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¿Qué pregunta nos deberíamos hacer?


TRIBUNA de Pedro Gómez Gandía, CIIA, analista financiero y gestor de Inversiones, Diagonal Inversiones

Nunca he acabado de entender muchas de las reacciones que, de manera natural, tenemos la mayoría de inversores ante ciertos movimientos de los mercados.

Por mucho que la mayoría de analistas llevemos ya varios meses alertando de la enorme brecha que se está abriendo entre los malos datos económicos y el comportamiento de los mercados financieros, con fuertes caídas de beneficios empresariales y valoraciones muy elevadas y difíciles de justificar, no nos parece extrañar que las bolsas sigan subiendo. En cambio cuando, de repente, nos  encontramos con correcciones fuertes como las que sufrieron las bolsas de EE.UU el pasado jueves 3 de septiembre, saltan todas las alarmas y son muchos los inversores que se preguntan qué y por qué ha pasado, cuando, tal vez, lo razonable sería que nos preguntásemos cómo es posible que, ante el entorno que estamos viviendo,  los principales índices de EE.UU marquen cada día nuevos máximos históricos.

Vamos a intentar explicar en qué entorno nos estamos moviendo para valorar si la pregunta correcta ha de ser por qué el mercado tiene correcciones o si, por el contrario, nos deberíamos preguntar por qué sigue subiendo

Para empezar, hemos disfrutado de uno de los veranos más plácidos a nivel de mercados de los últimos años con subidas generalizadas en la mayoría de activos de riesgo con el S&P 500 de EE.UU en nuevos máximos históricos confirmándose el fin del mercado bajista más corto de la historia y con la mayor subida en el menor periodo de tiempo de los últimos 87 años: Cerca de un 60% en 103 días. Este movimiento no ha hecho más que agrandar, aún más, la brecha entre la realidad económica y los mercados financieros

Así, como referencia,  el PIB de los países de la OCDE marcó su segundo trimestre consecutivo de caída alcanzando una descenso sin precedentes en el 2T del 9.8% y confirmándose su primera recesión desde el año 2008 y, en EE.UU, el PIB fue revisado ligeramente al alza pero continúa mostrando una caída del 31.7% y, pese al  normal rebote que tendrán en los próximos trimestres los niveles de crecimiento globales como consecuencia del levantamiento del confinamiento, no será hasta finales de 2021 que podríamos empezar a recuperar los niveles de PIB previos al covid.

Ante esta evidente debilidad económica, los salvadores bancos centrales continúan siendo uno de los pilares que sustentan la fortaleza de los mercados gracias a las medidas que están adoptando y que, tras la histórica intervención de Jerome Powell en el simposio anual de Jackson Hole -asegurando que la Fed pondría mayor énfasis en la creación de empleo y permitiendo que la inflación supere el objetivo del 2% que podría traducirse en políticas de tipos bajos, como mínimo, hasta el año 2024,- no hace visos de cambiar.

El siguiente gráfico muestra la absoluta correlación existente entre la liquidez que están generando los bancos centrales y el comportamiento de la bolsa:

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Sabiendo que son precisamente los bancos centrales uno de los principales causantes de la inflación de de activos que se está creando, no deja de sorprender que, en diferentes declaraciones, varios miembros del BCE y de la FED hayan mostrado sus dudas sobre la solidez y consistencia de la recuperación de los mercados financieros debido a las incertidumbres que genera la recuperación económica.  El famoso refrán español A Dios rogando y con el mazo dando podría encajar perfectamente con lo que están haciendo con sus políticas y declaraciones

Ante este entorno de absoluta complacencia del mercado a la realidad económica y confianza ciega que los bancos centrales no permitirán grandes caídas, los principales índices bursátiles, en especial los de EE.UU, continúan con su clara tendencia alcista con el S&P500 y el Nasdaq en zona de máximos históricos. En este punto será importante no dejarse llevar por la euforia porque se trata de unas subidas muy matizables ya que no son fruto de una subida generalizada de valores y sectores sino que está muy concentrada en unos pocos valores.

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Por eso, parece conveniente hacer una lectura cuidadosa de estas rentabilidades puesto que siguen estando muy condicionadas al comportamiento de las cinco grandes compañías que más pesan en estos índices (Apple, Microsoft, Amazon, Facebook y Google) que aportan la mayor parte de las mismas. Como referencia, a cierre de agosto, casi el 60% de las compañías del S&P 500 continúan con rentabilidad negativa desde inicio de año y tan solo el 6% de las empresas que forman parte del índice están en máximos de 52 semanas.

Esta inflación de activos, falsa ilusión de mercados al alza y casi nula reacción a los duros datos macro y micro que se van publicando, seguro que recordará a más de uno épocas pasadas, no muy lejanas, que permitían sostener a los mercados en base a al principio de cuanto peor, mejor y que se fundamentaban en la idea simple de que cuanto peor vayan las cosas para la economía, empresas y familias, mejor para los mercados porque así los bancos centrales seguirían dando soporte…más madera como diría el gran Groucho Marx.

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Lo cierto es que es imposible saber cuánto puede durar esta situación pero, por ello, lo que, como mínimo, no deberíamos perder de vista la evolución de las próximas campañas de resultados empresariales porque pueden ser el detonante en una u otra dirección. De hecho, según datos de Refinitiv, las compañías del S&P 500 vieron como sus resultados retrocedían en el segundo trimestre más de un 30% (-52% en el caso de las compañías del Stoxx600). Pese a que es cierto que las estimaciones aún eran más catastrofistas el dato es realmente alarmante.

Y, las estimaciones para el tercer y cuarto trimestre del año aunque, como es normal, son mejores, continúan apuntando a un retroceso del -25% y el del -14% en EE.UU y del -38% y -21% en Europa y, bajo la hipótesis de que no habrá un fuerte rebrote de contagios,  todo apunta a que no será hasta finales de 2021 que se recuperarán los niveles de beneficios previos a la crisis.

He querido destacar la importancia de la evolución de los beneficios empresariales porque, como ya se ha comentado anteriormente, las valoraciones son cada vez más exigentes y difíciles de justificar y se está provocando que la correlación positiva natural entre los beneficios empresariales y la evolución de los índices bursátiles esté rompiéndose y divergiendo hasta niveles extremos:

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Lo que pasó el jueves puede ser solo un primer aviso de la elevada sobrecompra de algunos valores que, además, vino precedido de algunas advertencias como las que nos indicaban algunos índices de sentimiento que se encontraban en clara zona de euforia o  el extraño repunte del índice de volatilidad VIX (el famoso índice del miedo), con el mercado subiendo, días antes de la corrección.

Es probable que el mercado continúe ignorando la realidad económica y siga la fiesta, pero nos debería servir de ayuda para, sin olvidar que la tendencia sigue siendo claramente alcista, recordar la importancia de conocer los niveles técnicos de soporte de los índices y mirar con más escepticismo la continuación de las subidas, al menos hasta que empecemos a ver una mejora sostenible de la economía y que, en caso de producirse, debería venir acompañada de una rotación sectorial hacia compañías más ligadas a la economía real. Si esta mejora no llega y los mercados siguen subiendo seguramente querrá decir que la fiesta sigue pero se ha trasladado al after y, habitualmente, a esas horas de la noche, en ese tipo de locales y con según qué compañías nada bueno puede pasar. Así que, por favor, a partir de ahora, si los mercados siguen subiendo (cosa en absoluto descartable), preguntémonos por qué sube y no nos extrañemos cada vez que se produzca una corrección porque explicaciones para posibles caídas, como las meigas, haberlas haylas.

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