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¿Tapering o no? Las gestoras internacionales contextualizan las últimas medidas del BCE


La expectativa del mercado era de que Mario Draghi moviera ficha tras conocerse el resultado del referéndum italiano, y así ha sido, aunque con algunas sorpresas. Lo más destacado ha sido la decisión de seguir comprando 80.000 millones de euros al mes… pero sólo hasta finales de marzo de 2017. A partir de abril del año que viene, se reducirá a 60.000 millones hasta diciembre (lo que significa que en la práctica se extiende la duración original del programa), con la intención de “incrementar el programa en términos de tamaño y/o duración” en el caso de que “las previsiones se vuelven menos favorables, o si las condiciones financieras se vuelven incoherentes en relación a un mayor progreso hacia un ajuste sostenido del ritmo de inflación”.

En los últimos meses se había especulado asimismo con un cambio en el universo elegible de bonos para el QE, ante la escasez de opciones disponibles. Dudas resueltas: a partir de enero, el programa de compra de bonos soberanos tendrá disponibilidad para adquirir títulos con vencimiento hasta un año, cuando hasta ahora el límite estaba en dos años. Igualmente, se podrán adquirir bonos con una rentabilidad a vencimiento inferior al tipo de la facilidad de depósito, es decir, que si fuera necesario el BCE podría comprar bonos con un rendimiento inferior al -0,4%.

La autoridad monetaria modificó ligeramente sus previsiones de inflación: espera un 1,3% para 2017 (frente al 1,2% anterior), un 1,5% para 2018 (frente al 1,6% previo) y un 1,75 para 2019. Adicionalmente, Draghi expresó su voluntad de mantener los tipos “a niveles actuales o inferiores durante un prolongado periodo de tiempo, y más allá del horizonte de nuestro programa de adquisiciones”. Es decir, que los inversores seguirán recitando el mantra “lower for longer” al menos un año más en Europa.

En la reunión se comunicó una última novedad relativa al programa PSPP (de adquisición de bonos corporativos): a partir de ahora, los bancos centrales del Eurosistema (el Banco Nacional de Bélgica, el Bundesbank, el Banco Central de Irlanda, el Banco de España, el Banco de Francia y el Banco de Holanda) tendrán la posibilidad de aceptar efectivo como colateral, con un límite conjunto de 50.000 millones de euros. La opción será ofrecida con una comisión igual a la tasa de la facilidad de depósito menos 30 puntos básicos (es decir, de -70 puntos).

El anuncio provocó la depreciación del euro y una oleada de compras entre las principales referencias europeas de deuda soberana, encabezadas por la deuda portuguesa y la italiana, que volvió a descender por debajo del 2%. Los bunds de menor duración experimentaron un rally que permitió que la curva alemana se inclinase un poco, con un comportamiento inferior de los bonos de medio y largo plazo. “Las noticias también deberían ser buenas para la deuda financiera y la renta variable, debido a que la curva está más inclinada”, indica Cosimo Marasciulo, gestor de Pioneer Investments. Éste describe el movimiento del BCE como “soft taper” y considera que “da pistas sobre una promesa al Consejo Gobernante del BCE, aunque Draghi destacó en la rueda de prensa que no ha habido debate sobre un tapering en la reunión”.

¿Tapering o no?

Marasciulo establece una diferencia entre el stock de bonos presente en el balance del banco y el flujo de bonos comprados por los bancos centrales: “Nuestra sospecha es que el BCE está más interesado en el stock o, en otras palabras, la cantidad total de bonos que ha estado comprando”, afirma. Según el anuncio de ayer, la entidad adquirirá 540.000 millones de euros entre marzo y diciembre de 2017, frente a los 480.000 millones que habría comprado en seis meses si no hubiese alterado el programa. “Sin embargo, el mercado, siendo un poco más cortoplacista, tiende a centrarse en que la cantidad actual comprada mensualmente caerá a 60.000 millones después de marzo. Esto explica probablemente por qué el BCE considerará que ha extendido su QE, pero el mercado considerará que el BCE ha empezado un tapering”, concluye el gestor.

Yves Longchamp, responsable de análisis de ETHENEA, cree en cambio que se ha dejado fuera de discusión el posible recorte de los estímulos: “Draghi dijo que el programa QE es open-end y que la presencia del BCE en el mercado será visible durante todo el próximo año”. Longchamp afirma que, con esta declaración, “Draghi equilibró la incertidumbre de la agenda política europea de 2017 con la certeza de la política monetaria europea en 2017”.

Patrick O’Donnell, gestor de Aberdeen, considera que el nuevo paquete de medidas “es menos de lo que se esperaba y cogerá a los mercados con la guardia baja”. Si bien el gestor piensa que “el BCE se ha asegurado una cierta flexibilidad si las perspectivas se vuelven menos favorables, lo cual podría proporcionar cierta comodidad”, alerta de la dificultad de mantener el listón alto: “Hemos visto en el pasado que cualquier cosa que no sea un compromiso incondicional tiende a producir resultados poco favorables en el mercado”.

“La decisión del BCE de extender su programa de adquisición de activos al tiempo que reduce la cantidad mensual en 20.000 millones es extremadamente prudente y previsora, al reflejar los riesgos de inflación al alza tras la subida del precio del petróleo y las perspectivas crecientes de que haya un mayor gasto fiscal el año que viene”, afirma Morgane Delledone, analista de ETF Securities.

Ésta recuerda que entre 2017 y 2018 celebrarán elecciones países que suponen más del 70% del PIB de la eurozona conjuntamente, por lo que “es probable que la incertidumbre política limite las ganancias del euro”. En este contexto, “y en ausencia de una genuina reforma económica, también es probable que se obligue al BCE a hacer más en términos de gestión de la curva para actuar como muro de contención del deterioro bancario”.

 

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