¿Qué le pedimos a un banquero?


Esta semana pasada hemos tenido la oportunidad de tener una interesante conversación con los CEO de dos entidades de nuestro mercado. Hablando con ellos de cómo ven la situación del sector, les preguntamos “¿Qué es lo que le pides a un banquero?”. La verdad es que ambas respuestas nos parecieron para enmarcarlas.  

“Entusiasmo”, nos decía uno de ellos. Todo lo demás viene de la mano. La preocupación por formarse y tener una profunda comprensión de los productos y servicios que se está ofreciendo, el interés por entender las necesidades de cada cliente, y las diferencias con otros, fundamentales para proporcionar un servicio realmente de Banca Privada, la integridad moral para no poner nunca los propios intereses o los de la entidad por encima de los del cliente. El recordar en todo momento por qué se dedica uno a esto, y estar orgulloso de pertenecer a esta profesión, no siempre comprendida por todo el mundo.

El registro del segundo era diferente, ”Busco principalmente dos cosas”, nos decía, “exquisito respeto por el cliente, y confianza en la entidad a la que pertenece”. Mantener esa voluntad de servicio, sabiendo que nuestra mera existencia como banqueros depende de esa confianza que el cliente tiene en nosotros, y por la que está poniendo en nuestra manos lo más grande que tiene, su bienestar futuro y el de sus seres queridos. Todo ello, alineado con estar convencido de que nuestra entidad está preparada para dar ese servicio, que nuestras recomendaciones están fundadas, y que, aunque no somos magos ni conocemos el futuro, hacemos lo posible por darle al cliente todo lo que podamos, en base a sus necesidades y características particulares.

No es mala fórmula, una buena dosis de entusiasmo, aderezada con mucho respeto y un buen chorrito de confianza en nuestras capacidades. Sin duda, una buena base sobre la que construir un banquero de éxito.

Aunque pensándolo bien, no sólo un banquero, sino casi cualquier profesional de estos mercados nuestros, que tanto nos hacen reír y llorar, y que a lo mejor por eso nos enganchan.

Por último, y hablando de cosas que nos encantan, como cada día decía el mítico sargento Esterhaus en Canción Triste de Hill Street, “Let’s be careful out there”

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