Rusia: Parece que lo peor ya ha pasado, ¿es hora de (volver a) invertir en este mercado?


TRIBUNA de Angelika Millendorfer, responsable de renta variable europea y mercados emergentes de Raiffeisen Capital Management. Comentario patrocinado por Raiffeisen Capital Management.

La economía y la bolsa rusas han estado sometidas a mucha presión en los dos últimos años, debido sobre todo al descenso de los precios del petróleo y los metales. A ello se sumaron el conflicto en Ucrania, la imposición de sanciones por parte de Occidente y el marcado deterioro que han sufrido en general las relaciones con la OTAN y la UE. La recuperación de los precios de las materias primas y los actuales datos económicos llevan a pensar que, muy probablemente, Rusia ya haya pasado lo peor en términos económicos, y, además, de mejor manera de lo que muchos auguraban. ¿No será ya momento de volver a prestar más atención al mercado ruso de renta variable, máxime cuando sigue siendo uno de los más baratos?

Los argumentos a favor de esta postura son las valoraciones bajas de las acciones, rentabilidades por dividendo atractivas y la recuperación económica tras la recesión. Además, hay posibles catalizadores positivos (los precios del petróleo siguen recuperándose) y existe potencial adicional por sus fuertes vínculos económicos con Asia.

Sin embargo, entre los argumentos en contra destacan que Rusia sigue dependiendo en gran medida de los precios del petróleo y que persisten los riesgos imponderables políticos y jurídicos, junto con las primas de riesgo que estos conllevan.

De momento, el precio del petróleo continúa siendo el factor de influencia más importante

Con una revalorización de alrededor del 25% (calculada en dólares estadounidenses), Rusia está entre los mercados de renta variable que mejor se han comportado desde comienzos de año y, sin embargo, no es en absoluto caro. Una ratio precio/beneficio de alrededor de 7,5 (según los beneficios previstos en los próximos 12 meses) y una rentabilidad por dividendo de alrededor del 5%, muy bien apuntalada por los datos fundamentales, son indicadores ante los cuales los inversores, en el actual entorno de tipos de interés, normalmente no dejarían escapar la oportunidad, si —eso sí— no se tratase de Rusia.

Los riesgos políticos y jurídicos, así como la fuerte dependencia que tiene Rusia de la evolución del precio del petróleo están entre las principales razones por las que los criterios de valoración que los inversores usan con el mercado ruso de acciones es más exigente que los criterios que manejan con las demás bolsas. A pesar de los anuncios de reforma y los esfuerzos de diversificación de la economía nacional, los ingresos obtenidos con la venta de petróleo y gas continúan siendo, hasta nuevo aviso, el elemento que determina los presupuestos estatales y la situación de la economía interior y, por tanto, también la evolución de los beneficios de la mayor parte de las empresas rusas.

Rusia y sus compañías petroleras pueden vivir sin problemas con la cotización actual del barril de crudo entre 40 y 50 dólares, puesto que la depreciación del rublo ha absorbido la mayor parte de las consecuencias negativas. Según los pronósticos actuales de los analistas del mercado del petróleo, el precio del petróleo (Brent) podría subir otra vez a alrededor de 70 dólares, pero los 100 o más que se pagaron no hace tantos años seguramente no los volveremos a ver en un futuro próximo. En cualquier caso, desde el punto de vista económico se vislumbra una estabilización y en el segundo semestre de 2016 la economía rusa podría dejar atrás la recesión.

¿Funcionarán los acontecimientos políticos como catalizadores positivos?

Comparativamente, no es de esperar que las elecciones parlamentarias previstas para el otoño traigan muchas sorpresas o cambios. No obstante, sí que podrían dar pistas de cara a las elecciones presidenciales de 2018; por ejemplo, sobre si el presidente y el Gobierno, quizás realizando más gasto público en el periodo preelectoral, influyen todavía sobre la marcha de la economía y el ánimo del electorado y, de ser así, hasta qué punto. Por otro lado, en lo que a reformas económicas se refiere, en los próximos 12 a 24 meses se esperan más bien pocos avances importantes.

