Tapas y (buenos) vinos por copas desde 1827


Las tapas y los vinos coparán su atención en la barra de La Cruzada En los vagones del Metro de Madrid, hay carteles con fragmentos de obras literarias. En las paredes de La Cruzada, una céntrica taberna que reabrió sus puertas en verano, las paredes están adornadas con artículos de periódicos antiguos.

Las tapas y los vinos coparán su atención en la barra de La Cruzada En los vagones del Metro de Madrid, hay carteles con fragmentos de obras literarias. En las paredes de La Cruzada, una céntrica taberna que reabrió sus puertas en verano, las paredes están adornadas con artículos de periódicos antiguos.

Cuentan, entre otras historias, cómo al rey Alfonoso XII le gustaba escaparse del Palacio de Oriente y pasar por allí para tomar algo tranquilamente. El emprendedor Ricardo Martín ha dado un nuevo impulso a La Cruzada, que fue fundada por un aguador en 1827 y que, según cuentan en el establecimiento, era frecuentada por escritores como Benito Pérez-Galdós y Pío Baroja. Martín ha querido mezclar tradición e innovación en el renovado local.

La primera viene de la mano de la decoración, en la que se han respetado muchos elementos de una taberna de las de toda la vida. La innovación va de la mano de los fichajes que ha hecho para la nueva etapa: dos chefs y el sumiller Iván Vara del prestigioso Goizeko Wellington. La Cruzada se compone de un restaurante a la carta, con un precio medio de 60 euros por persona, en el que me llamó la atención una mesa con referencias imprescindibles de destilados: los maltas The Glenrothes, The Macallan e incluso el particular Laphroaig; el bourbon Maker's Mark y la ginebra Citadelle. Pero lo destacable, en mi opinión, son las tapas y los vinos. Los caldos en la carta del restaurante son más de 700. Vara, además, se ha molestado en incluir una pequeña información en cada una de las referencias, como la nota de cata, por lo que sólo curiosear debe ser entretenido para el comesal aficionado.

Y, en la barra, el entretenimiento principal es observar las botellas que componen la selección Los 100 Magníficos de La Cruzada, elaborada por Vara y que lucen orgullosas tras una cristalera. Entre ellas hay exclusivos clásicos como Pingus, Abadía Retuerta y Vega Sicilia. Además, los responsables del local seleccionan cada poco tiempo 16 referencias. Y las sirven por copas, algo que se ya se echaba de menos en la hostelería española, mediante unos dispensadores de nitrógeno que paralizan el ciclo del vino y ayudan a su conservación una vez esté abierta la botella. De la escueta pero suculenta carta de tapas gourmet me encantó la tortila de patata con cebolla caramelizada. Vigilen la hora a la que acuden si quieren probarlas todas. Hay algunas que no se sirven si la cocina está cerrada. En definitiva, una buena opción para tomar una buena tapa y una copa de buen vino. Y, sobre todo, para respirar Historia. ¿No presumen en Cañas y Tapas de estar abiertos desde 1989?

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