Sesgos conductuales que afectan directamente al gestor de un fondo de inversión


La importancia que están adquiriendo la psicología y la sociología en el mundo económico es cada vez más evidente. En 2002, Dan Kahneman se convirtió en el primer y único psicólogo en recibir el premio Nobel de Economía. En 2013 Robert Shiller recibió el mismo galardón por su obra Exhuberancia Irracional. En 2017 fue Richard Thaler quien se llevó el reputado reconocimiento por su contribución a la economía del behavioral finance. Las finanzas conductuales inciden en los comportamientos individuales y los grupales del ser humano, evidenciando que la economía y las finanzas tienen un fuerte componente de psicología y sociología, pero –según Gonzalo Algorri, profesor del IEB y socio director de Algorri Consultores, “el behavioral finance no desplaza a las teorías clásicas de carteras, sino que únicamente las completan y las hacen evolucionar”.

Lo más interesante de las finanzas conductuales es que ponen de manifiesto una serie de sesgos que, en mayor o menor medida, afectan a todos los inversores, sean profesionales o no. “Cuanto mayor es la cultura financiera, mayor será su capacidad para controlar y reducir esos sesgos, lo que no significa que vaya a ser capaz de superarlos del todo”, afirma. En el caso de los gestores de fondos, por ejemplo, muchos tienen que combatir a diario algunos sesgos e ilusiones que, en ocasiones, les hacen cometer errores de inversión. Los más frecuentes se pueden aglutinar en cinco puntos:

1. Sesgo de disposición. Se trata de darle más importancia al último suceso, es decir, a lo que más fresco tiene el profesional en la memoria. “El gestor debe saber distinguir entre lo actual y lo importante. Ahora mismo, en mi opinión, hay dos temas cruciales en Europa: el Brexit y la salida del BCE de su programa de QE. Esas son las dos grandes cuestiones que un gestor tiene que tener en la cabeza por el impacto que van a generar a largo plazo en el precio de los activos. Por el camino van apareciendo otras cuestiones que provocarán oscilaciones en el corto plazo, pero cuya relevancia será menor”, apunta Algorri.

2. Sesgo de confirmación. Según el experto, este sesgo es muy común entre los gestores y hace referencia a prestar atención únicamente a lo que quieren escuchar, quedándose exclusivamente con los datos que confirman lo que el gestor piensa. “Empecinarse en que un valor va a subir cuando el gestor está leyendo informes que apuntan a todo lo contrario es algo muy habitual entre estos profesionales. Obvian las 36 líneas en las que los analistas enumeran los problemas de una compañía y se quedan únicamente con las dos que alaban a la empresa”.

3. Ilusión de validez. Tal y como señala Algorri, la ilusión de validez se produce cuando los gestores dan por válido algo simplemente por el hecho de que otra persona que consideran con criterio lo ha validado previamente. “Muchos gestores toman a tres o cuatro gurús como referencia y consideran que lo que dicen es lo correcto, cuando podría no serlo tanto”.

4. Ilusiones de probabilidad y certeza. En este caso se trata de dar una elevada probabilidad a que ocurran eventos altamente improbables (en el caso de la ilusión de probabilidad) y al revés, es decir, otorgar menores probabilidades a que sucedan eventos en los que existe una gran certeza de que van a ocurrir (en el caso de la ilusión de certeza). “Existen estudios que demuestran que la población da una elevada probabilidad a que sucedan hechos improbables, mientras que aproximadamente un 10% niega las certezas”, señala Algorri.

5. Ilusión de control. “Se producto cuando el gestor piensa que el mercado se va a mover como él cree o como a él le gustaría. Evidentemente, el mercado se mueve arbitrariamente. Es soberano y el gestor no lo controla”.

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