Riesgo político: estos son los deberes pendientes que deberían afrontar los nuevos gobiernos


El vuelco de la situación política en España ha vuelto a atraer la atención de los observadores nacionales e internacionales y, por supuesto, de los participantes del mercado. El fin de facto del bloqueo institucional que ha vivido el país en los últimos diez meses es una noticia positiva para la ciudadanía, pero lo cierto es que los activos españoles y los datos macro apenas han sufrido. Tal y como señala Michael Browne, gestor de Martin Currie (filial de Legg Mason Global AM), “en términos de volatilidad política, España debería estar en el primer lugar de la lista”. Sin embargo, “lejos de colapsar por la falta de gobierno, el país se está comportando perfectamente bien a pesar del bloqueo. La situación podría volverse mucho más difícil si se tuvieran que tomar decisiones importantes, pero los datos de PIB impulsados por los turistas que han evitado Francia y Turquía han vuelto este escenario menos probable”.

Fabio Riccelli, gestor del FF Iberia, indica que “la decisión del PSOE de abstenerse en la segunda vuelta de la investidura de Mariano Rajoy tomada el pasado fin de semana debería permitir el gobierno del PP. Esto, junto a datos macro positivos a nivel europeo, ha sido bien tomado por los mercados y el Ibex se ha comportado bien desde el anuncio”. El representante de Fidelity International afirma que “la formación de un gobierno de centro derecha es ciertamente una buena noticia, particularmente por el riesgo que habría supuesto un movimiento hacia Podemos”.

Dicho esto, Ricceli advierte de los riesgos de un gobierno en minoría (nunca antes en la historia de la democracia un partido había gobernado con tan pocos escaños): “Un gobierno en minoría se enfrentará a diversos desafíos y tendrá dificultades para pasar nuevas reformas y propuestas legislativas que aún son necesarias en España. La primera complicación será la aprobación de los presupuestos del año que viene, con el objetivo de reducir el déficit fiscal (alrededor del 5%) para alcanzar el objetivo de la UE (3%). El PP ya ha dicho que no desea subir los impuestos, por lo que el déficit tendrá que reducirse vía reducción del gasto gubernamental, lo cual no será fácil estando en minoría”, sentencia el experto.

Gobiernos versus bancos centrales

Más allá de la inestabilidad política en España y otras partes del mundo, en lo que están empezando a insistir numerosas gestoras es en la necesidad de que los futuros gobiernos tomen el testigo de los bancos centrales para estimular de una vez por todas la economía real. Para Philippe Ithurbide, responsable global de análisis y estrategia de Amundi, lo cierto es que todos los riesgos políticos de los últimos meses – bloqueo político en España, elecciones en EE.UU., Brexit, referéndum en Italia- han estado presentes, pero en realidad no esperan “ningún desencadenante que cause un revés en la tendencia” de cada uno de ellos.

Para Ithurbide, la clave está en si ha llegado el momento del retorno de los incentivos fiscales, y si será EE.UU. el primero en abrir este melón, dado que el único punto en común de los programas de Donald Trump y Hillary Clinton es la promesa de más estímulos: “Las políticas monetarias han alcanzado sus límites. Es un hecho. Sin políticas fiscales (estímulos), políticas impositivas (rebajas de impuestos) y políticas basadas en la renta disponible (para aumentar el nivel real de renta disponible) es difícil ver cómo podrán mejorar las condiciones económicas y financieras”.

El experto expresa una postura muy crítica con las políticas monetarias actuales: “Los tipos de interés negativos constituyen un impuesto al ahorro, y el QE (y los tipos negativos) cuenta como un subsidio sobre la acumulación de la deuda”. El único aspecto positivo que encuentra a estas políticas es que “deja que los gobiernos tengan políticas fiscales e impositivas más proactivas sin los efectos negativos”. Sin embargo, continúa, “como los bancos centrales no pueden hacerlo todo, los gobiernos necesitan implementar esos instrumentos que tienen a su disposición.  Sólo el crecimiento nos puede sacar de este bache, y el crecimiento no se puede restaurar sin ayuda adicional a los tipos bajos”, declara Ithurbide.

“El contexto de bajo crecimiento continuado y el separatismo político podría ser el catalizador para que los gobiernos tomen acciones de forma individual para estimular a sus respectivas economías, lo que podría ajustar la dirección de la región”, comenta Michael Browne desde Martin Currie. Éste añade que “ahora es más probable que las administraciones públicas utilicen medidas fiscales, particularmente al considerar que la política acomodaticia del BCE parece haberse quedado sin recursos”.

El experto piensa que este cambio de perspectiva sólo podría ser efectivo si el gasto gubernamental se centra en proyectos que tengan un impacto inmediato y no de largo plazo. “Ya hay pruebas de proyectos que tienen un alto coste de capital, como la construcción de viviendas o infraestructuras, que se están volviendo populares en este entorno de tipos bajos”, detalla Browne. En su opinión, las compañías con más probabilidades del incremento de gasto público serían de sectores industriales y materiales básicos.

El estratega de AXA IM Laurence Boone llama la atención sobre la polarización de las propuestas políticas: “Las próximas elecciones están guiadas en gran parte por una batalla entre los partidos tradicionales y los más populistas, con los segundos promoviendo políticas proteccionistas y fiscalmente activas o de intervención en el tipo de cambio que podrían minar la recuperación y sumergir al mundo en una recesión, con menos opciones disponibles para la recuperación”. 

Boone observa igualmente el surgimiento en el norte de Europa de partidos críticos con los bancos centrales: “En Reino Unido los pro Brexit son anti Banco de Inglaterra; ha habido críticas en los debates electorales en EE.UU. e incluso se ha visto sentimiento anti BCE en Francia y Alemania”. La globalización también ha pasado a formar parte del debate: “Después de décadas de globalización boyante que prometió prosperidad global, pero fracasó a la hora de distribuir sus beneficios, las protestas en contra del comercio libre han alcanzado niveles sin precedentes. Un mayor daño al comercio podría dañar todavía más al crecimiento”, concluye el estratega.

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