Quién es Scope Ratings y por qué quiere ser una alternativa a Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch


“Hace décadas, la industria aeronáutica estaba dominada por Boeing. Los europeos unieron sus fuerzas para crear Airbus, y hoy es su principal competencia. Aunque sea un negocio muy distinto, se trata de mostrar la misma visión estratégica y compromiso a largo plazo para batir a la visión única de EE.UU.”. Scope Ratings es un proyecto que nació en Alemania en 2002 de la mano de la familia de empresarios industriales Schoeller. La compañía ha dedicado los últimos años a un ambicioso proyecto, convertirse en la agencia de calificación crediticia de referencia en Europa y en una alternativa firme a Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch. 

El autor de la analogía es Torsten Hinrichs, consejero delegado de Scope. Hinrichs ha hecho escala en Madrid – donde la firma ha abierto recientemente una oficina- antes de viajar a Bruselas para reunirse con varios altos cargos europeos. “Somos la única iniciativa en Europa de las 27 registradas en ESMA con un proyecto sólido y viabilidad. Las otras agencias están enfocadas en países y/o clases de activos concretos, mientras que nosotros somos los únicos que hemos sido internacionales. Cubrimos toda Europa y todos los ratings posibles, salvo los soberanos y los seguros”, defiende. 

La creación de una agencia de ratings puramente europea ha sido una demanda que ha surgido durante la crisis financiera como protesta ante las prácticas de las agencias americanas. Hinrichs es plenamente consciente de esa necesidad: “En los últimos años ha habido debate sobre si las agencias estadounidenses tenían una visión distinta sobre las compañías europeas. Lo cierto es que muchas compañías piden una perspectiva distinta para realizar el análisis de crédito”.

¿En qué se diferencia Scope Ratings de otras agencias?

Hinrichs delimita cuatro grandes diferencias entre la metodología y cultura del trabajo de Scope y sus competidores americanos. La primera tiene que ver con los análisis: “Introducimos más opiniones en los informes, nuestros analistas son libres para expresar su visión de una forma muy flexible frente al mecanicismo de las grandes agencias”. Se refiere a que “los inversores se han quejado de que el contenido o usabilidad de la información se ha deteriorado porque el proceso siempre es el mismo”. Aquí interviene una de las premisas de Scope: “Escuchamos y reaccionamos a lo que quiere el mercado y lo implementamos”. 

La segunda gran diferencia tiene que ver con el horizonte temporal: “También es una respuesta a las peticiones de los emisores, quieren una opinión de la agencia sobre la evolución futura. Las grandes agencias se limitan a mirar al pasado, nosotros realizamos pronósticos de 18 a 24 meses vista. Mezclamos la metodología aplicada al análisis de la renta fija y la renta variable, todos nuestros analistas tienen experiencia en esos campos”.  Scope publica tanto el análisis como las previsiones, y de hecho parte del cálculo del rating tiene en cuenta el escenario futuro. Los informes se publican con carácter cuatrimestral, frente a los de otras agencias, que son anuales. 

La tercera diferencia es de enfoque: “Respetamos las diferencias regionales y por países. El mundo no es blanco o negro, es colorido, diverso. Otras agencias interpretan el mundo desde una perspectiva anglosajona y no es una interpretación correcta porque no respetan las diferencias”, comenta Hinrichs. Añade que “las grandes agencias piensan que los ratings son comparables porque su metodología es global, pero lo que tiene que ser comparable son los resultados, porque hay que tener en cuenta el entorno competitivo en el que se encuentran las compañías”. Una de las decisiones de Scope en este contexto ha sido prohibir que las compañías no puedan tener un rating superior al soberano. Por ejemplo, para ellos Banco Santander tiene una calificación mejor que el Reino de España. “Las grandes agencias están atrapadas en su metodología. Sus decisiones de recortar ratings en cascada afecta a su reputación, pero tienen que aplicar su metodología, lo que plantea la pregunta si ésta es correcta”, reflexiona. 

