunque la inflación parece que sigue estando bien controlada, y esperamos que siga siendo así durante algún tiempo, los bonos indexados a la inflación ofrecen cierta protección si la inflación termina sorprendiendo al alza”, señala McKenzie.

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