¿Qué lugar deberían ocupar los accionistas en la jerarquía?


Hasta hace poco tiempo, Volkswagen (VW) era una empresa respetada. En septiembre esto cambió radicalmente cuando fue declarada culpable de manipular los datos de las pruebas de emisiones. ¿Cómo pudo una empresa de tanta reputación equivocarse tanto?

Cabe destacar que en la estructura de titularidad de VW las familias fundadoras y el estado alemán de Baja Sajonia tienen grandes participaciones en la empresa. El Consejo de VW solía afirmar con orgullo a los inversores minoritarios que esto aislaba a la empresa de los efectos negativos de los mercados financieros. A diferencia de otras sociedades anónimas, afirmaban, VW podía planificar y crear a largo plazo, sin centrarse simplemente en la rentabilidad y los resultados a corto plazo. El escándalo sin duda socava ese argumento. La rendición de cuentas corporativa exigida por los accionistas puede en efecto favorecer que las empresas y sus directivos actúen de una forma sostenible y a largo plazo que genere valor para los accionistas y otras partes interesadas. Pero los accionistas tienen que cumplir sus obligaciones como administradores responsables.

Recientemente se ha debatido si se puede decir que los accionistas realmente «poseen» una empresa. El economista John Kay cita 11 criterios que definen la propiedad. Comparando el principio de poseer un objeto (un paraguas) con el concepto de un inversor en renta variable que posee una participación en una empresa, Kay sugiere que este último solamente satisface dos de sus 11 criterios que definen la propiedad. Sin embargo, defender que un accionista únicamente posee su certificado de acciones es un error. Es como sugerir que el propietario absoluto de un inmueble que ha firmado un contrato de arrendamiento a largo plazo de ese edificio ya no lo posee o que solamente posee sus escrituras. Al igual que en el caso del accionista, el propietario no tiene derecho en circunstancias normales a acceder al inmueble y hacer uso de éste —ese derecho se ha otorgado a otras personas de forma temporal—. 

Dicho esto, el propietario tiene derecho a los ingresos del inmueble acordados y posee el interés residual del inmueble. Por otra parte, por lo general, el propietario tiene derecho a exigir un buen mantenimiento del inmueble, que esté asegurado, y a recibir información suficiente que le garantice que esto es así. En circunstancias extremas, por lo general, el propietario tiene derecho a reafirmar el control de la propiedad para que su valor residual no se vea afectado.

Algo muy parecido a lo que sucede con los derechos de propiedad de los accionistas. Hemos concedido el control temporal de la gestión y supervisión de los activos de una empresa. Debemos dar libertad al equipo directivo para que saque el máximo partido a estos activos en circunstancias normales. La presentación de información y los ingresos regulares son suficientes para que confiemos en que están haciendo todo lo posible para mantener y aumentar el valor de los activos.

Les recordamos que eso es lo que esperamos. En raras ocasiones, intervenimos porque es la mejor manera de mantener el valor de los activos. Nuestros clientes tienen derecho a no esperar menos de nosotros. Los dejamos en manos de un equipo directivo competente hasta el punto en que, como propietarios, hayamos dejado de confiar en ellos.

Nada de esto quiere decir que las empresas solo deben pensar en los intereses de sus accionistas. Las empresas solamente prosperan a largo plazo si ofrecen valor a todas sus partes interesadas.

Esta es la idea que sienta la base de la Ley de Sociedades (Companies Act) de 2006. Los consejeros deben promover el éxito de la empresa por el bien de sus miembros (accionistas), pero también deben «tener en cuenta» a otras partes interesadas —empleados, clientes, proveedores, comunidades locales y el entorno en su conjunto—. La Ley promueve un cambio de visión de la empresa como una entidad que maximiza el valor para los accionistas a una que actúa por el bien de todas las partes interesadas. En este sentido, apunta al modelo de gobierno corporativo basado en las partes interesadas, que se atribuye más habitualmente a las empresas europeas y japonesas.

Por último, no existe un único sistema perfecto de gobierno corporativo. El sistema de cada país y de cada empresa es una función de su historia, sus leyes, sus costumbres y su entorno social.

Sin embargo, hay algunos factores incuestionables. Las empresas con un buen gobierno corporativo crean un entorno que favorece una toma de decisiones responsable, transparente e inclusiva.

Los accionistas desempeñan un papel fundamental para garantizar que las empresas actúen de forma justa y responsable en beneficio de todas las partes interesadas. Como accionistas, como buenos propietarios, no pueden renunciar a su responsabilidad de exigir al equipo directivo que se haga responsable de lograr el éxito de la empresa a largo plazo.

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