La última gran diferencia tiene que ver con la forma en que las agencias se comunican con los inversores. “La manera estándar de comunicarse de las grandes es predicar, comunican su visión del mundo pero sin posibilidad de interacción”, explica, y añade: “Las agencias estadounidenses ignoran por completo la presencia de nuevas ideas que pueden ayudar a cambiar el análisis”. En cambio, Scope está dedicando recursos a la creación de una comunidad de expertos (inversores, gestores, académicos…) que les ayuden a ajustar la visión sobre el mercado e incorporar ideas al análisis. Este esfuerzo viene acompañado de la implementación de medios digitales y la creación de webs y aplicaciones para facilitar la comunicación y el intercambio de ideas. Hinrichs realiza otra analogía para entender mejor el método de trabajo: las enciclopedias clásicas frente a Wikipedia. 

Obstáculos al nacimiento de una agencia europea

El proceso de construcción de una agencia europea de referencia no ha ido en línea recta. Lo admite el dirigente: “Todavía estamos construyendo la franquicia. Recientemente hemos abierto oficina en París y Madrid , tenemos nuestra sede en Berlín y ahora vamos a abrir la oficina de Fráncfort. El siguiente paso es Italia, donde prevemos instalarnos para finales de año”. La agencia ha emprendido una ambiciosa campaña de contrataciones, especialmente para su área de ratings corporativos. “Para ser verdaderamente internacional, también se ha de tener gente que haya hecho esta clase de trabajo antes, estar al mismo nivel analíticamente. Por eso tenemos una política de contratación activa de gente que ha trabajado previamente en las otras agencias. Yo mismo trabajé en S&P durante años” explica Hinrichs, que fue el director de Standard & Poor’s en Alemania hasta su fichaje por Scope el año pasado. 

Otro asunto clave ha sido la divulgación: “Queremos que la gente sea consciente de quiénes somos y qué hacemos. Scope ha sido una historia de éxito en Escandinavia y Reino Unido y en menor medida en Francia, pero en España e Italia la gente no nos conoce. Tenemos la necesidad de diferenciarnos de las otras grandes compañías de rating, así como de las agencias más pequeñas”. Precisamente la falta de conocimiento ha sido uno de los principales obstáculos que ha tenido que sortear Scope para cumplir su misión: “No son sólo los emisores, los inversores no nos conocen. Necesitamos introducir una metodología, que conozcan nuestras capacidades. Si no les importa lo que escribimos, no nos tendrán en cuenta”. “Es un proceso que lleva tiempo, pero hemos llegado razonablemente lejos”, reflexiona el consejero delegado al respecto. El segundo problema ha sido “la percepción del mercado de que tienes que ir con al menos una de las tres agencias grandes, algunas empresas hasta incluyen la metodología de estas agencias en sus sistemas tecnológicos”. 

Otro problema ha venido de la mano de la autoridad monetaria: “El BCE ha establecido reglas para que las compañías tengan hasta cuatro ratings (de S&P 500, Moody’s, Fitch y la canadiense DBRS). Para que se incluya a las nuevas, se les exige tener al menos cinco años de track record y cubrir una parte significativa del mercado, lo que plantea un problema como el del huevo o la gallina”. 

Para paliar esta situación, la firma está teniendo conversaciones con políticos de toda Europa, con miembros de la UE y con el BCE. “No recibimos el apoyo directo de los gobiernos, pero está claro que existe voluntad política de crear una agencia que compita con las estadounidenses. El compromiso se queda ahí y para nosotros está bien, porque queremos ser independientes”, aclara el consejero delegado. Actualmente Florian Schoeller posee un 18% de la compañía; el resto pertenece a inversores particulares con patrimonios elevados. Al igual que sus competidoras, Scope sólo asigna ratings a las empresas que lo solicitan previamente, aunque es cierto que cuando empezó el proyecto la firma analizó y calificó a 25 bancos europeos como carta de presentación de su trabajo. 

¿En qué se resume, pues, el proyecto que plantea Scope? “Queremos crear una agencia de rating más moderna y receptiva al mercado. Queremos prestar atención a lo que se ha pedido que se cambie y dar una respuesta a las críticas constructivas. Se ha producido un ajuste significativo en la forma en que los mercados interactúan con la industria que obliga a un mayor diálogo. Es un cambio en la visión y los inversores ahora no tienen grandes elecciones”, declara Hinrichs. Se despide con una declaración de intenciones: “Los precios también están en competición, en los últimos años las grandes agencias han incrementado entre un 20% y un 40% sus tarifas, parecen precios de oligopolio y esto tiene que cambiar. El proyecto de Scope Ratings trata de romper el oligopolio y añadir elecciones y perspectivas europeas”. 

 

 

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