¿Tan mal está Japón? Oportunidades tras la mayor salida de capital extranjero desde 1987


El apetito del inversor extranjero por la renta variable japonesa ha permanecido dormido desde 2015, desanimados por el estancamiento de su economía. Pero en el último cuatrimestre de 2018 el desánimo rozó niveles históricos. Según datos del Tokyo Stock Exchange, los inversores extranjeros retiraron el año pasado más de 5 billones de yenes de la bolsa japonesa. Es el mayor nivel de salidas netas desde 1987. Y las valoraciones se han movido a la par que la fuga de capital. Tal es así que las estimaciones de PER a 12 meses ya rozan mínimos cercanos a periodos de crisis como el verano de 2012 o 2008. 

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¿Qué justifica tal corrección? Del lado de la macro, los datos de crecimiento del tercer trimestre de 2018 dieron un giro a la baja y la inflación sigue por debajo del objetivo del Bank of Japan. Pero para Ken Maeda, gestor del Schroder ISF Japanese Opportunities, el mercado ha descontado un escenario demasiado negativo. “Debido a las preocupaciones acerca del entorno estamos viendo un cambio en el momentum, pero no vemos señales de una recesión inminente”, defiende. 

De hecho, hay motivos para estar positivos con la región. No se puede negar el impacto negativo de la guerra comercial en el segmento manufacturero, donde ya se han dado casos de revisiones a la baja en las expectativas de resultados. Pero el gasto corporativo doméstico sigue sólido y, en términos de PIB, el consumo sigue siendo el motor de la economía japonesa. Además, la tasa de paro aún está en niveles bajos, sobre el 2,5% e incluso hay presión salarial creciente. 

La problemática temporal de un contrarían 

Con todo, 2018 castigó a los optimistas y recompensó a quienes huyeron hacia activos refugio. Tal es así que la brecha entre los low y los high beta stocks se ha ensanchado notablemente, como se aprecia en los gráficos a continuación. El fondo de Maeda, el Schroder ISF Japanese Opportunities, tampoco se libró de la corrección en small caps japonesas. Al igual que durante la burbuja tecnológica del 2000, Maeda ve que hay inversores que están persiguiendo los acciones beneficiados por el momentum. “Siento que los valores defensivos están sobrecomprados en estos momentos”, afirma. El experto defiende que mantendrá su espíritu contrarían, si bien vigilará el riesgo de recesión. 

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Los años negativos son gajes de ser un contrarian. Desde que Maeda es gestor del fondo, en 2007, la estrategia se ha quedado rezagada en tres ocasiones. Y en las tres han recuperado terreno cuando la euforia o el pesimismo se calmase. De hecho, 2018 es el único año de los últimos cinco que el fondo no ha batido a su índice de referencia, el TOPIX Total Return. 

Así, el fondo seguirá buscando oportunidades en tres nichos. El primero, en acciones estables y de crecimiento, con un ROA y márgenes más altos que la media. Este tradicionalmente ha sido un gran generador de alpha para el fondo, pero ha ido perdiendo peso en los últimos meses ya que, para Maeda, se han encarecido como consecuencia de la huida hacia la calidad. El segundo, en valores poco cubiertos por el sell y el buy-side, donde el equipo de Schroders puede explotar ideas infravaloradas. Ahora es el mayor foco del fondo, aunque ello ha supuesto sufrir durante 2018. Por último, apuestas contrarian en valores que están atravesando problemas temporales y tienen potencial para recuperarse tras un castigo excesivo del mercado.  

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