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Smart beta: Aplicaciones prácticas


TRIBUNA deLaure Peyranne Rovet, directora de ETF, Indexados y Smart Beta de Amundi Iberia. Comentario patrocinado por Amundi.

En los últimos años, los inversores institucionales han tenido que lidiar con el concepto de smart beta. Mientras que muchos han asignado fondos a una o más de estas estrategias, algunos no son conscientes de su superioridad sobre los índices ponderados por capitalización de mercado.

Los productos smart beta pueden proporcionar soluciones a problemas muy específicos. Los inversores podrían sorprenderse al descubrir que estas estrategias pueden utilizarse en diferentes escenarios para reducir el riesgo y mejorar el rendimiento, al mismo tiempo que se controlan los costes.

Estos son sólo algunos ejemplos de la forma en la que se puede utilizar el smart beta. Sin embargo, cada cliente es diferente y un gestor con recursos podrá encontrar una solución para sus necesidades específicas.

Mejorar los rendimientos de la cartera sin aumentar el riesgo

Las peculiares condiciones de mercado actuales plantean un dilema para los inversores institucionales. Actualmente la rentabilidad de la renta fija está en niveles muy bajos siendo un activo que normalmente es menos arriesgado que la renta variable. Los títulos de renta variable tienen retornos más atractivos, pero tienen más riesgo debido a su mayor volatilidad.

Ciertas estrategias smart beta, sin embargo, pueden permitir a los inversores cambiar una mayor parte de la cartera a renta variable sin aumentar el riesgo. El cambio de un índice ponderado por capitalización de mercado a un producto smart beta de baja volatilidad permite al inversor mejorar el perfil de rendimiento de su cartera sin aumentar la volatilidad.

Por ejemplo, comparemos el rendimiento de dos estrategias diversificadas por asignación de activos entre abril de 2009 y diciembre de 2015. La primera cartera tiene un 50% en acciones europeas con un enfoque de baja volatilidad y un 50% en un índice de bonos globales. La segunda cartera invierte un 40% en un índice de renta variable europea ponderado por capitalización de mercado y un 60% en un índice de bonos globales. A pesar de que la primera cartera tiene una mayor exposición a la renta variable, lo que sería una estrategia más arriesgada, ambas carteras tienen los mismos niveles de volatilidad.

La primera cartera permite a los inversores aumentar su asignación a acciones sin aumentar la volatilidad. Esto puede traducirse en un mayor rendimiento de la cartera. Durante este período, las acciones de baja volatilidad superaron al mercado, generando retornos del 100% para la primera cartera, mientras que la segunda cartera registró un incremento de sólo el 70%.

Integración de factores ambientales, sociales y de gobernabilidad en una cartera smart beta

Una fundación benéfica holandesa quería reestructurar toda su cartera de acciones para reflejar su ética cultural de responsabilidad social y buen gobierno, así como el acceso a los retornos superiores de las estrategias smart beta.

Pero esto generaba preocupación  ya que una asignación excesiva en factores ambientales, sociales y de gobernabilidad llevaría el rendimiento demasiado lejos de su benchmark.

El inversor también estaba preocupado de que un filtro ESG redujese demasiado el universo de inversión, diluyese las características smart del fondo y redujese el rendimiento de la cartera.

En el pasado, la fundación había logrado estos objetivos de inversión al tener diferentes gestores con mandatos específicos: algunos centrados en objetivos de ESG y otros con un enfoque smart beta.

Pero no es necesario emplear a diferentes gestores. Todos estos objetivos de inversión pueden aplicarse a la cartera entera. Primero, Amundi construyó un fondo con una serie de factores de inversión. A continuación, se aplicó un filtro ESG.

Este filtro redujo el universo de inversión en un 40%. Sin embargo, el uso de técnicas de reducción del riesgo, como minimizar la volatilidad y reducir la correlación, preservó la rentabilidad de este fondo.

Este fue el resultado ideal para la fundación holandesa. Todos los fondos podrían consolidarse con un solo gestor y podrían aplicar una estrategia smart beta además de un filtro ESG a la cartera entera. El resultado permitió reducir los costes sin que el rendimiento se desviara demasiado de su índice de referencia.

Uso del smart beta para mantener la preservación del capital

Las compañías de seguros europeas utilizan cada vez más estrategias conocidas como productos de seguros de cartera de proporción constante (CPPI, por sus siglas en inglés). Estos productos tienen un mix dinámico de efectivo y de renta variable que proporcionan una garantía de que el capital invertido no caerá por debajo de cierto valor.

