Renta fija corporativa emergente: la gran desconocida y… ¿la gran oportunidad?


En 2016 el índice de crédito de empresas de mercados emergentes JPMorgan CEMBI Broad Diversified registró una rentabilidad de casi el 10%, gracias fundamentalmente al repunte de países y sectores relacionados con las materias primas. En general, esta clase de activo ha mostrado una importante resistencia tras las elecciones en Estados Unidos. Ahora, el desafío lo constituyen los tipos de interés de EE.UU, un dólar más fuerte y los riesgos geopolíticos. Sin embargo, en 2017 es previsible que asistamos a un entorno de mayor crecimiento económico, soporte de precios de las materias primas y mejora de los fundamentales, lo que podría suponer un respaldo técnico y atractivas rentabilidades a vencimiento. Los inversores están en estos momentos poniendo en la balanza estos dos factores, con el objetivo de tomar una decisión sobre si entrar, añadir exposición, reducir o deshacer posiciones en el mercado de renta fija emergente.

Tres expertos en este segmento acaban de estar de visita en España. La primera de ellas ha sido Karen Lam, especialista de crédito de mercados emergentes de Pictet AM, gestora que cuenta con el Pictet-Short Term Emerging Corporate Bonds, producto con la calificación Blockbuster Funds People. Lam se muestra precavida ante la combinación de mayores tipos de interés de la Fed, lo que supone un billete verde más fuerte y posibles medidas comerciales restrictivas (derogación de tratados de comercio de EE.UU, aranceles a China y límites a la inmigración) y riesgos geopolíticos. “La buena noticia es que en 2017 esperamos mayor crecimiento del PIB de los países emergentes y soporte de precios de las materias primas, con mejora de los fundamentales de crédito, respaldo técnico y atractivas rentabilidades a vencimiento, mayor que la que ofrece la deuda con grado de inversión de EE.UU y el high yield en euros”.

A esto hay que sumarle que la mayoría de empresas emergentes que emite en dólares cuenta con calificación crediticia grado de inversión, incluso menor ratio de apalancamiento bruto que sus homólogas de EE.UU, un punto en el que coincide con Christian Schoen, miembro del Consejo y responsable de ventas institucionales en Erste AM (en el centro de la imagen), quien acaba de visitar España para presentar el Erste Bond Emerging Markets Corporate, fondo con la calificación Consistentes Funds People. Para entender la oportunidad que representa este segmento de mercado, Schoen hace una comparación. Selecciona el tramo de emisiones BBB de deuda corporativa emergente y lo compara con la renta fija corporativa estadounidense del mismo rating. “El resultado es que los bonos de compañías emergentes están cotizando con una prima de 1,8 puntos con respecto a la americana. Esto se explica fundamentalmente por el desconocimiento generalizado que sigue existiendo sobre los mercados de deuda corporativa emergente”.

A su juicio, la gran oportunidad dentro de este universo está en las empresas de mediano tamaño, al ser compañías que suelen tener liquidez en sus balances, muy abiertas en lo que respecta a aportar información y que reciben una escasa cobertura por parte de los analistas. “Al contrario de lo que los inversores suelen pensar, la deuda corporativa emergente es un mercado grande, líquido y diversificado, en el que aproximadamente dos tercios corresponde a emisores con calificación de grado de inversión”, indica. Sin embargo, esto no significa que todo el mercado representa una oportunidad. Schoen insiste en la necesidad de ser muy minucioso a la hora de ir identificando oportunidades y riesgos específicos en cada compañía y segmento. “La deuda emitida en divisa local, por ejemplo, es más volátil y especulativa. El mayor peligro que entraña no es el riesgo crediticio de los países, sino el de divisa”.

Por otro lado, muchas empresas, sobre todo asiáticas, generan ingresos en dólares y su base de costes está en moneda local, de manera que la subida del dólar les puede suponer un mayor margen de beneficio. “Es cierto que la incertidumbre relacionada con las políticas de Trump supone un riesgo general para toda clase de crédito, no sólo de emergentes, aunque pueda haber efectos en las relaciones comerciales con México y China, respecto a lo cual la retórica parece haberse suavizado. Por otra parte el proceso de subida de tipos de interés de la Reserva Federal implica que las condiciones de liquidez pueden endurecerse. Sin embargo, en los próximos 2-3 meses prevemos una ventana de liquidez. Hay que tener en cuenta que en EE.UU la expansión neta del crédito de familias ha sido en 2016 cerca de cero y desde comienzos de este año ha aumentado, lo que puede favorecer la inversión en esta clase de activos”, señala Lam.

La gran duda de los inversores sobre el activo

La pregunta más obvia que se hacen los inversores es cómo podría comportarse la clase de activo en un entorno de normalización de los mercados de renta fija desarrollados. Según Colm McDonagh, responsable de deuda emergente en Insight (filial de BNY Mellon IM), la respuesta no es simple. “Dependerá de los motivos por los que suban los tipos de interés y del punto de partida en términos de valoración de los mercados de deuda emergente. Históricamente, unos tipos de interés más altos en Estados Unidos no han sido necesariamente malos para las empresas emergentes cuando éstas se producen en un contexto de fuerte crecimiento económico, como es el caso. De hecho, para el high yield, un entorno de este tipo suele derivar en compression de los spreads”, afirma el experto. La gestora dispone del BNY Mellon Emerging Markets Corporate Debt Fund, producto con la calificación Consistentes Funds People y sobre el que el equipo plasma sus ideas de inversion.

En suma, se trata de un mercado que incluye a 800 emisores y que está muy diversificado, siendo en su mayor parte de grado de inversión. Ha duplicado su volumen desde el año 2000 y suma una deuda viva de 1,8 billones de dólares, el doble que el del high yield europeo. “Juega a favor de esta clase de activo la considerable estabilidad de los inversores -dos terceras partes son fondos soberanos, de pensiones o compañías de seguros-, que no se ven afectados tanto por el sentimiento del mercado a corto plazo, como se ha puesto de manifiesto en anteriores períodos de turbulencias, como cuando la Fed anunció la reducción de su programa de expansión cuantitativa en primavera-verano de 2013. En lo que respecta al segmento de vencimientos a corto plazo, de hasta tres años, que representa algo menos de un tercio del crédito vivo en esta clase de activos, es menos sensible a subidas de tipos de interés en EE.UU”, subraya Lam.

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