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Sostenibilidad e inversión en el nuevo paradigma energético


TRIBUNA de María Jesús Báez, CFA, miembro de CFA Society Spain y Manager en Creara Energy Experts. Tribuna perteneciente a la serie Visión de Fondo del Profesional CFA.

La transición energética describe el paso de un modelo energético centralizado, con grandes plantas de producción de energía en el centro del sistema, a un modelo de generación descentralizada en el que el centro del sistema lo ocupa el consumidor. Este es el enfoque que han desarrollado las distintas directivas europeas y la propuesta de la Comisión Europea (denominada paquete de invierno) para avanzar en el objetivo de la descarbonización de la economía, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero entre un 80% y 95% en 2050.

Para avanzar en este proceso, España requeriría de al menos 300.000 millones de euros hasta 2050, para desarrollar una estrategia integral de fomento de energías renovables, medidas de eficiencia energética y gestión inteligente de la demanda (TIC,s). Las medidas y tecnologías a implementar son diversas: edificios de consumo de energía nulo, autoconsumo, almacenamiento, microrredes inteligentes, puntos de recarga para el vehículo eléctrico, sistemas urbanos eficientes de calor y frio, etc. Un nuevo paradigma en el que las tecnologías de generación y de gestión de la demanda se convierten en palancas para una nueva economía productiva que afronte los retos de la protección del medio ambiente y de la lucha contra el cambio climático.

El desplazamiento que se está produciendo en las inversiones desde los combustibles fósiles y la energía nuclear hacia las energías renovables demuestra que la mayor parte de los países del mundo se están preparando para el cambio de modelo energético. Los fondos de inversión y los bancos se han puesto a la cabeza con sus recomendaciones de invertir en energías limpias y se puede afirmar que las grandes naciones compiten por el liderazgo global en las nuevas tecnologías de generación y eficiencia energética.

En el mundo se está creando un nuevo entramado industrial y tecnológico protagonizado por las grandes alianzas empresariales entre las empresas del sector que dominan la implantación de las nuevas tecnologías: fabricantes de equipos, fotovoltaicos, baterías de almacenamiento, empresas eléctricas colaboran con fabricantes de automóviles, constructoras e inmobiliarias. Estas transformaciones están dando lugar a una nueva economía productiva muy diferente a la que hemos conocido con las energías convencionales.

Ya es un hecho que la inversión sostenible es rentable, incluso sin tener en cuenta las externalidades (impacto medioambiental, en la salud, creación de empleo, etc.). Hay alternativas probadas y viables tecnológica y económicamente para el cambio de modelo energético. El Foro Económico Mundial ha calculado para los próximos diez años un ahorro de 2,4 billones de dólares a las economías de la OCDE por la mayor eficiencia energética, gracias al empleo que creará y la rápida caída de los costes energéticos. Además, el Centro de Investigación en Energía del Reino Unido (UKERC) calcula que los hogares en RU podrían ahorrar un 25% de la energía consumida mediante medidas de eficiencia energética y energía inteligente; estima que las inversiones tendrían una rentabilidad a 2035 de 7.500 millones de libras sin contar externalidades y de hasta 47.000 millones de libras incluyendo impactos en la salud, la actividad económica y beneficios para el sistema de electricidad.

Los proyectos de ahorro energético y energías renovables permiten obtener no solo beneficios medioambientales sino también mejoras de productividad y retornos atractivos para las empresas. Por ejemplo, en el sector industrial se pueden conseguir ahorros interesantes asociados a inversiones en equipos energéticamente más eficientes y en el sector servicios al invertir en medidas de eficiencia energética en iluminación y climatización. Después de estudiar 60 millones de edificios, Google ha concluido que el autoconsumo fotovoltaico es viable en 4 de cada 5 viviendas en EE.UU. De hecho, en el estado de California, recientemente la Comisión de Energía aprobó una medida que hace obligatorio el uso de paneles solares en casas de nueva construcción a partir de 2020.

Sin embargo, muchas veces los consumidores dejan pasar oportunidades atractivas de inversión porque no disponen de los fondos suficientes (o no desean invertirlos en medidas de eficiencia energética), por desconocimiento del modelo de negocio, o por desconfianza en los flujos de caja del proyecto (los ahorros energéticos), entre otras razones.

El asesoramiento por parte de empresas especializadas del sector que confeccionan el plan financiero a medida es imprescindible. Un socio adecuado asegura una implantación efectiva de las medidas que generen los ahorros energéticos proyectados y financian el proyecto o realizan la búsqueda de capital en el mercado.

Por ejemplo, una ESCO (Empresa de Servicios Energéticos), proporciona servicios energéticos o de mejora de la eficiencia en las instalaciones o locales de un usuario y presenta las siguientes ventajas al usuario:

• Baja inversión inicial. Aporta los recursos necesarios y la inversión se recupera con los ahorros generados por los proyectos de ahorro de energía

• Garantía de resultados. Los pagos se relacionan directamente con los resultados medidos que se obtienen del proyecto implementado

• Transferencia de riesgos técnicos y financieros a la ESCO, ya que su rentabilidad está directamente asociada al éxito del proyecto

• Optimización de proyectos técnicos, porque la ESCO tiene una visión orientada a la eficiencia

Según el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), hay más de 1.000 compañías registradas que ofrecen proyectos relacionados con la eficiencia energética. De estas, una minoría ofrece contratos de servicios energéticos: en general son grandes compañías que, con sus amplios ingresos, tienen la capacidad financiera suficiente para desarrollar proyectos sin necesidad de terceros. Algunas instituciones financieras consultadas opinan que la principal barrera para el desarrollo del mercado es la falta de demanda apropiada, la falta de un marco regulatorio para proyectos tipo ESCO y el alto riesgo percibido por las empresas.

En España, el mercado de este tipo de proyectos tiene un potencial económico muy interesante: un estudio realizado por Creara lo valora en cerca de 10 mil millones de Euros solo en el sector terciario. La creciente demanda de electricidad y calor, junto con la existencia de equipos de baja eficiencia en  el parque de edificios español, confirma el gran potencial de la eficiencia energética que podría ser explotado gracias a acuerdos entre una ESCO y el cliente final.

Con los objetivos medioambientales marcados para el 2020 y los que se están negociando para los próximos años, España debe realizar un importante esfuerzo de implantación de proyectos renovables y eficiencia energética. Apostar por un nuevo modelo energético no es solo una manera de cumplir con los compromisos, sino también una forma de producir y consumir energía que fomenta el crecimiento sostenible de la economía y la creación de empleo a largo plazo; entre otras razones, por la menor dependencia externa en fuentes de energía como el petróleo, en un contexto de incremento de precios y una alta volatilidad de los mismos. Las empresas españolas (tanto las grandes como las PYME) están bien posicionadas para aprovechar la tendencia hacia un modelo integrado de renovables, eficiencia energética y TICs (p. ej. empresas como Elecnor, Ormazabal, y ZIV ofrecen soluciones innovadoras y competitivas para el sector “cleantech”).

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