Un producto típico tiene un vencimiento a cinco años y garantizaría que el valor del capital no caiga por debajo del  80%.

Estos productos son populares entre las compañías de seguros porque tienen un menor coste de capital que otras formas de inversión, lo que permite a la empresa cumplir con más facilidad las regulaciones de Solvency II. La promesa de preservación del capital también los convierte en productos muy populares entre el público retail.

Cuando el valor de la cartera cae a un nivel cercano a la cantidad garantizada en el producto, las acciones tienen que ser vendidas para asegurar que la promesa se pueda cumplir.

Una vez alcanzado el nivel de garantía mínimo, toda la cartera debe invertirse en efectivo ya que cualquier valor de renta variable adicional afectaría a la garantía de capital. Una vez que la cartera está totalmente invertida en efectivo, no puede ser reinvertida en acciones.

 Si bien esta política de venta de acciones garantizará que se cumpla la garantía de capital, el entorno de rendimiento bajo dificulta la generación de rentabilidad de una cartera invertida íntegramente en efectivo, ya que los rendimientos son actualmente negativos.

Además, el fondo es un vendedor forzado de acciones cuando los valores están cayendo, lo que reducirá aún más los beneficios. El lock in del  efectivo derivado de estos dos factores es un hecho muy negativo para este tipo de fondo.

Sin embargo, si el fondo utilizara una estrategia de renta variable de baja volatilidad en lugar de un índice estándar por capitalización de mercado, la probabilidad de alcanzar este umbral sería menos probable, reduciendo la probabilidad de que ocurra este evento extremo.

Los CPPI construidos utilizando estrategias de baja volatilidad han demostrado que tienen mucha menos probabilidad de desencadenar ventas forzadas. Entre finales de 2008 y enero de 2016, un CPPI que utilizó la estrategia del Amundi Europe conservative equity en lugar de las acciones del MSCI Europe mantuvo una asignación mucho mayor a la renta variable durante este período.

El fondo construido con el fondo de baja volatilidad de Amundi tiene una exposición mínima a la renta variable de 15% y un máximo de 81%, mientras que uno construido con el MSCI Europe tiene un mínimo de 4% y un máximo de 75%.

Uso de smart beta en lugar de un gestor activo tradicional

Un cliente canadiense que tenía una cartera de renta variable global estaba interesado en utilizar una estrategia activa en lugar de un índice estándar ponderado por la capitalización de mercado. El cliente quería que la cartera tuviera una exposición a acciones con altos dividendos, pero quería que estas acciones fueran elegidas con un análisis fundamental en lugar de un enfoque sistemático directo.

Ahora es posible construir una cartera smart beta con énfasis en acciones de altos dividendos utilizando factores cualitativos, y cuantitativos. Esto se logra mediante el uso de un filtro sofisticado que permite detectar parámetros más fundamentales, como la generación de flujo de caja, niveles bajos de deuda y rentabilidad. Estas métricas garantizan que los pagos de dividendos sean sostenibles a medio plazo.

La aplicación de un análisis fundamental mediante el uso de un filtro de alta calidad reduce el universo de 1.600 acciones invertibles a 650 acciones. A continuación, este universo se filtra para las acciones con altos dividendos, asegurando al mismo tiempo la diversificación óptima de la cartera mediante la selección de esas poblaciones con una correlación mínima. La cartera final sólo invierte en 100 acciones, pero cumple todos los requisitos del cliente.

El aumento tanto en términos de demanda de los inversores como de oferta de los gestores de activos en torno a las soluciones smart beta es hoy particularmente significativo. Estos ejemplos prácticos tienden a probar que el smart beta se puede utilizar para una gran variedad de propósitos, con los objetivos de mantener el rendimiento, mejorar la diversificación y reducir los riesgos.

Hoy en día, los inversores se benefician de una gran oferta para implementar estrategias smart beta, ya sea de gestión activa, de ETF, o de fondos indexados, y pueden ir un paso más allá aplicando un filtro smart beta a medida a una cartera existente para mantener las restricciones iniciales. Amundi, como gestora líder en Europa, está totalmente comprometido en acompañar a los inversores que decidan incorporar el smart beta en su asignación de activos y construir la solución adecuada para sus necesidades específicas.

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