Rumbo a 2015: ¿hacia dónde se dirigen Estados Unidos, Reino Unido y Europa?


La divergencia en las políticas monetarias entre la zona euro, por un lado, y Estados Unidos y Reino Unido, por otro, se ha hecho más evidente a raíz del anuncio  por parte del BCE de un recorte en sus tipos de interés oficiales en un  0,1%  adicional y de un programa de compra de activos respaldados del sector financiero privado. En junio, el BCE señaló que tenía la intención de mantener los tipos de interés en niveles extremadamente bajos por un largo periodo de tiempo y este mensaje se ha visto  reforzado por el anuncio del 4 de septiembre.

Por el contrario, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra están avanzando hacia el inicio de una normalización de los tipos de interés incluso aunque los legisladores aún no están convencidos de que las economías de Estados Unidos y Reino Unido son ya suficientemente fuertes. Sin embargo, la reciente fortaleza de los datos anunciados en esas dos economías respalda la opinión de que los tipos comenzarán a incrementarse en los próximos seis meses. Esto significa que se aumentarán los diferenciales entre los tipos de interés de Estados Unidos y de la zona euro en la parte a medio y corto plazo del mercado y que el euro debería debilitarse frente al dólar a medida que estos diferenciales más amplios se hacen más evidentes.
 
La puesta en práctica de las acciones del BCE constituirá un motor clave de los mercados de renta fija en Europa, junto con la evolución de los datos de crecimiento e inflación. Unos tipos más bajos podrían tener una mayor traslación en toda la curva de rendimiento y el espectro de crédito, existiendo un amplio margen para que los tipos de los préstamos bancarios en los países periféricos se reduzcan aún más. Además, existe la posibilidad de que los efectos del rebalanceo de las carteras tengan un impacto positivo  en otros activos financieros, de la misma manera que lo hizo QE en Estados Unidos y el Reino Unido, aunque el tamaño del programa del BCE no se conoce todavía.

Durante 2014, un crecimiento más débil en Europa y la disminución de la inflación ha hecho que los inferiores  rendimientos de los bonos de los países centrales hayan lastrado el rendimiento de otros mercados desarrollados. En el futuro, esta relación podría romperse si el flujo de datos en EE.UU. es lo suficientemente fuerte como para empujar a la Fed a subir los tipos a principios de 2015. A pesar de algunas incertidumbres en el panorama mundial, Estados Unidos parece estar  en el camino correcto, hacia un crecimiento cercano al 3,0% para todo el año, una tasa de desempleo inferior al 6% y una tasa de inflación por encima del 2%.
 
Los últimos mínimos en los rendimientos de los bonos de los países centrales reflejan la situación de la zona euro y la aversión al riesgo causada por las preocupaciones geopolíticas. Estos podrían permanecer presentes en los pensamientos de los inversores durante un tiempo, pero si el BCE tiene ningún éxito en la prevención de una nueva caída en las expectativas de inflación y si el flujo de datos de Estados Unidos sigue siendo positivo, los rendimientos deberían recuperarse de nuevo a finales de año. Eso significa que los rendimientos totales serán menos fuertes en el último semestre del año a pesar de que los fundamentales de crédito y del high yield siguen siendo relativamente positivos.
 

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