¿Qué está provocando la zozobra en los mercados?


Las bolsas mundiales registraron la semana pasada un importante descalabro. El S&P 500 cayó un 4,1%, el MSCI Europe perdió un 4,6% y el FTSE All-share un 4,4%. El índice de volatilidad VIX alcanzó su punto máximo desde febrero ¿Qué factores estarían llevando el nerviosismo a los mercados? BlackRock y J.P.Morgan AM ya han sacado sus conclusiones.

Según Richard Turnill, director mundial de Estrategia de Inversión en BlackRock, el endurecimiento de las condiciones financieras y las serias preocupaciones sobre las repercusiones del recrudecimiento de las tensiones comerciales entre China y EE.UU. están amedrentando a los inversores y han contribuido a desencadenar la caída de los mercados bursátiles. “La renta variable cayó lastrada por los valores de crecimiento y de momentum”, recuerda el experto. En J.P.Morgan AM, en cambio, son reacios a sacar demasiadas conclusiones sobre el brote de volatilidad por dos razones.

“Primero, esta clase de movimiento de la bolsa no es atípico. Desde 1980, periodo en que el S&P 500 obtuvo una rentabilidad anual positiva, hemos asistido a una corrección máxima media del 11%. El año 2017, con su nula volatilidad, de hecho fue una excepción y quizás ha deformado nuestra idea sobre el funcionamiento normal de los mercados. En segundo término, aun después de un considerable asombro a posteriori, obviamente no vino motivado por noticias económicas ni geopolíticas”, afirma Karen Ward, estratega de mercados jefe de la gestora.

A su juicio, aunque los temores a una guerra comercial siguen coleando, en la semana pasada no se apreció claramente un ímpetu de mayor temor. “Los inversores buscan pistas que les indiquen si los aranceles harán mella o no en los beneficios cuando las empresas del S&P informen de ellos en las próximas semanas, aunque no hubo demasiadas noticias políticas al respecto. Si acaso, los informes publicados indicaron que EE.UU. no calificará a China como manipulador de la divisa, a pesar de haberse depreciado el renminbi un 6% frente al dólar este año”. La experta define los bruscos movimientos observados la semana pasada como más ruido que señales.

“Estos tipos de baches en el camino serán más frecuentes porque nos encontramos en las etapas avanzadas del ciclo económico y bursátil; por eso, convendría que los inversores pensaran cómo pueden mejorar la resistencia de sus carteras. Seguimos creyendo que el responsable más probable del próximo ciclo bursátil bajista será la Fed, y aunque dicha autoridad ya no pise el acelerador con tanta firmeza, todavía ejerce una influencia nada desdeñable. Por consiguiente, tendría sentido que los inversores ajustasen igualmente el enfoque que adoptan en sus carteras. Acelerar a todo gas ya no es tan buena idea, pero tampoco lo es una parada de emergencia”, afirma.

Aunque es innegable que la tir estadounidense a 10 años alcanzó el 3,25% en los días inmediatamente anteriores a la caída de las bolsas mundiales, para Ward esto fue solo una señal de bonanza económica, porque, de hecho, lo que aumentó fue el tipo real. “Si hubiera sido un susto asociado a la inflación o una revisión drástica de la previsión de política monetaria de la Fed, podríamos haber sintonizado algo más con la idea de que Powell iba a verse obligado a plantearse el fin del ciclo económico antes de lo esperado. Pero el hecho de que sean los tipos reales los que suban sugiere que los inversores de renta fija no están tan preocupados por las perspectivas a largo plazo del crecimiento de Estados Unidos. Esto apenas justifica que los inversores de renta variable se apresuren a buscar protección”.

Para Turnill, la subida de los tipos de interés constituye uno de los principales catalizadores del endurecimiento de las condiciones financieras este año. “Las expectativas del mercado sobre futuras subidas de tipos por parte de la Fed se han ajustado al alza y se encuentran ahora en consonancia con nuestra previsión de aproximadamente tres subidas de tipos durante los próximos doce meses. Consecuencias: el aumento de los rendimientos de los bonos a corto plazo se traduce en una mayor competencia por el capital. Esto está contribuyendo a la caída de los precios de los títulos de renta variable —reflejada en un aumento de los rendimientos financieros— y al aumento de los rendimientos de los bonos”.

El director mundial de Estrategia de Inversión de BlackRock coincide con Ward en que el reciente movimiento al alza de los rendimientos de los bonos se ha visto impulsado por la subida de los tipos reales, no por las previsiones de inflación. “El aumento de la prima a plazo, la rentabilidad adicional que los inversores exigen por mantener deuda a más largo plazo, ha contribuido a ello. Los inversores han reconfigurado sus requisitos de rentabilidad en las diferentes clases de activos, habida cuenta de la mayor incertidumbre y de la subida de los rendimientos a corto plazo. Este ajuste de los precios se ha acentuado desde principios de octubre”, concluye.

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