Sorpresa americana


Estados Unidos es la esperanza blanca de la economía mundial y tras los últimos datos de China y sus propias previsiones de desaceleración del PIB, superando (a la baja) las de buena parte del consenso, aún más. 

 

Ello viene a ser lo mismo que asumir la teoría del “desligamiento” pero esta vez aplicada al gigante norteamericano.  ¿Conseguirá crecer de verdad la economía estadounidense un 2,5% o 3% este año 2012 como una mayoría pronostica? 

 

Un crecimiento real del PIB de alrededor del 3% desde luego podría suponer el soporte necesario para que los beneficios empresariales consigan sostenerse en niveles aceptables y para que quizás sea un buen año para los activos de riesgo en general y la bolsa en particular, como de nuevo el consenso apunta. Los datos macro publicados en los dos o tres últimos meses habrían sido no sólo buenos sino lo suficientemente buenos para que el fantasma de la recesión, que ya asola Europa, se haya alejado definitivamente… pero ¿es así en realidad? Pues bien, sin entrar en detalle en la cuestión, les apunto que el dato al que más se aduce para el renovado optimismo, el empleo, es en realidad más bien un indicador retrasado que adelantado. Invariablemente, los datos de empleo suelen mejorar en las puertas de los cambios cíclicos y de las mismas recesiones. El orden de las cosas es primero renta disponible, luego consumo y luego empleo. El primero ha mostrado declive en los últimos meses, mientras que el segundo en términos agregados también ha mostrado un crecimiento descendente. Por tanto, los datos ya publicados (no indicadores) no muestran en realidad una aceleración de la economía. 

 

Del PIB (del cuarto trimestre) ni hablo porque es uno de los indicadores retrasados por excelencia y sujeto a múltiples revisiones. Añadan a esto indicadores en tiempo real que suelen proporcionar un buen barómetro del tono real de la economía. Tanto el de transporte por carretera (recogido por el índice Ceridian) como el de transporte ferroviario (el AAR) han proporcionado niveles preocupantemente bajos en los últimos meses y semanas y muestran crecimientos interanuales claramente negativos.

 

Por cierto, el índice bursátil Dow Jones de transporte (otro indicador adelantado) inició un descenso hace ya un mes. La conclusión por nuestra parte es que desde principios del año pasado hubo un cambio cíclico (descendente) de la economía y no nos hemos recuperado. Las bolsas lo recogieron en la primavera y por ello mientras no haya evidencia de una mejora clara y real pensamos que aquellas no pueden llegar lejos. Ello a pesar de un estímulo monetario sin precedentes (en tamaño y calidad porque da miedo ver lo que está entrando en el balance de la Fed) que se extiende ya globalmente y que lógicamente ha alimentado el rally del último par de meses.  En un año de elecciones como este es previsible que el estímulo monetario sin precedentes continúe y aunque esto puede evitar la entrada en recesión este año no siempre lo ha conseguido.

 

Por el contrario, los datos macro que se irán conociendo en los próximos meses y trimestres probablemente decepcionarán las esperanzas de muchos sobre la supuesta recuperación sostenida de la economía estadounidense.  En este entorno entendemos que es mejor mantener baja la direccionalidad cíclica de las carteras y buscar fuentes alternativas de retornos, que pueden funcionar razonablemente bien en el entorno del consenso pero muy bien (en términos relativos) en el escenario arriba apuntado.

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