Soluciones de inversión para la gestión de la tesorería


En el entorno actual de tipos muy bajos, la gestión de la liquidez o tesorería supone un reto para todo aquel que quiera obtener rentabilidades reales positivas en su gestión.Una de las soluciones más utilizadas (por su infinidad de beneficios) eran los fondos monetarios, cuya proposición de valor podríamos resumir en tres puntos: rentabilidad, seguridad y liquidez.
 
Hace ya unos años que vivimos en un entorno de mercado caracterizado por tipos de interés históricamente bajos, así como de políticas monetarias muy acomodaticias. Estas políticas, llevadas a cabo a través de la puesta en marcha de mecanismos no convencionales, tuvieron por efecto provocar una bajada importante de las rentabilidades, especialmente en el mercado monetario. Los niveles del tipo Eonia pasaron de más del 4,5% en 2009 al 0,10% de hoy día. Al mismo tiempo, las rentabilidades ofrecidas por las emisiones de los principales estados europeos bajaron significativamente, como se observa en el bono alemán a 2 años, cuya rentabilidad es del 0,11%.

Para hacer frente a los bajos tipos de interés, los encargados de gestionar la liquidez han ampliado su horizonte de inversión pasando de fondos monetarios a corto plazo (cuya duración máxima es de 120 días) a fondos monetarios (cuya duración máxima es de 360 días), en niveles de duración similares a la renta fija a corto plazo. De hecho, los fondos monetarios no han dudado en invertir en bonos a corto plazo para mejorar el rendimiento.  
 
En estas condiciones actuales, ¿la gestión de renta fija puede ofrecer soluciones a la gestión de la liquidez, que busca rentabilidades atractivas, junto con una seguridad aceptable y una buena liquidez?. Para satisfacer las necesidades de los tesoreros de empresas o gestores de liquidez, es necesario ofrecer rentabilidades superiores a la de los fondos monetarios mencionados anteriormente para remunerar una cierta asunción de riesgo adicional y dar visibilidad a dicha rentabilidad independientemente de cuales sean las condiciones de los mercados (subida de tipos, inflación, riesgo soberano, etc…).

Esa es precisamente la solución que ofrecen los llamados fondos de rentabilidad absoluta de renta fija a corto plazo. Estos fondos tiene un objetivo de rentabilidad absoluta que se expresa como Eonia + x% a 1 año con un objetivo de preservación de capital, limitando la pérdida máxima en un horizonte adecuado (p.e. 12 meses). Se aprovechan de la gran variedad de motores de performance de los que dispone la gestión de renta fija, sobre todo en términos de arbitraje y estrategias direccionales para conseguir su objetivo de rentabilidad:
 
- Posicionamiento en la curva de tipos
- Exposición a Crédito
- Valores relativos: pares, bases (p.e.: convergencia entre el valor del bono y de instrumentos derivados)…
- Coberturas
 
En este tipo de estrategias, la diversificación es esencial con el fin de poder invertir en activos con poca correlación; Ello es posible gracias a la amplitud del universo de inversión:
 
- Bonos de gobierno de países desarrollados y emergentes
- Bonos corporativos Investment Grade
- Bonos High Yield
- Bonos Convertibles
- Divisas
- Instrumentos derivados Plain Vanilla
 
Sin embargo, la diversificación por sí sola no es suficiente para asegurar un buen control del riesgo de la cartera. Respetar el objetivo de preservación de capital hace que se lleve a cabo una gestión muy rigurosa de los riesgos. El nivel de pérdida máxima, expresada como porcentaje a un año, se materializa mediante un valor liquidativo “suelo”. La composición de la cartera se hace en función de dicha limitación. También se debe calcular la contribución de cada motor de rentabilidad a la volatilidad global. Esta última es objeto de controles diarios a través de escenarios de “stress test”.
 
Bien, pero, ¿qué pasa en caso de riesgos extremos?. Desde un punto de vista macro-económico, es difícil predecir las grandes crisis ligadas a eventos geopolíticos y económicos. Es por ello que las estrategias de retorno absoluto en renta fija privilegian estrategias de arbitraje, llamadas alpha, para hacerse menos sensibles a movimientos de los mercados ofreciendo al mismo tiempo una rentabilidad consistente. Incluso, en algunos casos, ellas mismas se pueden aprovechar de esos periodos de “stress” de los mercados.
 

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