Socimi y side pockets, demandas del sector que han quedado en el olvido


Desde el sector, en determinadas ocasiones, se "presiona" al regulador para crear nuevas figuras en el panorama español que, una vez reguladas, no son utilizadas, bien porque para cuando han sido aprobadas ya ha pasado la necesidad que se veía en su regulación, bien porque el momento de mercado no es el más adecuado. Esto es lo que ha pasado en los últimos años con, por ejemplo, las socimi o los side pockets.

 

Durante mucho tiempo, distintas voces del sector de la inversión colectiva pidieron la regulación de estas dos figuras que, finalmente, llegaron en distintos momentos al reglamento nacional pero ahora, años después de su legislación, siguen totalmente en desuso.

 

Las Socimi, figura con la que se conocen en España los REIT, se reguló en la Ley 11/2009. Se trata de sociedades anónimas cotizadas cuya principal actividad sea la inversión en activos inmobiliarios, de manera directa o indirecta de naturaleza urbana para alquilar. De hecho, el 80% de las rentas del periodo deben proceder de rentas del alquiler. Se lanzó esta figura, a imagen de los REIT, con el objetivo de proporcionar liquidez a las inversiones inmobiliarias, con el requerimiento de que tuvieran un capital mínimo de 15 millones de euros. Para garantizar su diversificación, se exige que inviertan en un mínimo de tres inmuebles con un máximo de un 40% en un solo inmueble.

 

Pese a que en distintos momentos se ha anunciado el lanzamiento de Socimi, la realidad es que, a día de hoy, no hay ninguna cotizando en la Bolsa española. El momento por el que pasa actualmente el sector inmobiliario nacional no hace de esta figura una opción interesante para las entidades promotoras por lo que parece que todavía habrá que esperar para que llegue la primera socimi cotizada. Fuentes del sector también apunta a que la obligatoriedad de que las Socimi coticen en en el mercado secundario oficial y no en el MAB también les resta atractivo. En otros países, los REIT son muy populares y, por ejemplo, en Estados Unidos su patrimono ha crecido en los últimos diez años de 90.000 millones de dólares a 200.000 millones de dólares, según la asociación estadounidense de REIT, Nareit.

 


Más desde el segmento de hedge funds y como consecuencia de la crisis financiera iniciada en 2007, se pidió a CNMV la regulación de la figura de los side pockets que quedó establecida a través del Real Decreto 749/2010, de 7 de junio de 2010  y se incorporó en la legislación española a través del nuevo artículo 28 bis introducido en la Ley de IIC por la Ley 5/2009, de 29 de junio. Esta figura permite separar los activos poco líquidos de un fondo de inversión para continuar con la gestión normal de la cartera sin que esos títulos dificultaran la operativa. Si la gestora española decide hacer uso de esta figura, debe comunicarlo a la CNMV, a los partícipes e incluir el hecho relevante en su página web.

 

Pues bien, año y medio después de su regulación, ninguna gestora nacional ha hecho uso de esta figura que, por otro lado está pendiente de que se aclare su fiscalidad.
 

 

Otra figura que está legislada y de la que tampoco se ha hecho uso todavía es de las clases de acciones para diferenciar productos por distribución de dividendos o divisa. En agosto de 2009 nacieron los primeros fondos de inversión con clases de acciones tras la aprobación de las Circulares 6/2008 y 7/2008 de la CNMV y actualmente ya hay 145 fondos que tienen participaciones, en concreto, 322 clases de acciones. La norma recogía que las clases de acciones podrían utilizarse para diferenciar dentro de un mismo fondo clases por diferentes comisiones, divisas de denominación o distribución de dividendos y, hasta ahora, tan sólo se han utilizado para el primer supuesto de manera que las gestoras están lanzando clases con distintos niveles de comisión destinados, generalmente, a distintos inversores como banca privada, cliente final o cliente institucional. También está recogido en el ordenamiento español la posibilidad de lanzar compartimentos de un fondo con distinta política de inversión, otra figura de la que todavía ninguna gestora ha hecho uso.

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