Reflexiones sobre las comisiones de los fondos


Me gustaría hacer una reflexión sobre la comercialización de lo que algunos han bautizado como “latin share”. Entiendo que el gestor de fondos decida ceder parte de su comisión de gestión a la comercialización de su producto, pero no me cabe en la cabeza que se cree una serie NUEVA de acciones con comisiones desorbitadas para incentivar económicamente a los profesionales a incluir dichos fondos en las carteras de sus clientes, serie que curiosamente sólo de vende en España… quizás es verdad aquello de “Spain is different”.  

Me pregunto si el cliente, siempre preocupado de tener servicios al mínimo precio sin sospechar que en esta vida nadie da duros a peseta, sabe que es posible comprar ese mismo fondo por hasta la mitad de precio, que le están comprando una serie más cara que se ha creado exclusivamente para él, un fondo a medida para poder repartir su dinero entre más intermediarios.  

También me cuestiono si los dueños de reconocidas boutiques cuyos intereses dicen están alienados con los de los clientes primando las rentabilidades de los fondos sobre el crecimiento de su negocio, son conscientes de que sus clientes finales están perdiendo rentabilidad a costa de que el asesor-gestor “independiente” se incline por su “nuevo” fondo.

Por último, no puedo dejar de dudar sobre si el asesor-gestor, tras haber desarrollado una estructura abierta para evitar conflictos de interés y tener acceso a todos los fondos del mundo, comprará el mejor fondo si no hay pastel a repartir. No es fácil abordar este tema, implica entender cómo funcionan las comisiones en España y qué servicios están implícitos en ellas, ahondar en los conflictos de intereses que surgen y reconocer que la culpa la tenemos todos.  

Os copio el artículo de M. Delclaux publicado en Dossier Empresarial, donde no sólo denuncia el abuso de comisiones y los conflictos de intereses sino que profundiza en la raíz del problema de una manera acida y original.  

Vade Retro

Hay comisiones que hieden y comisiones que duelen. Las primeras deben acabar en los juzgados y las segundas retribuyen servicios. Hay otras que, aunque indoloras, hieren. Estas últimas normalmente implican un conflicto de intereses o un cobro injustificado y existen en todos los ámbitos económicos -publicidad, seguros, construcción, financiero…-.

Hasta el pasado mes de febrero estuvo en consulta pública un documento sobre la revisión de MiFID. 83 páginas con 148 preguntas, en la 103, la Comisión pide opinión sobre su propuesta de prohibir las retrocesiones –una práctica demasiado habitual del mercado doméstico-. El documento ha recibido más de 4.200 respuestas -una barbaridad-. ¿Por qué será, será?

En España, parte importante de los ingresos de la banca privada y las empresas de inversión proviene de las retrocesiones -comisiones que les ceden los intermediarios, las gestoras, los bancos, las cajas… por los servicios pagados y/o productos comprados por sus clientes- y de las comisiones de colocación y comercialización. Dichos ingresos son la alternativa o complemento al cobro directo por servicios de gestión, asesoramiento…. Los clientes pagan, sin embargo, no saben ni cuando, ni cuánto, ni cómo, ni por qué, desconocen todos los detalles y no quieren saberlos (ojos que no ven corazón que no siente). Recuerdo a Unamuno: «No fue tirano el que hizo el esclavo, sino a la inversa» y, las entidades -ante la ceguera voluntaria que demuestran sus clientes- no cumplen con su «deber de despertar en los inconscientes esclavos la conciencia de la esclavitud en que vegetan». Primero fue la ignorancia de los clientes, luego su pillería, más tarde el regateo, y finalmente, su negativa al pago de comisiones directas…. lo que nos condujo a un modelo que no evita sino invita a los conflictos de intereses.

Como en cualquier negocio, en banca privada, empresas de inversión, gestoras… existen unos costes que han de repercutirse al cliente. Esto es de cajón, pero nuestro modelo -donde las entidades debían entender que las líneas rojas no se cruzarían nunca en orden a mantener el 'equilibrio de intereses'– tiene la virtud de hacer difícil lo fácil, oscuro lo claro, y turbio lo transparente. Y, en determinados casos, el resultado del out of sight, out of mind system ha sido: comisiones más altas, rotación injustificada de las carteras, selección de productos y servicios en base a ¿quién paga más retro?, expresiones como «ya me lo cobraré de alguna forma», inexistencia de mercado para productos y servicios de bajo coste, cláusulas de renuncia, venta de participaciones de clases más caras,… una 'guerra de intereses' permanentemente perdida por los clientes.

El problema histórico de las retrocesiones no es que existan sino que se han negado o escondido y que no se han divulgado, pero no hay mal que dure 100 años. La CNMV -Comisión Nacional del Mercado de Valores-, en su día, ya recondujo una serie de prácticas financieras poco éticas realizadas por determinadas gestoras que suponían un perjuicio para los partícipes. Tras la entrada en vigor de MIFID y la Directiva 2006/73/CE, las empresas de inversión solo pueden recibir incentivos que aumenten la calidad del servicio prestado al cliente y sean comunicados al mismo, por lo que la propuesta de la Comisión no supone una alteración sustancial de la regulación de los incentivos, sino una interpretación más estricta de las condiciones que deben cumplir para ser legales, lícitos y legítimos.

Sabiduría popular: 'al pan, pan y al vino, vino' y 'dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios', llamar a las cosas por su nombre y pagar a quien me da el servicio, otra cosa nos llevará a 'confundir churras con merinas'.

'Vade retro Satana': apártate, Satanás.

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