Sin embargo, en el ámbito de la política exterior podría producirse antes un cambio positivo considerablemente más significativo. Las tensiones entre Occidente y Rusia y sus mutuas sanciones han tenido repercusiones negativas sobre las economías nacionales de ambas partes. Por lo tanto, el levantamiento de las sanciones sería muy favorable tanto para la UE como para Rusia, y podría hacer también que el interés de los inversores por Rusia repuntase notablemente. Es posible que con las elecciones presidenciales en los EE.UU. las cosas vuelvan a moverse en ese asunto. Por ahora, sin embargo, hay un estancamiento en la solución de la crisis de Ucrania, de modo que aún no existe un calendario claro de acciones en ese sentido.

Mayor orientación hacia Asia

Como consecuencia de la intensificación de las tensiones con los EE.UU. y la UE, Rusia ha acelerado notablemente la cooperación económica con China y otros países asiáticos. China no solo es económicamente interesante, sino que además reviste, hoy más que nunca, un gran valor político y estratégico para Rusia, hasta el punto de ser prácticamente vital. De ahí que para el Gobierno ruso no sea determinante si los grandes proyectos con China son o no convenientes según estrictos criterios de rentabilidad. No hay duda de que China y Rusia pueden complementarse bien en muchos ámbitos económicos, a pesar de las diferencias de intereses que desde luego tienen. A largo plazo, esa cooperación podría generar potencial de desarrollo adicional precisamente para la gran parte asiática de Rusia. Sin embargo, será en las próximas décadas cuando se notarán gradualmente los correspondientes efectos.

Para los inversores, hay aspectos tanto positivos como negativos. Es positivo, por ejemplo, el impulso de desarrollo económico que cabe esperar de la cooperación (inversiones, transferencia de tecnología, más puestos de trabajo y renta). Un aspecto potencialmente negativo son las inversiones, en parte cuantiosas, que hacen falta primero y que podrían generar tan solo modestos beneficios. Así, hasta ahora Gazprom se ha opuesto a elevar de forma sustancial su actual rentabilidad por dividendo de en torno al 5% (según había realmente ordenado el Gobierno), aduciendo como justificación las inversiones necesarias.

Los atractivos dividendos son interesantes

Entre los factores que hacen que la bolsa rusa resulte atractiva en estos momentos están, sin duda alguna, las elevadas rentabilidades por dividendo, más aún en el actual entorno de tipos bajos. También es positivo que el Gobierno presione a las empresas controladas por el Estado para que eleven considerablemente las tasas de pago de dividendos, aunque no todas estén dispuestas a seguir esa orden, como demuestra el ejemplo de Gazprom. Los valores orientados al mercado nacional se benefician, a su vez, de la estabilización de la situación económica y la recuperación del rublo. Con todo, un factor de riesgo para la bolsa es que pueda reavivarse el debate en torno al aumento de impuestos para el sector energético.

Conclusión

En una comparación internacional, el mercado ruso de acciones sigue siendo uno de los más atractivos desde el punto de vista de la valoración y atendiendo a las rentabilidades por dividendo. Al mismo tiempo, allí los títulos siguen negociándose con primas de riesgo considerables, específicas del país (y, por consiguiente, con descuentos de valoración), y no es de esperar que estas vayan a desaparecer rápidamente. Las perspectivas a largo plazo de la bolsa rusa han mejorado claramente, aun cuando, con el buen comportamiento de las cotizaciones desde principios de año, parte de esa mejora ya esté descontada a corto plazo. Para los inversores que puedan soportar fluctuaciones temporales de las cotizaciones, vale la pena considerar las acciones rusas en este nivel de valoración y rentabilidad, especialmente cuando las alternativas de inversión en otras partes del mundo son cada vez menos atractivas. El fondo Raiffeisen-Russland-Aktien ofrece a los inversores una muy buena posibilidad de participar en el potencial de rentabilidad de las empresas rusas por medio de una cartera de acciones de gestión activa. De este modo, pueden beneficiarse de la vasta experiencia que tiene en Rusia la gestora del fondo, así como de los conocimientos adicionales de nuestros expertos establecidos en Moscú sobre las sociedades anónimas rusas que son relativamente más pequeñas y, por ello, no reciben tanta atención internacional. Con todo, es preciso tener en cuenta los riesgos tanto políticos como económicos de Rusia.

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