Rompiendo el Silencio


Crear riqueza es difícil, pero mantenerla, es aún más complicado. Estudios recientes destacan que el 70% de las familias empresarias no llegan a la tercera generación. Esta ratio de fracaso tan alta tiene varios motivos, como son el bajo nivel de formación y preparación de sus herederos. Pero el principal causante es la falta de comunicación y de confianza entre los distintos miembros de la familia al irse la misma ampliando en el tiempo.

La información abierta es la clave, pero ahí surgen muchas dudas y miedos, como qué pasará si el “saber sobre el dinero” afecta a mis hijos y los convierte en malcriados, derrochadores, desmotivados o infelices. Otra gran duda es si compartirán esa información con la gente equivocada o si los planes de la familia cambian en el tiempo. Sin embargo, nuestra experiencia nos dice que los resultados de no hacerlo son aun peores: conflictos familiares, rivalidad entre hermanos, herederos no preparados, y falta de confianza entre otros.

Empezar a comunicar es un proceso, no una pregunta. El mismo debe empezar y terminar en los “valores” que quiere compartir la familia, y para ello hay que tener en cuenta muchas cosas, entre otras la historia y cultura familiar, saber cómo se hizo el patrimonio y hacia dónde queremos ir. Tener una misión y un objetivo para ese patrimonio, roles de cada persona de la familia y responsabilidades. Y por supuesto, ser lo suficientemente flexible para adaptarse a los cambios que puedan tener la familia o el entorno en el tiempo.

¿Qué debemos comunicar? Es importante informar sobre el significado que hay detrás del dinero, y qué es lo que se puede hacer con él; lo duro que ha sido crearlo y, sobre todo, el poder utilizarlo para que cada miembro de la familia pueda vivir su sueño. No podemos obligar a nadie a estar en el negocio familiar, ni a seguir nuestra estela. Lo primero, porque puede que no estén preparados, pero lo más importante, es porque puede ser que ellos no lo quieran hacer. Posiblemente, la mejor forma de comunicar sea mediante nuestras acciones, el dar ejemplo de un manejo responsable del dinero es mucho más eficiente que decir una cosa y hacer la contraria. Ofrecer educación y capacitación continua, dando oportunidades a que con una cantidad pequeña de dinero pueda probar, y equivocarse. Se aprende mucho más de los errores que de los logros.

Involucramiento es igual a compromiso, de cara a criar a herederos responsables hay que proporcionar claridad en torno a los objetivos que se buscan. Así mismo, pidiendo y dando responsabilidad, tanto financiera, como ética en el trabajo. Es importantísimo el crear una mentalidad de pertenencia al grupo, que haya identificación y orgullo de pertenecer al mismo.

Es muy difícil el comenzar el dialogo, por ello hay que tener un plan para hacerlo. Buscar el momento donde existe la madurez mínima de los interlocutores es básico para el éxito del proceso, y sobre todo ser abierto y honesto (especialmente acerca de los valores familiares). Incluya a sus asesores en la conversación y permita que sus hijos tengan una interlocución con ellos, fomentando preguntas difíciles y reacciones honestas.

Y por último, no vaya adelante con el proceso a no ser que se sienta cómodo respondiendo a las siguientes preguntas: ¿Cuánto dinero tenemos?, ¿cuánto dinero recibiré?, ¿cuándo lo recibiré?, ¿recibirán mis hermanos igual que yo?, ¿cuándo, cuánto y a quién le darás el resto?, ¿Qué esperas de mí?, ¿Es esto un secreto, o lo puedo comentar con mis allegados?

Les deseo mucha suerte en el camino que están comenzando a hacer, y si no se sienten cómodos haciéndolo solos, siempre puede ayudar el contar con profesionales que les ayuden a supervisarlo.