Reflexiones sobre el informe de Oliver Wyman


El pasado viernes se dio a conocer el informe de la consultora Oliver Wyman sobre las necesidades de capital del sistema financiero español. Los resultados han sido claros. Las premisas sobre las que se ha construido han sido exigentes y rigurosas. El resultado es transparente. El monto total de necesidades de capital se establece en 59.300 millones de euros en el peor de los escenarios y 25.898 millones en el escenario base.

El 62% del sistema financiero español no necesitará cantidad alguna, aún en el peor de los escenarios considerados. De hecho tres entidades (Santander, BBVA y Bankinter) mejoran sus resultados en el peor de los escenarios respecto al escenario base. En el escenario adverso se exige a las entidades un capital de calidad del 6% y recoge como principales cifras macro una caída acumulada del PIB del 6,5% entre 2012 y 2014, una tasa de paro no inferior al 25%, una caída acumulada en los precios inmobiliarios del 25,8% y una contracción crediticia acumulada a los hogares del 16,6%. De todo ello se pueden extraer una serie de conclusiones básicas:

  • El peor escenario es un escenario bastante riguroso, y aún así las necesidades totales se cifran por debajo de los 60.000 millones de euros. Esto es una buena noticia.
  • Las probabilidades de impago contempladas en el escenario más catastrofista son extremas: del 87% en el préstamo promotor, 27% en el segmento de préstamos a empresas y del 15% en las hipotecas a particulares. Esto ratifica el rigor de las hipótesis empleadas, ya que multiplican varias veces las actuales tasas de impago en cada segmento.
  • El 42% del total de las necesidades del sistema en el peor escenario se centran en Bankia, representando 24.443 millones. Esperemos que los actuales gestores de esa entidad hagan bien su trabajo.
  • Se favorecen las fusiones financieras entre entidades fuertes, desechando las operaciones entre entidades que necesiten capital. Esto significa que una potencial operación BMN-Banco Popular, a priori, queda descartada.
  • Es muy posible que la cantidad total solicitada para apuntalar el sistema financiero español ronde los 40.000 millones, de acuerdo a lo dicho por el secretario de Estado de Economía.
  • Estas cantidades se suman a los 16.000 millones que el Estado ha desembolsado en operaciones anteriores de reestructuración financiera. Mala noticia para el contribuyente, que debería ser más exigente sobre el uso que se da a su dinero.

Paso positivo pero no suficiente

Este informe constituye un paso positivo pero no suficiente en el camino de la reforma financiera que tanto necesita España. En la medida en que se vaya concluyendo el crédito podrá volver a fluir hacia familias y empresas. En este sentido –haciendo un símil– podemos decir que el fontanero (las autoridades) ha identificado los recursos necesarios para desatascar la tubería y que el crédito vuelva a fluir.

Un elemento clave que ha condicionado la existencia de los actuales niveles de exposición crediticia ha sido la política de aprobación seguida por cada entidad. Es de vital importancia que las entidades no caigan en la política de “barra libre” anterior y que el Banco de España persevere en el endurecimiento de la política de provisiones y sea mucho más exigente en su tarea supervisora. De esta forma se evitará la repetición de problemas observados en años pasados.

Seguirán los dividendos

El inversor puede preguntarse acerca de la tentación de los bancos cotizados de suprimir o reducir el dividendo que abonan a sus accionistas. A la luz de los datos –y salvo sorpresa– todo parece indicar que los grandes bancos españoles podrán seguir con su generosa política de dividendos.

Podemos afirmar que estos datos tendrán –a priori– una buena acogida por parte de los mercados. Las dudas sobre nuestro sistema financiero que planeaban en la comunidad financiera internacional eran muchas. El reporte publicado servirá para despejarlas. Ahora sólo falta perseverar en la tarea de la reforma financiera, exigiendo a nuestros responsables políticos que caminen por la misma y que tomen cuanto antes las decisiones que deban tomar (rescate incluido), para que así la cuestión bancaria se resuelva y el crédito comience a fluir de una forma en que se eviten los excesos anteriores.

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