Rentismo 2.0


Si hay algo que realmente atrae a una gran mayoría de los inversores de este país son los activos que generan rentas. Inmuebles o productos financieros de perfil conservador han absorbido gran parte de la riqueza generada en los últimos años. Y a sus propietarios no les ha ido nada mal, la verdad. Salvo excepciones muy recientes como las preferentes o pisos con inquilinos subprime que no pagan, el vivir de rentas era el objetivo más deseado por los inversores. El capital se revalorizaba sin límite o, en el peor de los casos, nunca se perdía y tenía, además, total liquidez en el mercado. Pero esto se acabó. El viejo “rentismo” da paso al nuevo “rentismo” o, si me permiten, al “rentismo 2.0”, una nueva forma de vivir de rentas.

Les dibujo el perfil de rentista formado en la escuela del viejo “rentismo”: edad superior a los 60 años, comprador de depósitos con tipos superiores al 4% y propietario de inmuebles con rentabilidades por alquiler superiores al 7%. Su percepción del riesgo en estas inversiones era nula. Sin embargo, para estos inversores, colocar el dinero en fondos de inversión o acciones para lograr esos mismos rendimientos o superarlos, hoy, con su experiencia pasada, les suena a artificial y fuera de su control. Lógicamente también, con elevado riesgo a su modo de ver. Bien, en primer lugar, habría que recordarles que, hará poco más de dos años invertir en depósitos de algunos bancos y cajas, tenía igualmente un elevado riesgo. Segundo, la fuerte corrección del ladrillo, el incremento de los costes de mantenimiento de los inmuebles y de los impuestos así como el impago en las cuotas de muchos inquilinos, han convertido a los pisos, locales o naves en activos de riesgo. De hecho, el que siempre han tenido y no se percibía.

Delante de esta dura y cruel experiencia para el rentista clásico, éste no debería tener tantas dudas a la hora de tomar alternativas de inversión distintas a las tradicionales que hemos mencionado. Ideas como los fondos de inversión que distribuyen rentas periódicas o carteras de acciones con buena rentabilidad por dividendo, pueden ser dos de las opciones más claras y sencillas. Diversificación, liquidez, acceso a mercados y a activos que un pequeño inversor no tiene acceso por sí solo constituyen el valor diferencial que ofrecen los fondos de rentas. El rentista que evolucione y entienda el nuevo entorno verá crecer, con paciencia, su patrimonio. Quien se resista a lo clásico por el simple motivo de que “es lo que conozco” o “esto siempre me ha ido bien” corre el riesgo de que la inflación coma sin piedad a su dinero el día que se despierte.

Y, como todo animal, en este caso financiero, la inflación seguro que despertará de su letargo tarde o temprano y lo hará con hambre, con mucha hambre. Por tanto, habrá que posicionarse y prevenirse adecuadamente. Bienvenidos al nuevo “rentismo 2.0”: una nueva, saludable y distinta forma de vivir de rentas.

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