Towers Watson urge a los inversores a reevaluar las carteras de renta variable


Los inversores institucionales deben aprovechar las mejoras e innovaciones de la industria de renta variable para revisar su labor en la construcción de carteras. Esta es una de las conclusiones más importantes expresadas en el último artículo de Towers Watson: “Inversión en renta variable: Pistas para una mejor construcción de cartera”, trabajo en el que se muestra cómo durante los últimos años los inversores han reducido paulatinamente su peso en renta variable. Sin embargo, en la consultora consideran que la prima de riesgo de la renta variable sigue siendo un importante motor de rentabilidad.

Según Towers Watson, los pilares de las carteras de renta variable actuales han evolucionado más que los mercados ponderados por capitalización tanto de gestión pasiva como activa. "Hoy en día, un tercer pilar, 'smart beta', emerge con fuerza persiguiendo factores sistemáticos, sin ponderar por capitalización bursátil ni razones temáticas, buscando capturar primas exclusivas, y generalmente a muy bajo coste".

David Cienfuegos, director de Inversiones de Towers Watson España, considera que "los desarrollos tanto en los mercados de valores como en la industria han añadido complejidad y amplitud, en términos de productos y herramientas empleados para la construcción de carteras. Para construir una cartera de renta variable, ya no es suficiente escoger exposición a beta tradicional y uno o dos gestores activos. El inversor, o propietario de activos, tiene la opción de desarrollar las nuevas habilidades para construir carteras o delegar esta tarea a terceros”.

A su entender, los propietarios de activos han de ser escrupulosos al seleccionar gestores, además de construyendo carteras, para poder identificar gestores activos cualificados dentro de un universo muy competitivo con una gran cantidad de opciones. Un principio imprescindible es asegurarse de que los gestores activos son los mejores en su clase y que proporcionan estrategias de inversión diferenciadas que no se puedan replicar de forma económica a través de estrategias de smart beta. Dichos propietarios deberían abrirse a nuevas primas de riesgo y rentabilidad, como puede ser, por ejemplo, combinar estrategias “long-short” junto con una cartera exclusivamente de renta variable meramente a largo plazo.

Cienfuegos indica que en su firma analizan gestores en todo el mundo. "A menudo, los mejores gestores de renta variable se encuentran en boutiques creadas para aportar una mejor atención al cliente. La mayoría de estos gestores administran el dinero de individuos con gran patrimonio o manejan un hedge fund. Frecuentemente vemos que tanto su capacidad como sus habilidades son muy diferentes. Por ejemplo, este tipo de gestores tienden a pensar en términos de rentabilidad absoluta y no relativa a índices de mercado”, afirma.

En opinión de la firma, los inversores que busquen obtener una alta rentabilidad esperada a través de una gestión activa, deberían considerar ampliar las estrategias de su cartera de renta variable para incluir mandatos altamente concentrados (10-20 valores) compuestos sólo de las mejores ideas del gestor activo. Varios estudios han demostrado que los gestores añaden valor a su cartera a través de la selección convicta de ciertas acciones, pero destruyen valor con activos en los que no muestran esa convicción y que se encuentran infraponderados en su cartera. Por ello, las carteras más concentradas, que incluyan solamente los activos elegidos expresamente siguiendo las convicciones de los gestores, llevarán a mejores resultados.

"En un mundo altamente competitivo, creemos que los propietarios de activos deberían, o bien simplificar su estrategia (por ejemplo, elegir una gestión pasiva) o bien dar un salto de calidad, con el fin de hacer frente a la mayor complejidad y beneficiarse de ella. Si bien existe una grata recompensa en términos de rentabilidad por apostar por este último enfoque, es cierto que exige modelos de gobierno interno más avanzados y mejores habilidades de creación de carteras por parte del propietario de los activos y, por tanto, no tiene por qué ser apropiado para todos. Cada inversor institucional debe determinar qué nivel de complejidad es apropiado, teniendo en cuenta sus necesidades y sus políticas de buen gobierno", sostiene Cienfuegos.

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