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Quien supera una crisis se supera a sí mismo


TRIBUNA de Eduardo Ripollés, director de negocio institucional Mapfre AM.

Parece que poco a poco, y de manera escalonada, vamos volviendo a cierto estado de normalidad, pero sin saber cómo será el futuro cercano y las actividades que podremos realizar. Partimos de la base de que, tras tantas semanas en estado de confinamiento, todo proceso de vuelta a un escenario similar al que vivíamos a principios de año va a suponer un hilo de esperanza. Las rutinas son parte del día a día del ser humano y producen un estado de confort que nos transmite una cierta seguridad. Volvemos a tener, por tanto, una sensación de control de sobre nuestro día a día. Pero esta vuelta no va estar para nada libre de cambios. Van a surgir nuevas necesidades, nuevas formas de hacer las cosas, de presentarlas y, sobre todo, de convencer.

El mercado institucional de fondos de inversión no va a ser una excepción, muy al contrario, va a ser un claro ejemplo de cambios y nuevas formas de afrontar un mercado cambiante y con nuevas demandas, al cual todos los miembros de la industria nos tenemos que acoplar.

Como decía Albert Einstein “sin crisis no hay desafíos, y sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos”. Pues bien, detrás de estas sabias palabras se esconde una realidad en la cual ya estamos inmersos. No valen soluciones pasadas, ni planteamientos tradicionales, ahora toca innovar. El cliente, tanto privado como institucional, va a exigir ya no solo rentabilidad, sino también seguridad en los activos en los que invierte.

Volviendo a las palabras de Einstein ha llegado el momento de los desafíos, de innovar y de esta forma generemos de nuevo ilusión a la hora de invertir. Ante un entorno de tipos de interés bajos, con una gran incertidumbre económica para los próximos años, donde hablamos de recuperación en “v”, “w”, “u”, o la nueva letra “Nike”, lo que queda claro es que la gestión activa va a jugar un papel fundamental.

Los valores caros, cada vez más caros, y los baratos, cada vez más baratos, pueden llevarnos a conclusiones antagónicas. La primera es que estamos ante una nueva economía, donde las empresas tradicionales languidecen por su falta de capacidad de innovación o de adaptación a un entorno cambiante. O, por el contrario, una segunda donde la ingente cantidad de dinero invertido en los productos de gestión pasiva o ETF ha dejado de lado empresas que siguen siendo rentables, bien gestionadas y con sólidas proyecciones a futuro que, al pesar cada vez menos en los índices, se han ido olvidando y quedándose en el furgón de cola de inversión de este tipo de instrumentos.

El tiempo y el mercado nos dirán cuál de estas dos variables finalmente ponderará más o como diría aquel “o no”, pero como gestores no nos podemos quedar de brazos cruzados esperando y debemos saber elegir, tanto de manera táctica como estratégica, los valores más representativos de ambas situaciones. Valores de crecimiento que seguirán creciendo y valores olvidados que serán candidatos a una recuperación de sus valoraciones. De ahí que la gestión activa es la forma de poner en manos de profesionales la selección adecuada de las carteras que batan de manera holgada al mercado y generen valor al inversor. Este razonamiento es válido para los mercados Renta Fija, de Renta Variable y, por supuesto, es aplicable a los fondos Mixtos y Perfilados.

Las comisiones de los fondos, ya desde tiempo atrás, marcarán el camino que decida seguir el inversor. El que quiera “subirse” al mercado, lo hará con la gestión pasiva y exigirá unos costes reducidos. Por el contrario, el que busque “alpha”  lo hará de la mano de los gestores activos y las comisiones de gestión se ajustarán al éxito de sus estrategias. Ahí el mercado será soberano y expulsará del mismo las alternativas que fracasen en su intento, mientras que no se discutirán las estructuras de comisiones si los retornos son los deseados. Es cierto que dichas comisiones tenderán a reducirse entrando en juego las comisiones de éxito que sirvan como recompensa a una buena gestión y un cumplimiento de los objetivos.  Aquí no aplica el dicho de “lo barato sale caro”, pero si podemos afirmar que “lo barato no aporta valor”. ¿Pero qué es el valor? No todos lo entendemos de la misma manera, ya puede ser tangible, intangible, implícito, explícito.

Sin duda ha llegado el momento de otra rentabilidad esperada, ya no será simplemente la económica o si me permiten la financiera fiscal, ahora entran en juego la rentabilidad social y la medioambiental o el buen gobierno corporativo como un todo. Conceptos tales como “Best-prospects”, “Best-effort” o “best-in-class”, entre otros, solo son analizables a través de una cuidadosa selección de los valores, conduciéndonos en una segunda derivada a la mediación del impacto que genera en la sociedad. La gestión pasiva desgraciadamente se queda en aspectos cuantitativos sin entrar en juego los mencionados anteriormente.

Los grandes inversores institucionales, las bancas privadas o los asesores patrimoniales independientes nos están esperando, y serán exigentes a la hora de pedirnos soluciones. El negocio institucional va a tener que adaptarse a todos estos cambios, formándonos y sabiendo escuchar lo que el mercado nos está pidiendo, El juego ha vuelto a empezar pero las reglas son distintas, las metas han cambiado y corremos el riesgo de quedarnos fuera de la partida si no transmitimos un mensaje claro, consistente y duradero en el tiempo.

Seamos creativos, innovadores, creíbles y sobre todo sepamos escuchar lo que el mercado nos pide para que siga confiando en nosotros. Todo un reto nada baladí para superarnos a nosotros mismos.

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