Retorno absoluto con sesgo contrarian: esa es H2O


Bruno Castres lleva 25 años operando en la industria de gestión de activos. Es el consejero delegado de H2O, firma que fundó en 2010 después de irse de Amundi y que ya cuenta con un patrimonio de 12.600 millones de euros. Esta boutique se define por tener un estilo marcadamente top down, siendo sus áreas de especialización la renta fija global y las estrategias global macro. H20 es ahora una de las gestoras afiliadas al modelo multi-boutique de Natixis Global AM, y Crastes ha estado por primera vez en Madrid para introducir no sólo sus productos, sino una filosofía de inversión que nada a contracorriente del resto de la industria.

“En nuestro ADN está la gestión top down, de valor relativo y sin restricciones”, afirma Crastes. La última cualidad es para él más importante, pues considera que, desde el estallido de la crisis en 2008, el entorno de mercado ha cambiado considerablemente la forma de gestionar activos: “Siguiendo los pasos de la crisis financiera, la regulación se volvió más estricta y se incrementó el enfoque en la gestión del riesgo y en la mejora del perfil de liquidez de las inversiones; esto supuso una oportunidad para los que vieron la posibilidad de generar valor siendo unconstrained”, afirma.  

Los fondos de la boutique se reparten en dos grandes familias: la gama de retorno absoluto, y la gama compuesta por productos global macro, aunque también con un sesgo a retorno absoluto. Los dos fondos que están disponibles para el inversor español son el H2O Multiemerging Debt (un fondo global macro que invierte en renta fija y divisas emergentes), el H2O Lux Invest - Global L/S Opps, el H2O Fidelio Fund y el H20 MultiAggregate, que invierte en crédito y divisas de forma global. Crastes considera que H20 ha llegado al mercado español en el momento adecuado, “porque cuando los tipos han tocado suelo se reducen las posibilidades de generar valor con estrategias direccionales y es mejor pasarse a estrategias de valor relativo”. El experto asevera que, en general y para cualquier clase de activo, “cuando las valoraciones son tan extremas, aparecen muchas oportunidades por valor relativo”.

La filosofía H2O

El consejero delegado de H2O insiste en que la situación actual de los mercados “es muy extrema”, al estar condicionada todavía por el peso de la regulación y las acciones de los bancos centrales, pero también por las grandes cantidades de efectivo de los inversores que aún no están dispuestos a invertir. En este contexto, hace un alegato a favor de la gestión desempeñada por gestores de carne y hueso, en contraposición al desarrollo de estrategias de inteligencia artificial que se están incorporando progresivamente a la industria de gestión de activos: “La inteligencia artificial (IA) tiene límites y se pueden ver sobre todo en los mercados financieros. La IA es la suma de experiencias del pasado. La diferencia que presenta con los humanos es que nosotros tenemos la cualidad de reaccionar a nuevas situaciones, y el problema es que los mercados financieros están llenos ahora de nuevas situaciones. Por eso la IA no está funcionando”.

Crastes admite como ventaja para la IA que “los humanos pueden ser inteligentes, pero no son tan organizados, nuestra eficacia es limitada respecto a las computadoras”. Esta reflexión es importante, pues el fundador de H2O se ha estado planteando desde el minuto uno en que fundó la compañía maneras de poder organizarse de forma diferente para obtener una visión más completa de los mercados y, de paso, una ventaja competitiva respecto a otras gestoras de fondos.

El primer paso ha sido una organización distinta de la plantilla de la firma: en vez de agruparse los 16 profesionales de inversión que están en nómina por clases de activos, su organización responde a cuatro motores de rentabilidad que según Crastes son los que impulsan al mercado. “Las organizaciones tradicionales, basadas en esquemas creados en los 70, no persiguen generar mayor rentabilidad sino asegurar un acceso bueno al mercado, con una rentabilidad más limitada”, afirma el experto.

Los cuatro motores que distingue Crastes son: entorno macro, valoraciones, volatilidad y factores técnicos. Aclara sobre el primero que consiste en el análisis de antecedentes históricos en los mercados para detectar posibles patrones de conducta (por ejemplo: cómo se han comportado los mercados en ciclos anteriores de subidas de tipos) y sus repercusiones sobre los activos. La parte de las valoraciones implica un análisis a nivel microeconómico por compañías que sirve para complementar la visión macro.

Los otros dos factores también son complementarios entre sí: Crastes afirma que “los mercados nunca están guiados por las ideas, sino por los flujos”, así que el equipo realiza análisis cuantitativos de los flujos para medir el grado de volatilidad y poder comprender las percepciones de los inversores, así como para detectar qué partes del mercado presentan signos de estrés o de complacencia. “Necesitamos saber qué hacen los inversores y en qué piensan, después determinamos en qué niveles debemos actuar. Tratamos de estar lo menos sesgados que podemos”, añade el consejero delegado. Éste insiste en la importancia de construir estrategias diversificadas y lo menos sesgadas posible, pues esta estrategia también actúa como un control adicional de riesgos al “evitar tener exposiciones ocultas”.

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