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Todo lo que necesita saber sobre smart beta (y aún no le han contado)


El uso de estrategias de smart beta ha pasado de ser minoritario a un valor al alza. Aitor Jauregui, responsable de desarrollo de Negocio para España, Portugal y Andorra de BlackRock, certifica este interés con algunas cifras: “La industria de ETF está viviendo otra vez un año de récord. Han entrado 79.000 millones de dólares en ETF hasta el 16 de mayo, de los cuales 18.500 se han dirigido a estrategias de smart beta. Esto supone que casi uno de cada cuatro dólares de los flujos a ETF de 2016 se han invertido en ETF de Smart beta. El año pasado la proporción era uno de cada diez dólares”, resume.

El experto trae a colación un estudio publicado recientemente por la firma de consultoría Greenwich Associates. Según dicho estudio, más del 20% de los institucionales ya están invirtiendo parte de su patrimonio en ETF de smart beta. De dicha proporción de usuarios, el 57% prevé aumentar su asignación en el próximo año, y la mitad de ellos la aumentarán un 10% o más (leer más). En todo caso, la expectativa de la firma americana es que el peso de las estrategias de smart beta en las carteras de los inversores institucionales pase del 8% actual al 20% en tres años. El entorno de tipos bajos, el repunte de la volatilidad y un mayor conocimiento de las estrategias jugarán a favor de esta tendencia, explica Jáuregui.

El representante del BlackRock añade tres razones de tipo operativo que justifican este interés creciente por parte de los inversores. La primera es que “ayudan a mejorar la rentabilidad/riesgo”. La segunda, que esta clase de productos presentan unos bajos costes de gestión; la mitad de productos de smart beta disponibles en el mercado presentan un TER inferior a 50 puntos básicos, y que los de iShares se sitúan entre los 20 y los 40 puntos básicos en el caso de los de mínima volatilidad, y en 50 puntos básicos los multifactoriales. “Cada vez hay más proveedores de ETF, lo que supone un aumento de la competitividad. En el año 2012 había una cincuentena de proveedores de productos de Smart beta, y ahora hay 92. Por tanto, existe la posibilidad de que se sigan viendo TERES a la baja en el futuro”, comenta el responsable de desarrollo de negocio.

El tercer factor que explica el auge de este tipo de estrategias que huyen de la convencionalidad es el alto grado de transparencia de su cartera: “El empaquetado de las carteras permite al inversor ver la composición de los índices”, concluye el experto.

Tres formas de implementación

BlackRock ofrece tres tipos de estrategias de gestión pasiva (a través de su proveedor iShares) que se encuadran dentro del smart beta: mínima volatilidad, factores de riesgo y dividendos. El responsable de desarrollo de negocio recuerda que las estrategias de mínima volatilidad se basan en la sobreponderación de las acciones de un índice con menor volatilidad y en la infraponderación de las de mayor volatilidad. La desviación del índice de Mínima Volatilidad respecto del índice genérico puede oscilar entre +/-5% tanto sectorial como geográficamente, con el objetivo de garantizar la diversificación de la cartera. 

Los resultados de la estrategia respecto al índice tradicional son evidentes: en lo que va de año, el índice de Mínima Volatilidad sube un 1,94%, mientras que el MSCI EM se anota un 0,78%, con volatilidades del 18,96% y el 15,17% respectivamente. Existen no obstante casos más notables: la diferencia entre el S&P 500 y el S&P 500 Min Vol es de casi 700 puntos básicos: el primero avanza un 0,71% en el año y el segundo, un 7,17%, con sendas volatilidades del 16,8% y del 14,68%.

“La visión de BlackRock es que el escenario de volatilidad al alza se va a prolongar durante un tiempo”, indica Jáuregui. Asimismo, interpreta que los 10.500 millones de dólares que iShares ha captado en estrategias de Mínima Volatilidad son un reflejo de que los inversores institucionales tienen una visión en línea con la de la casa. Jáuregui indica asimismo que los ETF de Mínima Volatilidad son una buena herramienta para los inversores que buscan productos con un enfoque de protección del capital. En el caso del iShares Edge MSCI EM Minimum Volatility UCITS ETF, indica que puede captar el 90% de la subida del mercado y protegerse frente al 50% de las caídas.

La segunda solución que aporta la gestora es la inversión en factores de riesgo o factor investing. En concreto, la gama de iShares cubre los factores value (acciones infravaloradas en relación con sus fundamentales), quality (compañías con balances sólidos y beneficios estables), momentum (acciones con mejor rentabilidad/riesgo), size (equipondera los valores, asignando así más peso a los valores de menor capitalización), la ya citada volatilidad mínima y multifactor (una combinación de los factores value, size, quality y momentum equiponderados).

La tercera solución son los ETF que invierten en dividendos. Son de las estrategias de smart beta con mayor track record, pues los primeros fondos cotizados de este tipo fueron lanzados en torno al año 2003. “Históricamente, ha sido la estrategia de smart beta con mayor patrimonio hasta el lanzamiento de la gama de volatilidad mínima (en 2011 en EE.UU. y en 2012 en Europa). Actualmente, las estrategias de dividendos tienen un patrimonio de 33.000 millones de dólares y las de mínima volatilidad, 32.000 millones de dólares”, comenta Jáuregui.

Desde la firma han detectado que los inversores institucionales no sólo están aumentando su asignación a smart beta, sino que además le están dando un uso cada vez más estratégico a este tipo de productos. Jáuregui considera que esta tendencia se debe por una parte a que los ETF son instrumentos “operativamente sencillos de implementar” y que están demostrando su capacidad para proveer de liquidez al mercado; por otra parte, observa que también tiene que ver el aumento de la popularidad de este tipo de productos que sean “fáciles de entender, y fáciles de explicar al cliente final”. ¿Qué deben esperar los inversores de esta tendencia en el futuro? “Prevemos la aparición de productos de smart beta que invierten en renta fija. La industria evolucionará en esa dirección”, concluye Jáuregui.

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