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Qué pueden esperar los inversores de China en su Año de la Rata


Desde el sábado 25 enero hasta el 11 de febrero, China celebra su Año nuevo, el Año de la Rata que da lugar, además al comienzo de un nuevo ciclo del horóscopo chino ya que ese ciclo dura 12 años y comienza precisamente con la figura de la rata.

Este cambio de ciclo llega en un momento de gran protagonismo para el dragón asiático que alterna las noticias positivas con las negativas. Dentro de las primeras, se encuentra la primera fase del acuerdo comercial que ha alcanzado con su archienemigo EE.UU por el que se suavizan los aranceles y se fijan objetivos en cuanto a la cuantía de exportaciones, entre otras variables. Un principio de acuerdo que ha traído consigo una buena acogida por parte de los inversores, aunque cada vez sean más los expertos que avisan que el hecho de que esté cogido con alfileres puede provocar que esa distensión sea más a corto plazo que a largo.

La cara B del protagonismo chino se ha visto, además de por la aparición en escena del coronavirus, con la publicación de su dato de crecimiento. El hecho de que se esperara una desaceleración no ha evitó que se produjera una reacción negativa por parte de los inversores cuando se supo que China creció en 2019 un 6,1%, la cifra más baja de los últimos 29 años.

Ambos acontecimientos, la guerra comercial y la desaceleración del gigante asiático, han sido tenido en cuenta por las gestoras a la hora de establecer las perspectivas que manejan para el mercado chino y a juzgar por sus comentarios, la gran mayoría coincide en que ninguno de ellos elimina el potencial que sigue ofreciendo China para el inversor. “Como hemos dicho varias veces, no es una cuestión de preguntarse si un inversor debe comparar China si no que en nuestra opinión se trata más de una cuestión de saber cuánto hay que invertir en China”, afirma Neil Dwne, estratega global de Allianz Global Investors. De hecho, incide en la idea de que a pesar de que se confirmen tasas de crecimiento por debajo del 6% para este año, como maneja el Banco Mundial, la cifra seguirá siendo superior a la que registren Europa, EE.UU. y Japón.

Sophie Altermatt, economista de Julius Baer, también quita importancia al dato de crecimiento que se acaba de conocer al tiempo que recuerda que las cifras económicas que se conocieron en el mes de diciembre muestran “una producción industrial, un dato de inversión y una actividad manufacturera en aumento lo que implica un último trimestre mucho mejor que el de comienzos de 2019”.

La clave ahora está en ver si esa confianza que parece que existe en torno a la economía china salpicará también positivamente a un mercado de renta variable que ya en 2019 fue uno de los más alcistas. Y ahí, la opinión mayoritaria parece ser también positiva ya que si no, no se entendería que, según la última encuesta a gestores publicada por Bofa Securities, los mercados emergentes son la región favorita, tanto que no estaban tan sobreponderados en ella desde hace ocho años

La baza de los estímulos

Al fin y al cabo, en un contexto de clara correlación entre la política monetaria laxa y los mercados, nadie obvia que China sigue siendo una de las pocas regiones que aún dispone de estímulos para revitalizar su economía, y no solo monetarios sino también fiscales. “2020 representa el último año del 13º plan quinquenal de China que, entre otros objetivos, pretende construir una sociedad moderadamente próspera. Uno de los objetivos clave del plan es duplicar el PIB del país entre 2010 y 2020. Para lograrlo, China tendrá que conseguir un aumento del PIB del orden del 6% el año que viene”, explica Lousa Lo, responsable de acciones chinas de Schroders. Y esos estímulos van desde recortes en el coeficiente de reservas obligatorias hasta recorte de tipos en una segunda fase, hasta políticas fiscales para aumentar el gasto en infraestructuras y reformas en el mercado de capitales.

Sin embargo, el gran reto de China es acometer dichas políticas sin elevar demasiado la deuda ya que como recuerda Didier Saint Georges, miembro del comité de inversiones de Carmignac, “contener el crecimiento desbocado del endeudamiento privado y garantizar la estabilidad de los flujos de capitales constituyen retos estratégicos que Xi Jinping ha decidido priorizar en detrimento de la reactivación del crecimiento”. Aunque según este experto, esa reactivación, o al menos la estabilización del crecimiento, podría llegar gracias a EE.UU o, más bien, al parón de la guerra comercial. “El acuerdo comercial con EE.UU. contribuirá de manera positiva a esta estabilización y debería apuntalar la divisa del gigante asiático. De hecho, China alberga actualmente una parte cada vez mayor de nuestras oportunidades de inversión en renta variable”, afirma Saint Georges.

En la misma línea se pronuncia Aneeka Gupta, directora asociadas de Research de WisdomTree. “Esperamos que el actual repunte del mercado de valores chino se extienda hasta el año 2020 en medio de una continua volatilidad". Eso sí, al igual que sucede en el resto de plazas, toca ser selectivo a la hora de incluir bolsa china en cartera. "En vista de los continuos riesgos globales, es poco probable que el Año de la Rata sea un éxito rotundo.
Por lo tanto, los inversores deberían analizar los fundamentales y los niveles de valoración atentamente para adoptar un enfoque selectivo y estratégico", apunta Sean Taylor, CIO de APAC en DWS.

A este respecto, Álvaro Antón, Responsable de Aberdeen Standard Investments para Iberia definde que  "las empresas chinas centradas en el ámbito doméstico están mejor aisladas de un posible deterioro de las relaciones comerciales o del crecimiento global.  Nuestra estrategia consiste en ser selectivos y en mantener empresas de calidad que tengan balances sólidos, buen gobierno y que se beneficien de tendencias estructurales como la ampliación del consumo interno.  Creemos que serán las ganadoras a largo plazo".

 

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