Qué suponen los QE para una cartera modelo con un 60% de renta variable y un 40% de renta fija


Los acontecimientos económicos históricos no han parado de sucederse desde que quebró Lehman Brothers en aquel infausto mes de septiembre de 2008. Sin ir más lejos, este año deja una nueva marca para el recuerdo: nunca en la historia de los mercados financieros las cuatro divisas de las grandes potencias desarrolladas (dólar, euro, libra y yen) han ofrecido al mismo tiempo una tasa libre de riesgo tan cerca de cero, mientras que nunca había obtenido el inversor una compensación más baja por invertir en los activos más seguros (renta fija core). Son observaciones de Jeff Geller y Phil Camporeale, respectivamente co director de inversiones y gestor especializado en soluciones multiactivos de J.P.Morgan AM.

Los dos expertos califican la batería de estímulos cuantitativos impulsadas por los bancos centrales de EE.UU., Reino Unido, Europa y Japón “más como un esteroide que como una medicina”, al observar que han contribuido a inflar las valoraciones de la renta variable cerca de un 200% (evolución del S&P 500 entre el 9 de marzo de 2009 y finales de 2015) pero constatar al mismo tiempo que “han sido menos potentes al impulsar el crecimiento subyacente o incrementar la inflación subyacente para cumplir con los objetivos de los bancos centrales”.

Dados estos efectos, los expertos se preguntan cómo han podido afectar estas políticas heterodoxas a una cartera de inversión tradicional, de las que todavía se guían por el viejo modelo 60/40 (60% de renta variable y 40% de renta fija). “Nuestras estimaciones de 10 a 15 años (las previsiones de largo plazo que publica J.P.Morgan AM anualmente) sugieren retornos con una beta media inferiores en relación con el pasado”, afirman a priori. También aportan un antídoto: “Creemos que, en tal entorno, la generación activa de alfa – a través de una selección cuidadosa de los gestores, una asignación dinámica de activos y una implementación prudente- es más importante que nunca”.

La previsión a largo plazo de J.P.Morgan AM (de retornos anualizados de 10 a 15 años vista) para una cartera compuesta por un 60% de renta variable estadounidense y un 40% de renta fija ha caído hasta una estimación de retornos del 6,4% anualizado, frente por ejemplo al retorno del 11,9% que generó una cartera 60/40 entre marzo de 2009 y diciembre de 2015, y asimismo 100 puntos básicos por debajo de las previsiones de largo plazo que publicó la firma hace diez años. “Esto es un reflejo directo de una subida de los precios de las cotizaciones más rápida de lo esperado (aplanando la trayectoria de los retornos a largo plazo), así como de la anticipación de la continuación de un crecimiento moderado en un entorno de tipos bajos”, comenta el dúo de expertos.

Jeff Geller y Phil Camporeale creen que “este entorno de rentabilidades más bajas puede ser un mundo nuevo y más sobrio para los inversores”. No obstante, creen que hay una serie de consejos que pueden ser de utilidad para inversores con carteras 60/40 en los próximos años.

El primer consejo consiste en seleccionar gestores activos que tengan un historial de generación de alfa. “Especialmente cuando los retornos del índice están bajo presión, una evaluación cuidadosa del gestor es crucial para batir al índice, o encontrar alfa”, observan los dos expertos. Éstos indican que el requisito crucial para seleccionar a un gestor de estas características es que cuente con un largo historial en el tiempo de generación de alfa durante los distintos estadios del ciclo. “Tan sólo porque el estilo de un gestor haya gozado del favor de los inversores durante un periodo reciente de tiempo no significa que el gestor pueda generar valor en el largo plazo”, concluyen.

El segundo consejo que dan Geller y Camporeale consiste en ser flexible a la hora de asignar activos: “Los inversores pueden mantenerse de forma razonable en su perfil de riesgo al añadir una capa de asignación dinámica de activos a una asignación de activos ya existente que sea estratégica”. Es decir, que además de tener una asignación estratégica – de largo plazo-, los inversores deberían asignar una parte de la cartera a apuestas tácticas que busquen beneficiarse de las ineficiencias y dislocaciones del mercado (no sólo en renta variable y renta fija, también en activos alternativos) en el corto plazo. “Creemos que la flexibilidad en la asignación de activos puede mejorar los retornos totales y ajustados al riesgo y ayudar a manejar el riesgo bajista y la volatilidad total de la cartera”, afirman los expertos de J.P.Morgan AM. Éstos consideran que un buen ejemplo ilustrador de este consejo es el uso de instrumentos que inviertan en el segmento de mayor calidad del high yield en sustitución de la renta variable, “dado que el componente de rentabilidad puede crear un retorno total más parejo”.

El último consejo dice así: “Hacer un uso prudente del apalancamiento”. Los gestores se refieren a que “con frecuencia, no se entiende bien el uso del apalancamiento; puede ser usado para gestionar el riesgo o generar retornos”. El dúo de expertos recuerda que “el uso de ETF sobre índices como el S&P 500 o el EuroStoxx 50 puede ser una forma eficiente de añadir o quitar riesgo por beta de su cartera, basándose en visiones tácticas sobre clases de activos”. No obstante, recuerdan a los inversores que “en muchas clases de activos, es más económico usar futuros para gestionar tácticamente el riesgo y no soportar los costes de transacción derivados de comprar o vender valores o bonos individuales”. Adicionalmente, recuerdan, “los futuros sobre treasuries pueden ser usados para añadir o quitar rápidamente duración para gestiona el riesgo de tipos de interés y la exposición a renta variable”.

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