¿Qué estrategia de inversión seguir en 2014?


En la mayoría de los países industrializados, el crecimiento será inferior al que se ha venido registrando en las últimas décadas. El elevado nivel de endeudamiento en los sectores privado y público y las tendencias demográficas constituyen frenos estruc turales para la actividad económica. Desde una perspectiva más académica, para mejorar el potencial de crecimiento, conviene aumentar el número de personas que trabajan y/o aumentar la productividad de quienes trabajan.

El primer factor, el crecimiento de la población activa, está vinculado a las tendencias demográficas, a las transformaciones sociales (tasa de participación de la mujer, etc.) y a las reformas estructurales (desregulación de algunos sectores, actitudes frente al Estado de bienestar). El segundo factor, el aumento de la productividad, guarda relación principalmente con elementos como la calidad del sistema educativo y de la infraestructura, la defensa del Estado de derecho y la innovación. Actualmente resulta difícil mostrar un gran optimismo en relación con estos dos factores.

La experiencia de los últimos años demuestra que las políticas de tipos cero y de expansión monetaria cuantitativa (QE) no mejoran la situación económica. Esto es lógico: en una economía de mercado, los precios arrojan importantes señales para equilibrar la oferta y la demanda. El tipo de interés es el precio del dinero. Al manipular ese precio y al mantenerlo a un nivel artificialmente bajo, las autoridades crean numerosos desequilibrios, burbujas especulativas y una inadecuada asignación de los recursos. Además, en lugar de estimular el consumo, el bajo nivel de los tipos de interés lo penaliza, puesto que una escasa remuneración del ahorro obliga a ahorrar más. Por lo que respecta a las empresas, estas son conscientes de que los fundamentos de la economía no son sólidos y, por ello, se muestran reticentes a invertir.

Políticas monetarias peligrosas

Los elementos que provocaron el retroceso de la inflación se están desvaneciendo. Los bancos centrales de los países industrializados parecen haber abandonado especialmente su objetivo de estabilidad de los precios, y la mayoría de ellos ven abiertamente con buenos ojos unas tasas de inflación más elevadas. Asimismo, utilizan cada vez más su política monetaria con fines como estimular el crecimiento o reducir la tasa de desempleo, para los cuales dichas políticas no están adaptadas. Por último, han sucumbido a la dictadura de los mercados financieros, y a menudo parece que sus decisiones tienen más en cuenta los intereses de estos últimos que los de la economía real.

Los rendimientos a largo plazo que cabe esperar de las inversiones financieras son muy limitados. Por lo que respecta a las inversiones en renta fija, dicha circunstancia es una consecuencia directa del bajo nivel de los tipos de interés, y en el caso de las inversiones en renta variable, de los niveles de valoración elevados. La historia bursátil muestra que el rendimiento (anualizado) a 5-10 años obtenido por un inversor en el pasado al comprar el mercado estadounidense a un nivel de valoración similar al actual habría sido próximo a cero. El nivel de valoración del mercado europeo es menos elevado, pero eso se debe, en parte, a la composición del índice.

Así pues, un inversor se encuentra en una situación delicada (suponiendo que comparta nuestro análisis del marco estructural):

1) Los fundamentales económicos siguen siendo precarios y las políticas monetarias que se aplican actualmente los hacen aún más frágiles a largo plazo;

2) La subida de los mercados bursátiles de los 18 últimos meses no está justificada por la evolución de los beneficios de las empresas; 

3) La valoración de la mayoría de los mercados de renta variable no resulta atractiva y deja entrever rendimientos decepcionantes a largo plazo; 
PERO: 

4) No invertir en renta variable en 2014 significa aceptar un rendimiento bajo, incluso negativo tras tener en cuenta la inflación (en caso de limitarse a las inversiones financieras tradicionales).

La manipulación de los tipos de interés de los bancos centrales aboga por una estrategia de inversión un poco perversa, que consiste en invertir en acciones a corto plazo, pero no necesariamente a largo plazo, mientras que lo propio de una inversión en renta variable debería ser apostar por una óptica a largo plazo (opinión completa).

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