Radiografía del inversor español: cortoplacista, impaciente y demasiado optimista


La gestora Schroders acaba de publicar su Estudio global de inversión en el que analiza como son los inversores en varios países europeos. Y el mismo confirma una idea que siempre se repite cuando de habla de cómo se invierte en España, la importancia que damos los españoles al corto plazo.

De hecho, según su encuesta los españoles somos los europeos más cortoplacistas, con la excepción de los polacos,  ya que de media mantenemos nuestras inversiones 1,9 años, muy por debajo de los 2,6 años de la media europea y global. 

Una consecuencia lógica de ese cortoplacismo a la hora de invertir es la impaciencia que tenemos a la hora de esperar a que nuestras decisiones de inversión se materialicen en resultados. Y de ahí que el 74% de españoles que han respondido a la encuesta reconociera haber modificado el perfil de riesgo de sus carteras en 2018 como consecuencia del comportamiento nefasto que tuvieron los mercados en 2018. A este respecto, lo recomendable habría sido que esos cambios en sus perfiles hubieran sido para aumentar el nivel de riesgo de su cartera ante la posibilidad de comprar activos de riesgo a mejores precios pero sucedió justo lo contrario. Sólo el 37% optó por inversiones de mayor riesgo y el resto  prefirió opciones de menor riesgo (40%) o incluso efectivo (23%). Y todo ello a pesar de que el 45% de los españoles reconoce que el mayor peligro para sus inversiones es no asumir el riesgo suficiente como para alcanzar objetivos.

Pese a ese cortoplacismo y esa impaciencia a la hora de invertir, los españoles siguen siendo de los inversores que se muestran más optimistas a la hora de realizar la estimación de rentabilidad que esperan conseguir con sus inversiones.  En cuanto menos sorprendente que en un contexto de tipos al 0% y desaceleración económica esperen conseguir una rentabilidad anual los próximos cinco años del 9,2%, dos décimas más de lo que se espera de media en Europa aunque inferior al 10,7% que se espera a nivel mundial.

“El estudio muestra que los inversores españoles tienen unas expectativas de rentabilidad excesivamente optimistas y que es poco probable que alcancen sus objetivos de inversión. A pesar de que el 39% de los inversores españoles se definen como expertos o con un conocimiento avanzado de la inversión, hay que hacer una gran labor de concienciación. En primer lugar, debemos trabajar sobre los horizontes de inversión, que deben ser mucho más largos, así como sobre su tendencia a tomar decisiones en momentos de incertidumbre que puedan alejarlos más de sus objetivos de inversión.”, apunta Carla Bergareche, directora general de Schroders para España y Portugal.

 

 

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