¿Tienen sentido los temores sobre el colapso del sistema financiero?

  • 26/10/2011

Los profundos problemas de la periferia de la zona euro se deben a una situación de deuda insostenible y a la incierta perspectiva económica que ello provoca. Como consecuencia, no sólo Grecia, sino también Portugal e Irlanda tienen necesidad de la ayuda de los otros miembros. Cuando comenzó la crisis griega, la zona euro estaba poco preparada, con gobiernos divididos e instituciones lentas. Las agencias de calificación crediticia han contribuido a la percepción general de un retroceso a 2008.

Debido a sus posiciones en deuda soberana, el sector bancario europeo tiene problemas de solvencia así como problemas de financiación. Esto ha acarreado una desconfianza generalizada, pero los inversores no han discriminado en absoluto. En primer lugar, no todas las instituciones bancarias son tan débiles como los inversores parecen pensar. Los últimos test de estrés no están libres de críticas, pero muestran que sólo una minoría de los bancos tiene que mejorar su base de capital. En segundo lugar, el BCE ha demostrado su habilidad para actuar rápidamente para apoyar el mercado interbancario, proporcionando la liquidez necesaria. Recientemente anunció dos subastas de liquidez ilimitada a un año y retomó las compras de bonos garantizados del sector bancario (40.000 millones de euros).

Además de los tres países ya mencionados, Italia y España se consideran la principal amenaza para la estabilidad financiera. Pero no se puede generalizar: ambos países no pertenecen a la misma categoría. Está claro que ambos están atravesando dificultades, pero uno (España) las está afrontando de modo activo, mientras el otro parte de una situación mejor (Italia, con un superávit importante). A través de su compra de bonos italianos y españoles, el BCE ha ayudado a controlar el alza de los tipos de interés a largo plazo para estos países, reduciendo el riesgo de contagio.

Europa se enfrenta a una crisis real, pero el riesgo de una quiebra total del sistema financiero parece remoto. Por fin se están tomando medidas concretas: redefinir y ampliar el FEEF (440.000 millones de euros) ayudará a enfrentarse con la situación actual. Se va a enviar la ayuda a Grecia (8.000 millones de euros a principios de noviembre) y, si se gestiona adecuadamente, una quiebra griega ordenada sería asumible. Finalmente, los gobiernos están preparados para actuar (el acuerdo sobre Dexia es un buen ejemplo). El progreso será doloroso, costoso y lento pero llegará y añadirá una mayor coherencia al proyecto europeo.

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