Sostenibilidad del “milagro español”


Un factor diferencial de España frente a sus socios europeos está siendo el fuerte crecimiento de las exportaciones, en un contexto en el que la demanda global todavía no es muy expansiva. Lógicamente, este resultado ha sido a costa de ganar cuota de mercado. Al formar parte de una unión monetaria, los países periféricos no han tenido el recurso de depreciar sus divisas, y sí la necesidad de implementar una solución más quirúrgica y dolorosa para la sociedad: la contracción nominal de los salarios, también conocida como devaluación interna, junto con un mayor perfil de internacionalización, lo que ha favorecido una mejora sustancial de la balanza por cuenta corriente, especialmente en los países periféricos.

España es el principal ejemplo. Desde el año 2008, los salarios en términos reales se han contraído un 15%, cifra similar al crecimiento de las exportaciones. Las exportaciones crecen y las importaciones en el mejor de los casos se mantienen debido a las losas (alto endeudamiento e inexistencia del crédito bancario) que sigue sufriendo la demanda interna. Hasta ahora, gran parte de la ganancia en productividad ha tenido su origen en la reducción del personal utilizado y no en mejoras competitivas sostenibles a largo plazo (componente de inversión en I+D). Por lo tanto, bajo esta hipótesis, el recorrido adicional de mejora de la competitividad es limitado (partimos de una elevada tasa de desempleo en España, cercana al 27%), salvo que se modifique el origen de la pauta.

En un entorno de congelación de salarios, un aumento del consumo sólo puede venir por un mayor endeudamiento, una menor presión impositiva (algo complicado dada la situación de las cuentas públicas) o una reducción en la tasa de ahorro. La gran mayoría de las familias españolas no se plantean apalancarse adicionalmente a su posición actual ni reducir el colchón de ahorro en el caso de que lo tengan, dada la inestabilidad del mercado laboral. Probablemente, el próximo catalizador para ver crecimientos del PIB superiores al 1% sea un aumento de la inversión privada, cuyos niveles de partida son históricamente bajos. Y no me refiero al sector de la construcción en España, que ha pasado de ser responsable de un 13% del PIB a menos del 5%. Para ello, las empresas necesitan mayor visibilidad (demanda potencial) y acceso a los mercados de financiación a un coste atractivo.

La menor austeridad aplicada en los últimos meses, con la permisividad de la Comisión Europea, ha beneficiado a aquellas economías más lastradas como la española y la italiana. Es un síntoma preocupante si no pestañean al leer estas tres afirmaciones:

1. En los últimos 4 años, España ha gastado más de 400.000 millones de euros por encima de la recaudación.

2. La deuda pública sobre PIB alcanzará niveles próximos al 100% en 2014 según PGE. Si tomamos los datos del FMI, España alcanzará niveles del 105% en 2018.

3. La cuantía dedicada al pago de intereses ha alcanzado al importe destinado a prestaciones por desempleo.

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