Reacciones (y reivindicaciones) de los analistas y gestores españoles ante el último discurso del BCE


El mismo tono dovish que en anteriores comparecencias pero con detalles extra sobre la futura compra de bonos corporativos. Así transcurrió el último discurso de Mario Draghi al frente del BCE, cuyas novedades han agradado a los analistas y gestores españoles de fondos.

En sentido amplio, Banca March valora positivamente la comparecencia, ya que “está acorde con los datos macroeconómicos que se han publicado últimamente y se hace hincapié en que la política monetaria debe recibir ayuda en forma de reformas estructurales y política fiscal”, apunta Rose Marie Boudeguer, directora del Servicio de Estudios del banco.

Mutuactivos, que califica el discurso de “continuista”, fija su atención sobre dos de los aspectos más novedosos: el hecho de que Draghi haya sugerido que la deuda corporativa con calificación BBB- puede ser objetivo de compra y que podría adquirir bonos de empresas de seguros, ya que los únicos excluidos son los de instituciones de crédito. “Que el BCE pueda entrar en renta fija del sector seguros es una acción favorable para este segmento, cuyos diferenciales deberían estrecharse”, prevén desde la firma.

Previamente al discurso de Draghi, Albert Enguix, gestor de GVC Gaesco Gestión, ya anticipaba que, si la reunión mantenía el tono dovish, lo haría con la intención de depreciar el euro, que se traduciría “muy probablemente” en ganancias en los mercados bursátiles europeos.

Reivindicaciones

El mercado primario de capitales se ha vuelto a activar desde la reunión del BCE de marzo, algo que desde Credit Suisse Gestión valoran “muy positivamente”, “pero esta situación está favoreciendo especialmente a las grandes compañías en Europa, no a las pymes, que no tienen capacidad de acceder a este mercado”. 

A juicio de Ignacio Díez, gestor de renta fija de Credit Suisse Gestión, “la titulización de los préstamos a pymes y a hogares por parte de los bancos debería ser una opción. El riesgo de colateral saldría del balance de los bancos y, por tanto, se reduciría el consumo de capital”. Sugiere que “el programa del BCE debería contemplar comprar los tramos sénior de dichas titulizaciones, mientras que el resto quedaría en manos de inversores”. De esta manera, sí se incentivaría el crédito a tipos razonables y el consumo, condición sine qua non para generar inflación en la economía real, justifica Díez.

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